Argentina / 18 marzo 2026

temperature icon 19°C
Edit Template

Las mieses del extractivismo

Mientras el sector energético y minero despega, la industria nacional se hunde en una desindustrialización acelerada. Sin una estrategia que integre el valor agregado, el modelo extractivista amenaza con consolidar una Argentina dividida en dos grupos: una pequeña élite de consumo global y una mayoría sumergida en la precariedad.

Compartir:

Compartir:

Megamineria-Campana-Plurinacional-Antiextractivista-Extractivismo-Saqueo-Petroleras-en-el-Mar-Agrotoxicos-Agronegocios

La economía argentina se desliza aceleradamente a una matriz extractivista en un nuevo proceso de desindustrialización que destruye varios sectores manufactureros y a los empleos y proveedores que dependen de ellos.  Alcanza con ver el último informe presentado por el INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos) en enero de este año.  El índice del Sector Industrial Manufacturero tuvo un registro negativo del 3,2% con respecto al año anterior.  Sin embargo, el índice de Refinación de Petróleo creció al 3,6%, y el de Minerales no metálicos y metálicos básicos un 1,7%.  Por su parte, los indicadores de Productos de metal, maquinarias y equipos cayeron 14,5% interanual, Otros equipos, aparatos e instrumentos 22.1%, y Automotores un 22.9%.

El contraste amenaza con aumentar.  En su último viaje a New York, el presidente Milei participó del “Argentina Week”, un evento destinado a motivar a inversores a poner sus fondos en nuestro país.  En la comitiva -además de la esposa de Adorni- figuraban los representantes del sector minero y energético. Los industriales, en cambio, recibieron el ataque y la sorna del presidente. ¿Por qué esa virulencia con la industria nacional? Todo pareciera indicar que, para el gobierno, impulsar la industria supone alentar el incremento del consumo nacional de combustible y minerales y, por lo tanto, una disminución de los saldos exportables.  Y el gobierno lo que quiere es aumentar la inversión extranjera y las exportaciones, que fluyan los dólares y que eso mantenga controlada la inflación con un dólar bajo.

A groso modo, parecería una buena noticia, sobre todo para aquellos que cuentan con ingresos suficientes para disfrutar del consumo y los viajes que les permite el dólar barato; pero el modelo no cierra. Primero, porque la inflación no ha parado y sumerge en privaciones y endeudamiento a los sectores trabajadores y a los jubilados cuyos ingresos permanecen anclados. Segundo, porque el comercio interno sigue deprimido afectando a los sectores medios.  Tercero, porque los trabajos que se consiguen son generalmente más precarios que los que se pierden.  Esa inflación sin crecimiento económico hace que algunos economistas comiencen a hablar de estanflación.

Otra manera de ver las cosas es poner el foco en las inversiones que se esperan para el sector minero y petrolero. El RIGI (Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones) no establece compromisos ni motivaciones para que las empresas mineras y petroleras contraten tecnología, a empresas y trabajadores argentinos.  No obstante, extractivismo e industria no necesariamente son opuestos.  El desarrollo de un sector puede impulsar a otros sectores que se articulan a su cadena de valor, como proveedores, o como clientes, aprovechando los insumos que produce.  A la vez, genera incentivos y posibilidades para innovar o incorporar tecnología.  Economistas como Giovanni Dosi demostraron que la dinámica de cada rama influye en los patrones de cambio de otras ramas por medio de la difusión interindustrial de innovaciones y, a la vez, se ve influida por ellos.

Sin una estrategia productiva propia, tanto a nivel nacional como regional, el extractivismo no va a impulsar la economía. Es más propio pensar que va a reforzar la división de la sociedad en dos grupos, uno pequeño y con gran acceso al consumo, ligado a las empresas extractivas, y otro más amplio viviendo en una economía más precaria y sin oportunidades.

Sin embargo, en un reciente estudio sobre una zona minera de Brasil, “Encuentro entre Kaldor y Dosi: una aproximación a la estructura tecnológica de la producción regional”, el Dr. Sérgio Felipe Melo da Silva y sus colegas llegan a la conclusión que en América Latina se fomenta “la exportación de insumos con menor contenido tecnológico y niveles más bajos de valor agregado”.  Eso genera que “las industrias de baja complejidad incorporan pocos conocimientos y tecnología a las cadenas globales de valor, lo que reduce las oportunidades de mejora y desarrollo de los países de la región”. 

América Latina está considerada, para las grandes potencias, una proveedora de bienes primarios e insumos.  Sin una estrategia productiva propia, tanto a nivel nacional como regional, el extractivismo no va a impulsar la economía.  Es más propio pensar que va a reforzar la división de la sociedad en dos grupos, uno pequeño y con gran acceso al consumo, ligado a las empresas extractivas, y otro más amplio viviendo en una economía más precaria y sin oportunidades. A eso habría que añadirle un Estado con menos capacidad para prestar servicios y atender cuestiones sociales, y el desplazamiento de ciertas industrias y poblaciones de las zonas mineras y petroleras, ya sea por las propias necesidades de la explotación, o por contaminar el medio ambiente circundante. Las mieses del extractivismo no son las de von Mises.

4Palabras

Compartir:

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Seguinos en: