Argentina / 7 marzo 2026

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Petróleo, bloqueo y soberanía: en el espejo de Cuba

Entre barcos petroleros cercados y apagones persistentes, la crisis energética en Cuba desnuda los riesgos de la dependencia externa. La importancia de la soberanía tecnológica y el rol estratégico de las empresas estatales como YPF y Nucleoeléctrica frente a las políticas de desinversión.

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Un barco petrolero en el océano es una aguja en un pajar, pero el cerco se cierra llegando a la isla y, entre radares y satélites, rastrearlo es más fácil.  Mientras Rusia, China o México intentan hacerle llegar crudo a Cuba sin desatar un enfrentamiento directo con Estados Unidos, la isla bonita queda paralizada y a oscuras por falta de energía.  Tras la invasión norteamericana a Venezuela y la intervención en sus políticas de Estado, el petróleo dejó de llegar. A eso se agregó el endurecimiento del bloqueo económico generando una crisis humanitaria.  La solidaridad y ayuda internacional se hacen presentes, pero la urgencia no puede anular interrogar la situación: ¿Qué expone la dependencia energética de Cuba?

En un reciente estudio publicado en la revista de la Universidad Tecnológica de La Habana se sostiene que en la actualidad, el país demanda alrededor de ocho millones de toneladas de combustibles, que debe cubrirse con la importación del 60% de ellos y produce alrededor del 40%. Una parte considerable del petróleo importado se destina a la generación de electricidad, ya que alrededor de un 95% de la generación eléctrica se obtiene a partir de combustibles fósiles. Esta dependencia es un punto débil que explota el gobierno de Trump, además de generar presión sobre la balanza comercial.

La alianza con el gobierno de Nicolás Maduro pudo haber retrasado la decisión de girar hacia otras alternativas energéticas que aprovechen mejor las posibilidades naturales del país. Sobre esta cuestión, los autores del artículo, Javier Calero Roman y otros, pertenecientes a la Empresa Eléctrica de Santiago y a la Universidad del Oriente, afirman que: “La transición energética en Cuba busca eliminar o reducir la importación de combustibles fósiles a partir de las fuentes renovables de energía, fundamentalmente la solar fotovoltaica, la eólica y la biomasa cañera, de las que Cuba posee vastas reservas.  En el año 2014 se aprobó la Política de las Fuentes Renovables de Energía (FRE), con el fin de fomentar la penetración de las energías renovables en el Sistema Eléctrico Nacional hasta lograr la independencia energética, aspirando a penetrar con FRE el Sistema Electroenergético Nacional (SEN) un 24% en el año 2030, en el 2040 lograr la independencia energética, y en el 2050 alcanzar el 100% de FRE.”

La importación de hidrocarburos es, sin duda, un talón de Aquiles para cualquier economía en desarrollo. De allí que surja como oportuna la decisión en 2012 de reestatizar YPF a través del 51% del paquete accionario aún cuando algunos puedan discutir la forma, que nos mantiene en un litigio internacional. Tener una empresa estatal, permitió encarar las inversiones en Vaca Muerta, formar parte de alianzas estratégicas y participar en la cadena de valor.

La importación de hidrocarburos es, sin duda, un talón de Aquiles para cualquier economía en desarrollo.  De allí que surja como oportuna la decisión en 2012 de reestatizar YPF a través del 51% del paquete accionario, que en su momento decidieron Cristina Fernández de Kirchner y Axel Kicillof, aún cuando algunos puedan discutir la forma, que nos mantiene en un litigio internacional. También expone lo erróneo de las políticas privatizadoras de los ’90 de Carlos Menem, tan reivindicadas por el presidente Milei. Tener una empresa estatal, permitió encarar las inversiones en Vaca Muerta, formar parte de alianzas estratégicas y participar en la cadena de valor, lo que logró pasar de una balanza comercial deficitaria al saldo a favor y el autoabastecimiento.

La cuestión energética en Cuba no termina en lo tardío de diversificar las fuentes energéticas.  Pasar a energías renovables pudo y puede alivianar el impacto del bloqueo estadounidense y, al mismo tiempo, generar dependencia de las tecnologías chinas.  La pandemia del Covid-19, la guerra ruso-ucraniana y el ascenso de Donald Trump mostraron al mundo lo riesgoso de esas dependencias. No tener capacidades técnicas para responder a cambios bruscos en las condiciones del comercio internacional puede llevar a serios problemas en el funcionamiento de la economía de cualquier país.

Bajo esa perspectiva, la gestión de Demian Reidel a cargo de Nucleoeléctrica Argentina -a la que renunció en medio de denuncias por corrupción- pone en riesgo el manejo de una tecnología de punta que logró alcanzar Argentina gracias a políticas públicas durante más de medio siglo.  La expansión de emprendimientos en energías renovables es un gran paso, pero limitado si la desfinanciación de las escuelas técnicas, la desinversión en universidades e institutos de investigación tecnológica y científica, la migración de profesionales y la pérdida de capacidades industriales nos aleja del manejo de las tecnologías y la articulación en las cadenas de valor.  América Latina no puede estar a merced de una derecha que entregue el desarrollo tecnológico; precisa movimientos políticos que lo asuma con la decisión que merece.

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