Argentina / 11 marzo 2026

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Revertir el industricidio y revitalizar las PyMEs

Las pequeñas y medianas empresas son el motor del empleo en Argentina, pero hoy enfrentan una contracción sostenida. Un estudio internacional identifica los factores que definen su competitividad en América Latina, situando al acceso al financiamiento y la estabilidad regulatoria como los mayores desafíos.

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Las pequeñas y medianas empresas son un factor importante en cualquier país porque dinamizan la economía. En Argentina, son las principales dadoras de empleo, crean oportunidades para el desempeño profesional y promueven las clases medias, sobre todo en las localidades. Eso genera que su crecimiento o contracción afecte directamente la calidad de vida y las aspiraciones de ascenso social. Según el último informe del Observatorio PyME, las industrias manufactureras atravesaban el décimo trimestre de contracción. Pero, ¿qué factores influyen en el desempeño de estas empresas?

Se consideran pequeñas empresas las que tienen entre 10 y 49 empleados, mientras que las medianas van de los 50 a los 249. Eso marca la importancia que adquiere este tipo de empresas en las oportunidades de inserción laboral. La bibliografía académica ha identificado una serie de aspectos que afectan de modo directo a su funcionamiento, como la financiación o la infraestructura. América Latina muestra particularidades que suman cuestiones propias de nuestra historia institucional, como la inestabilidad macroeconómica y política. Así lo pone en evidencia un estudio realizado por un grupo de economistas internacionales: Lemuel Kenneth David y Jianling Wang, ambos de la Universidad de Jiaotong de Xi’an (China); Adama Theresa Lazarus, de la Universidad Jilin, también de China, y Vanessa Ángel, de la Universidad de West Chester (EE. UU.).

En “Impulsores de la innovación y la competitividad en pequeñas y medianas empresas: un análisis exhaustivo de la región de América Latina y el Caribe”, los investigadores no solo pasan lista de diez factores que influyen en el dinamismo de las PyMEs, sino que también evalúan la importancia relativa que cada uno tuvo en el desempeño empresario entre los años 2006 al 2023.

El factor que se presentó como más influyente es el acceso al financiamiento, un problema recurrente en Argentina por no contar con un buen mercado de capitales. Tal es así, que el ministro de Economía, Luis Caputo, se la pasa pidiendo a los argentinos que coloquen sus ahorros en los bancos para que estos cuenten con mayores fondos para prestar. Algo que se contradice con un gobierno que ha fomentado la fuga de capitales, y con el mismo Caputo, que tiene gran parte de su fortuna fuera del país. Por otro lado, las altas tasas bancarias para atraer depósitos, planchar el dólar y desacelerar la inflación, encarecen el crédito.

El segundo factor es la estabilidad y simplicidad del entorno regulatorio, algo complejo en nuestro país, que cambia continuamente las reglas de juego y trabas burocráticas que dificultan la gestión. Luego está la infraestructura tecnológica, que requiere inversión y planificación público-privada. En cuarto lugar aparece el nivel educativo, que no solo involucra la cantidad de años de escolaridad; es necesario considerar la calidad educativa y su adecuación a las necesidades de la estructura productiva.



El factor que se presentó como más influyente es el acceso al financiamiento. El ministro de Economía, Luis Caputo, se la pasa pidiendo a los argentinos que coloquen sus ahorros en los bancos para que estos cuenten con mayores fondos para prestar. Algo que se contradice con un gobierno que ha fomentado la fuga de capitales, y con el mismo Caputo, que tiene gran parte de su fortuna fuera del país.

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En quinto, sexto y séptimo lugar aparecen, respectivamente, el tamaño del mercado, la apertura comercial y el PBI per cápita. Estos factores estimulan la competitividad, la producción en escala y el acceso a nuevas tecnologías al aumentar el mercado donde destinar los productos. Requiere de un Estado que promocione las empresas, favorezca su articulación en cadenas productivas y garantice condiciones de competitividad realistas.

Las últimas —puede llamar la atención dada la inestabilidad latinoamericana— son la tasa de inflación, la estabilidad política y el índice de corrupción. En este sentido, refiriéndose de manera especial a la Argentina, los autores sostienen que “la volatilidad macroeconómica y las recurrentes crisis de deuda han generado una cultura empresarial cortoplacista, en la que las pymes tienden a priorizar la supervivencia sobre la innovación estratégica”. Y concluyen que “en este tipo de contextos, la innovación tiene que ver menos con la investigación y el desarrollo formales y más con prácticas flexibles —lo que algunos autores denominan ‘innovación de resiliencia’—, y las empresas siempre están ajustando sus operaciones a condiciones inestables”.

Comprender estos factores ilumina los rasgos de una política industrial que promueva el desarrollo. Pero, ante todo, se necesita superar la consigna “¡destruir el Estado!”, que nos lleva a un acelerado proceso de desindustrialización, por la consigna “¡hacer al Estado más eficiente!”.

 

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