Argentina / 28 febrero 2026

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¿Qué pieza le falta al rompecabezas del Gobierno?

El Gobierno consolida su hoja de ruta con un ordenamiento financiero que baja el riesgo país al 7,65%. La contracara: morosidad en los hogares del 9,3% y un récord histórico de cheques rechazados. Un modelo que prioriza los mercados pero carece de respuestas para el mercado interno. Qué están mostrando los movimientos de las grandes empresas.

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Con nota de Alfonso Puey

En estos dos primeros años el gobierno logró la aprobación de la “ley bases”, el RIGI, un blanqueo por más de 32.151 millones de U$D, una nueva deuda con el Fondo Monetario Internacional, un swap y un rescate de EEUU, un muy buen resultado en las elecciones de medio término y ahora una reforma laboral. A todas estas victorias se le suman superávit comerciales. Durante el 2024 las exportaciones superaron a las importaciones en 18.928 millones de dólares, tendencia que continuó en 2025 con un saldo de 11.320 millones de dólares de la mano de buenas campañas agrícolas y la consolidación del superávit energético. Incluso en enero de 2026 se registraron 1.900 millones de dólares, el mejor enero en materia de comercio exterior según el economista Martin Rappeti, desde el 2000.

Este ordenamiento fiscal y financiero, tan pregonado por el oficialismo le permitieron discrecionalidad y con una ley de presupuesto aprobada en 2026, el riesgo país cayó drásticamente. En la retórica del gobierno muchas de estas acciones eran necesarias para la baja del riesgo país repercutiendo en intereses de deuda nacional en moneda extranjera, la que pasó a rendir, las más cortas a 2029 en torno al 7.65% y las deudas de mayor duración entre 9% y 9,5%. Al mismo tiempo, estas bajas tuvieron su impacto positivo en los costos financieros del sector corporativo: las grandes empresas hoy se están endeudando en plazos cortos al 5% anual en dólares y en largos rondan entre el 8% y 9%, tasas similares a las que se endeudan empresas de primera calidad a nivel mundial.

Estas bajas tuvieron su impacto positivo en los costos financieros del sector corporativo: las grandes empresas hoy se están endeudando en plazos cortos al 5% anual en dólares y en largos rondan entre el 8% y 9%, tasas similares a las que se endeudan empresas de primera calidad a nivel mundial.

Entre estas empresas, podemos nombrar a IRSA, Pan American Energy, Edenor, YPF, John Deere S.A., Telecom, Pampa Energía, Loma Negra, Cresud, Mastellone, Pluspetrol SA, Tarjeta Naranja, Banco de Valores, Banco francés, Banco Patagonia, Arcor, Vista, Transportadora Gas del Sur, Central Puerto, Ledesma entre otras.

Estas noticias, que en principio podríamos catalogar como positivas tanto para el gobierno como para las grandes empresas, no están teniendo, conforme los datos, un correlato en el sentir del ciudadano de a pie ni en las PyMEs. Es decir, esta solvencia macroeconómica parece ser un beneficio exclusivo del sector corporativo. 

La inflación, con independencia de la discusión de lo que la canasta mide y pondera, cerró en un 31,54%, con una inercia alcista que solo se interrumpió brevemente a mitad de año. Este escenario se completa con un mercado laboral debilitado: la desocupación escaló del 5,4% en 2023 al 6,3% en 2025, mientras que la subocupación demandante subió al 7,2%, reflejando que incluso quienes tienen trabajo necesitan más ingresos para subsistir.

Otro gran eje es la capacidad instalada en la industria. En enero 2024 se ubicó en 54.4%, mientras que, en diciembre 2025 se encontraba en torno al 53.8%.  El propio Cavallo, en una reciente entrevista, soslayó la idea de encontrarnos en una posible “estanflación”, fenómeno más difícil de combatir que una escalada inflacionaria.

Pero el dato más alarmante de esta etapa es la asfixia financiera de las familias. El consumo de 2025 no fue el resultado de una mejora en el poder adquisitivo, sino de un endeudamiento que hoy se vuelve insostenible. Según el BCRA, la irregularidad en los hogares saltó de un marginal 2,5% a fines de 2024 a un preocupante 9,3% en diciembre de 2025. Esta dinámica de mora se extiende al sector productivo menor: el rechazo de cheques por falta de fondos superó los 119.000 casos, un récord histórico que pone a las PyMEs contra las cuerdas.

Esta dinámica implica que cualquier aumento en términos reales del ingreso de hogares y PyMEs, en principio no traerá aparejado más consumo, sino que irá al pago de deuda, intereses y multas en muchos casos.

A pesar del aumento de la morosidad, el stock de crédito al sector privado continuó ganando peso en los bancos, representando a diciembre del 2025 un 43,9% del activo total del sistema financiero, en detrimento de la financiación al sector público, los bancos comienzan a trabajar de bancos, pero el proceso no parece ordenado y puede traer aparejado serios problemas.

Históricamente y en promedio el consumo interno representa entre el 75% y 80% del PBI argentino, aportando el sector privado un entre un 60 y 65% y el público entre un 15 y 20%.

Atender la dinámica del consumo interno, en un contexto global donde los países tienden más a cerrarse que a abrirse, parece indispensable para lograr un crecimiento homogéneo y equitativo para la sociedad. Da la impresión que este modelo no tiene respuestas para ello.

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