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Pruebas PISA: la caída histórica de Argentina y el debate tras los exámenes estandarizados

Los resultados de los programas de evaluación internacional revelan el peor desempeño del país en dos décadas. Especialistas advierten sobre el impacto del brutal ajuste presupuestario, el deterioro del salario docente, los desafíos de la cultura digital y las limitaciones de los exámenes estandarizados.

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La imagen muestra un aula de una escuela primaria en Argentina donde una docente escribe en el pizarrón frente a alumnos con delantal blanco.

El informe del Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes, conocido como Informe PISA por sus siglas en inglés —Programme for International Student Assessment—, o más popular, como Pruebas PISA, impulsado por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), dio este 2026 un nuevo panorama de las dificultades y el rendimiento de las y los estudiantes de 15 años en materias como matemática, lectura y ciencias. Los resultados para Argentina fueron, en efecto, los más bajos de las últimas dos décadas: obtuvo 393 puntos en ciencias, 389 en lectura y 367 en matemática. Eso significa que 8 de cada 10 estudiantes no alcanza los niveles mínimos de desempeño en matemática. En tanto, 6 de cada 10 no obtiene los aprendizajes en lectura y en ciencias. En la comparación regional, Argentina se ubicó en el puesto 8 entre 13 países analizados por las evaluaciones.

Más allá de los exámenes estandarizados, que en Argentina, en América latina y también en el resto del mundo tampoco arrojaron resultados favorables en los logros de los aprendizajes de sus alumnos, la lectura ofrece varias capas. El gobierno local, lejos de determinar su responsabilidad en los tres años de gobierno y el desfinanciamiento de la educación –la inversión educativa cayó al 4% del PBI, el valor más bajo de los últimos veinte años—, atribuyó la caída de los resultados a “las políticas educativas aplicadas por las gestiones anteriores”. 

La Confederación de Trabajadores de la Educación (CTERA) reconoció que las Pruebas PISA “no resultan ser un aporte significativo para comprender la complejidad de los Sistemas Educativos, del trabajo docente, ni de los procesos de enseñanza y de aprendizaje. Incluso, denunciamos el uso mediático que los neoliberales le dan a dichos resultados con el solo objetivo de atacar a la educación pública. Una nueva prueba de ello es que, ni bien se conocieron los resultados 2025, el responsable de la cartera educativa, Carlos Torrendell, salió a responsabilizar a las políticas educativas de ‘las gestiones anteriores’, sin siquiera mencionar las graves consecuencias sobre el sistema educativo que tiene el brutal ajuste del presupuesto que actualmente lleva adelante el gobierno encabezado por Javier Milei”.

La especialista en evaluación educativa del Instituto Marina Vilte de CTERA, Liliana Pascual, aclara que los resultados obtenidos por Argentina en PISA 2025 se inscriben en una tendencia global, que también afecta a gran parte de los países de América Latina y del mundo como España. “En el caso puntual de nuestro país, estos resultados reflejan los aprendizajes construidos en los últimos ocho años de escolaridad (primaria completa y tres años de secundario), lo que contempla el recorrido de las y los estudiantes desde 2016 y no desde 2013 como intenta instalar la versión oficial. En ese sentido, las políticas educativas aplicadas por ‘las gestiones anteriores’, corresponderían al gobierno de Mauricio Macri, el periodo que contempló la pandemia y al gobierno de Javier Milei”.

La experta reconoce que si consideramos la pandemia como un período de excepcionalidad, tanto el gobierno de Macri como el de Milei se caracterizaron por el desfinanciamiento de la educación. “En el primer caso, en el gobierno de Macri, el presupuesto en Educación disminuyó un 35%. En cuanto al gobierno de Milei, en 2024, la inversión educativa cayó al 4% del PBI, el valor más bajo de los últimos veinte años”, señala. A nivel nacional, el presupuesto educativo se redujo casi 50% en los últimos dos años y el gobierno suspendió el cumplimiento del artículo 9 de la Ley de Educación Nacional que fijaba un piso del 6% del PBI. 

Por eso, Pascual plantea que los resultados 2025 no deberían ser interpretados de manera exclusiva como un problema de rendimiento escolar individual ni como una supuesta incapacidad de los estudiantes. “PISA evalúa aprendizajes construidos a lo largo de trayectorias educativas y, por lo tanto, sus resultados deben analizarse en relación con las condiciones institucionales, económicas y sociales en las que esas trayectorias se desarrollan. No se puede ignorar el desfinanciamiento que impone el gobierno ya que la situación presupuestaria constituye una dimensión fundamental del contexto en el que se desarrolla la escolarización”, dice.

El asesor y especialista en Educación Gabriel Brener ofrece un panorama similar al de Pascual: “Los resultados de PISA nos muestran enormes dificultades en el rendimiento de estudiantes de 15 años. Claro que es grave, pero es preciso decir que no nos sorprenden, porque hace poco fueron noticia los resultados de los Operativos Aprender, de origen local y algo aún más inquietante, que PISA no es la evaluación de todos los problemas de la educación. Esta vez nos fue peor que las anteriores pero vale explicitar dos cuestiones: por un lado, que no soy afecto a sobrevalorar estos exámenes, ni cuando nos va mal ni cuando nos va no muy bien. Porque solo mirar resultados te hace dejar de ver las condiciones que los hicieron posible”. 

La exministra de Educación de la provincia de Santa Fe Claudia Balagué propone sumar “tutorías de pares –de chicos de grados superiores que acompañen trayectorias educativas de grados inferiores—, incorporar más docentes en las aulas –que son cada vez más diversas y complejas—, pagar mejores salarios a las y los docentes, acompañarlos mejor en los barrios más vulnerados”.

Brener menciona que la idea de colapso educativo fue conceptualizada también en la década del 90 cuando la denominaban “la tragedia educativa” pero no para desmerecer la gravedad de lo que ocurre (“sabemos lo mal que estamos”) si no para pensar, seriamente, qué es lo que debemos hacer con esos resultados: “Ya sabemos sobre el malestar en los resultados académicos pero también del malestar en los salarios y condiciones de trabajo docente (el salario actual es el más bajo de los últimos 20 años) o sobre las familias y, en especial, las más humildes que ya no pueden alimentarse dignamente, que deben sumar más trabajos porque el mes no llega al final del salario o las que se endeudan para financiar alimentos, no vivienda, tecnología o vacaciones”. 

El pedagogo y maestro de formadores Daniel Brailovsky, por su parte, soslaya que lo que más le impacta no solo son los malos resultados sobre las pruebas para Argentina: “Lo que me sorprende es que, en la inmensa mayoría de las mediciones se registraron resultados inferiores a otros comparables en años anteriores, como si algo hubiera sucedido en todos los países al mismo tiempo que perjudicó esos resultados, signifique lo que signifiquen. Me parece que eso tiene que ver con que las y los chicos que hoy están en tercer año de la secundaria son la primer generación evaluada con estas pruebas que, en alguna proporción, en vez de leer ha obtenido resúmenes de IA, en lugar de escribir elaboraron textos con IA y en lugar de pensar también lo realizaron por la IA”. El docente muestra que, aunque la primera reacción “sea catastrófica, apocalíptica y a temer una pandemia de estupidez irrefrenable, me inclino a ser optimista y a suponer que las nuevas generaciones lidiarán de una manera inteligente y creativa con esto, pero que es un fenómeno en el que estamos sumergidos sin entenderlo del todo y urge desarrollar un enfoque crítico de la educación digital que nos permita construir hipótesis más sólidas y líneas de acción más conscientes de la relevancia del problema que enfrentamos”. 

Pese al marco común y los bajos índices alcanzados en la mayor parte de los países, una de las críticas a las Pruebas PISA, sin embargo, que se mencionan sobre los exámenes estandarizados es que no aplican el contexto económico, social o cultural de sus alumnos y alumnas y cómo esto está imbuido en sus aprendizajes significativos. Brener subraya: “Las pruebas PISA (a diferencia del Aprender que es censal) solo examina una muestra de estudiantes de 15 años de diversos países y es la OCDE, algo así como una FIFA de los países más poderosos, quien elabora ese examen, con lo que considera deben saber chicos de esa edad, con independencia de lo que se enseña en cada uno de esos países. Es interesante saber que a un país le puede parecer clave un tema y la OCDE no considerarlo valioso. Que un chico de 15 pueda formarse en torno al tema de noviazgos violentos, como una prevención de violencia de género, como cualquier otro tópico de educación sexual integral, es un ejemplo. Hay que aclarar, además, que se trata de un solo examen, lo cual no le resta valor, pero es preciso señalar que se está midiendo a través de un instante toda una trayectoria de un estudiante. Es una foto, no la película. No quiero con esto anular su importancia sino aclarar que una evaluación debe contemplar tanto el resultado final como el proceso que lo hizo factible”. 

La exministra de Educación de la provincia de Santa Fe, Claudia Balagué, menciona que las pruebas PISA no son los resultados de una única causa: “Es evidente que esto es complejo y multicausal, porque vemos que muchos países bajaron sus resultados y creo que esto tiene que ver con la cultura digital, lo corto, lo rápido, el video, los algoritmos, que implican que la atención de las y los chicos están volcados a eso, sin mucho análisis ni preparación para comparar o trabajar de otra manera la información. Eso obviamente afecta la atención de los jóvenes, esto está estudiado por especialistas de distintas disciplinas. La atención inquieta, por la búsqueda del conocimiento, al diálogo, con el profesor fue reemplazada o compite con la atención mercantilizada de las grandes plataformas que cada segundo del día están intentando vendernos o convencernos de algo”.  

La actual legisladora del Frente Amplio por la Soberanía (FAS) subrayó, además, que todo el trabajo que queda por delante, desde la escuela, es contrahegemónico: “El trabajo de la escuela es, hoy, detenerse, leer en profundidad, de estar con los tiempos, los espacios y los objetos necesarios en el aula, esto es, con libros, con cuadernos, con lapiceras, esas cosas que siempre nos han funcionado y que hoy se empiezan a dejar de lado”. 

Sin embargo, la especialista determinó que más allá de todo eso, la Argentina, que presentó los peores resultados en veinte años, está atravesada “por un desfinanciamiento absoluto del gobierno nacional, al que es evidente que no le importa la educación y que directamente dejó de lado todos los planes y programas que trataban de impactar con equipamiento, con infraestructura, con incentivos docentes para llegar a las escuelas de los distintos niveles. Eso es clave para este momento”.       

El malestar docente, con la baja en los salarios, o las escuelas sobreexigidas en un contexto económico de colapso y adverso también monta una imagen completa de este panorama. Por eso, consideran los especialistas, las políticas educativas públicas deben saldar cuentas a favor de las y los jóvenes con propuestas efectivas, posibles, a corto plazo, para subsanar algunas de estas cuestiones básicas en la enseñanza media. Entre los cambios posibles, para Brener, es claro que las pruebas PISA o el Operativo Aprender, como los demás exámenes, muestran de manera evidente “una correlación muy fuerte entre origen económico-social y el rendimiento escolar desde hace muchos años”. Por lo tanto, si las desigualdades sociales se trasmutan en desigualdades escolares, “la clave debe estar en las políticas educativas y no en quedarse lamentando los exámenes, que permitan mejorar las condiciones materiales de docentes y estudiantes y fortalecer la enseñanza, pues en ese espacio reside la potencia para generar algún cambio”. 

Gabriel Brener: “Está demostrado que los chicos que mejor aprenden son quienes acceden a un material de lectura en soporte escrito y tecnológico (cuando se discontinuaron entregas de libros y de tecnología) y también que los grupos no tan numerosos son condiciones propicias para una mejor enseñanza y aprendizaje”.

Balagué sostiene que países cercanos como Chile, Brasil o Uruguay tuvieron mejores resultados y “creo que fue porque pensaron en políticas públicas a largo plazo”, una cuestión no menor y que en las provincias de Argentina, en su medida, también con muchas dificultades se instaló una idea –errada— que en el nivel primario lo más importante es la lectoescritura: “Sin embargo, el sistema educativo es mucho más abarcativo que solo eso y necesita una atención especial para cada nivel, con formación docente y con el acompañamiento a las escuelas, la sobresaturación a los maestros con actividades administrativas, estadísticas, el impacto social que están recibiendo día a día con las problemáticas de las y los chicos –desde lo más básico y elemental como la alimentación hasta violencia, de autolesiones—, entonces abordar todo eso con un magro salario todos estos aspectos y, además, en soledad, es una tarea muy difícil”.  

Entre las propuesta, la dirigente analizó que se podrían sumar “tutorías de pares –de chicos de grados superiores que acompañen trayectorias educativas de grados inferiores—, incorporar más docentes en las aulas –que son cada vez más diversas y complejas—, pagar mejores salarios a las y los docentes, acompañarlos mejor en los barrios más vulnerados, porque se sabe que hay mejoras significativa en escuelas donde se trabaja con mejores docentes y donde más hace falta que otorga muy buen resultados. Pero también hay muchas estrategias específicas que se podrán aplicar, como por ejemplo, el Plan Vuelvo a Estudiar, que implementamos en la provincia, para que las y los chicos completaran su escuela secundaria, con acompañantes, tutores, junto con las familias, hacer llegar libros a las escuelas, preparar mejor a las y los docentes, un acompañamiento permanente en la formación continua y en servicio, todo ese conjunto podrá aportar en esta situación bastante difícil de revertir si no nos abocamos a ello como debe ser, con presupuesto, con políticas y con decisiones contundentes en planificaciones que sirvan en los tiempos actuales, que son diferentes a décadas anteriores, para incorporar la tecnología pero con una educación digital crítica, que es el gran desafío de este momento”.     

Brener concluye que “adelgazar o extinguir al Estado, desplazarlo de su condición de principalidad, tal como enuncia el proyecto de ley de ‘libertad’ educativa de quienes gobiernan y como lo han puesto en práctica hace dos años y medio, solo va a empeorar la vida en las escuelas y aumentar el malestar de docentes, estudiantes y familias en una relación inversamente proporcional a los resultados de cualquier prueba estandarizada. Está demostrado que los chicos que mejor aprenden son quienes acceden a un material de lectura en soporte escrito y tecnológico (cuando se discontinuaron entregas de libros y de tecnología) y también que los grupos no tan numerosos son condiciones propicias para una mejor enseñanza y aprendizaje y los distritos más ricos del país como la ciudad en la que vivo cierra escuelas y unifica grados viendo allí solo una oportunidad de racionalización del gasto. Y, especialmente, se sabe que si la docencia está en el centro de las políticas educativas lo más probable es que puedan enseñar mejor y ampliar sus horizontes cognoscitivos y culturales y en especial fortalecer aprendizajes de estudiantes”.

 

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