Argentina / 6 marzo 2026

temperature icon 22°C
Edit Template

Salud mental en riesgo: qué se pierde cuando la vida se vuelve dato

Marcelo Clingo, presidente de la Federación de Psicólogas y Psicólogos de la República Argentina (FEPRA), reflexiona sobre qué ocurre cuando la vida social comienza a organizarse a partir de algoritmos, datos y plataformas, y el sufrimiento psíquico corre el riesgo de ser gestionado como una variable técnica. Propone pensar los efectos de estas transformaciones y advierte sobre la importancia de sostener un enfoque de derechos frente a nuevas formas de control, precarización y segregación.

Compartir:

Compartir:

Que-el-gobierno-nacional-deje-de-atacar-la-Ley-de-Salud-Mental

Durante años hablamos del neoliberalismo como si fuera el horizonte definitivo de nuestro tiempo: competencia, rendimiento, autoexigencia. El sujeto debía poder, debía rendir, debía reinventarse sin descanso. La clínica recibió los restos de ese mandato: agotamiento, depresión y una sensación persistente de fracaso.

Pero algo está cambiando. Y no necesariamente para mejor.

Hoy asistimos a una mutación más profunda y silenciosa: el pasaje hacia lo que algunos autores llaman tecnofeudalismo. Ya no se trata solo de exigencia y rendimiento, sino de captura: del tiempo, de la atención, del deseo y, finalmente, de la subjetividad.

En este nuevo régimen el sujeto deja de ser “empresario de sí” para convertirse en usuario, perfil, dato. Ya no se le exige tanto que rinda, sino que esté disponible: que responda, que circule, que consuma. El algoritmo no prohíbe ni ordena; anticipa, clasifica y administra conductas.

Esta transformación tiene efectos clínicos concretos. En consultorios, hospitales y dispositivos comunitarios aparece un malestar distinto. No solo culpa o autoexigencia, sino desorientación, dificultad para poner en palabras lo que duele, empobrecimiento del relato y angustias difusas. Cada vez con más frecuencia aparecen consumos que no buscan placer sino anestesia, y grandes dificultades para sostener proyectos, incluso mínimos.

Frente a este escenario conviene decirlo con claridad: no todo sufrimiento psíquico es un trastorno ni todo malestar se resuelve con protocolos, métricas o soluciones tecnológicas.

En este punto, la Ley Nacional de Salud Mental 26.657 sigue siendo profundamente actual. Su premisa es simple pero decisiva: la salud mental es un proceso atravesado por dimensiones históricas, sociales, culturales, económicas y subjetivas. No reduce el padecimiento a un déficit individual ni separa el sufrimiento de las condiciones en las que se produce. Reconoce al sujeto como sujeto de derecho, no como objeto de gestión.

Esa perspectiva entra en tensión directa con la lógica tecnofeudal, que tiende a convertir la vida psíquica en información procesable. Allí donde el algoritmo clasifica, la clínica escucha. Allí donde la plataforma acelera, la clínica introduce tiempo. Allí donde el sistema exige respuestas inmediatas, la clínica sostiene la espera.

No se trata de negar los aportes de la tecnología, sino de marcar un límite. Hay algo en la experiencia humana que no puede ser anticipado ni optimizado sin pérdida: el deseo. Cuando el deseo queda completamente administrado, el malestar no desaparece; se vuelve más silencioso, más aislado y más difícil de nombrar.

En este contexto deben leerse tres reformas impulsadas por el gobierno nacional. Dos de ellas —la reforma laboral y la baja de la edad de inimputabilidad— ya fueron aprobadas. La tercera, la modificación de la Ley Nacional de Salud Mental, continúa en debate. Lejos de ser medidas aisladas o meramente técnicas, estas reformas expresan una misma orientación política: debilitar los mecanismos de protección colectiva, desplazar al Estado de su responsabilidad frente al sufrimiento social y reforzar respuestas punitivas allí donde deberían construirse derechos, cuidado y lazo social.

La perspectiva de la Ley 26.657 —con su énfasis en la inclusión, el trabajo en red y la sustitución de lógicas manicomiales— puede leerse también como una forma de resistencia frente a nuevas formas de segregación, ahora digitales. Defender la salud mental implica sostener espacios de palabra, de lazo social y de tiempo no productivo.

En este contexto deben leerse tres reformas impulsadas por el gobierno nacional. Dos de ellas —la reforma laboral y la baja de la edad de inimputabilidad— ya fueron aprobadas. La tercera, la modificación de la Ley Nacional de Salud Mental, continúa en debate. Lejos de ser medidas aisladas o meramente técnicas, estas reformas expresan una misma orientación política: debilitar los mecanismos de protección colectiva, desplazar al Estado de su responsabilidad frente al sufrimiento social y reforzar respuestas punitivas allí donde deberían construirse derechos, cuidado y lazo social.

La reforma laboral apunta a precarizar aún más las condiciones de existencia, debilitando mediaciones colectivas y produciendo sujetos cada vez más aislados. La baja de la edad de inimputabilidad cristaliza una lectura punitiva de la conflictividad social que convierte a niños, niñas y adolescentes en enemigos. Y la modificación de la Ley de Salud Mental amenaza con erosionar un paradigma de derechos para reinstalar lógicas de control y segregación.

Estas transformaciones no solo afectan derechos. Operan también sobre la subjetividad: promueven el miedo, naturalizan el castigo como respuesta al malestar social y profundizan la fragmentación del lazo comunitario.

En un mundo que tiende a reducir al sujeto a conducta, dato o perfil, la clínica en salud mental -cuando se orienta por una ética del deseo y por un enfoque de derechos- cumple una función decisiva: recordar que no somos algoritmos, que el sufrimiento no es un error de sistema y que ninguna plataforma puede reemplazar la potencia transformadora de la palabra.

Tal vez, en tiempos de tecnofeudalismo, cuidar la salud mental sea también un gesto político: insistir en que hay algo en cada sujeto que no puede ser capturado, y que vale la pena seguir defendiendo.

 

* Marcelo Clingo es  Licenciado en Psicología (UBA) y Presidente de la Federación de Psicólogas y Psicólogos de la República Argentina

 

4Palabras

Compartir:

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Seguinos en: