La única opción: bienvenidos al desierto de lo real
La última película de Park Chan-wook retrata con humor el miedo a quedarse sin trabajo en una sociedad que demanda cada vez más del laburante. Ante un sistema absurdo, la única salida parece ser eliminar a la competencia.
- enero 24, 2026
- Lectura: 3 minutos
Compartir:
- enero 24, 2026
- Lectura: 3 minutos
Compartir:
Con el auge de la automatización y de la inteligencia artificial, el miedo a perder el trabajo regresó al centro de la escena y se sumó a la lista de preocupaciones de las grandes mayorías. No es de extrañar, pues, que el cine de género lo esté tematizando cada vez más seguido.
La única opción, última película del director coreano Park Chan-wook, abre con una escena idílica: un padre de familia agasaja a su mujer y sus dos hijos con una parrillada en un amplio jardín. La tarde cae y todo parece perfecto, demasiado perfecto. Pero la buena vida de Man-su (Lee Byung-hun, conocido en Argentina por la serie El juego del calamar) se termina abruptamente cuando es despedido luego de 25 años al servicio de una empresa papelera.
Al principio, Man-su intenta lo que la empresa le aconseja, esto es, reinventarse como “recurso humano”. Sin embargo, las reglas del sistema no funcionan: los meses pasan y las deudas se acumulan. Incapaz de sostener económicamente a su familia, toma una decisión drástica: eliminar a la competencia.
Si la premisa suena conocida es porque se basa en la novela The Ax, de Donald E. Westlake, que el director Costa-Gavras había llevado a la pantalla grande dos décadas atrás. Pero allí donde el griego había intentado mostrar un sistema frío e implacable (en Argentina se estrenó como La corporación), Park Chan-wook apuesta de manera más decidida por lo patético de la situación: desde la inutilidad de las sesiones de counselling que la empresa provee a los despedidos (donde se los alienta a “manifestar” al universo su deseo de conseguir otro empleo) hasta la farsa ritualizada de las entrevistas de trabajo.
No hay “mensaje” sino un genuino sentido del asombro por lo absurda que se ha vuelto la vida, envuelto en el disfraz de género -la comedia negra y el thriller- que el director de Oldboy maneja con maestría y elegancia visual (nadie hace fundidos encadenados como él).
Park Chan-wook apuesta de manera más decidida por lo patético de la situación: desde la inutilidad de las sesiones de counselling que la empresa provee a los despedidos (donde se los alienta a “manifestar” al universo su deseo de conseguir otro empleo) hasta la farsa ritualizada de las entrevistas de trabajo.
Los modos amables
Películas como La única opción o Parásitos (del otro gran director coreano de este siglo, Bong Joon-ho) proponen una lectura más radical del proceso de deshumanización en curso, al menos en comparación con otros films recientes en el que los protagonistas pierden su empleo.
En 2005, en plena era Bush, Jim Carrey protagonizó Las locuras de Dick y Jane. Esta olvidada comedia de Dean Parisot narra la historia de una joven pareja de clase media (Carrey y Téa Leoni) cuyo nivel de vida se desmorona cuando Dick pierde su puesto como vicepresidente de comunicaciones en una corporación fraudulenta que va a la quiebra. Pronto aceptan trabajos mal pagos para no perder el BMW o el televisor de pantalla plana y, ante la inminencia del embargo de la casa, recurren al robo para sobrevivir. El tono es cómico pero liviano, y la “estructura del consuelo” funciona a pleno cuando vemos a Carrey vengarse de su malvado jefe (Alec Baldwin, por supuesto). “Es una sátira creada desde la torre de marfil”, dijo Scott Foundas del L.A. Weekly. “Y cuando, al final del tercer acto, el film decide lanzarse con tópicos sobre cómo la pequeña burguesía realmente puede plantarle cara a la alta burguesía, la cosa va de mal en peor.”
No fue la única comedia “feel good” que Hollywood produjo para tranquilizarse después de una crisis financiera. Si una de las condiciones de producción de Las locuras de Dick y Jane fue el escándalo de Enron, la crisis global de 2008 sirvió de puntapié para Robo en las alturas, de Brett Ratner. Aquí, Ben Stiller interpreta al encargado de un edificio de lujo en Nueva York que se desespera al enterarse de que su jefe, un millonario de Wall Street, se quedó con los fondos de jubilación de los trabajadores del edificio. Como venganza, y en plan Robin Hood, el grupo decide robarle al empresario. El happy end tranquiliza las conciencias.
El barco a flote
Algo mejor que las dos anteriores fue The Company Men, drama de John Wells que sigue las historias de tres hombres (Ben Affleck, Chris Cooper y Tommy Lee Jones) que caen víctimas de un proceso de reducción de personal en una corporación naviera. Aquí también, la búsqueda inicial de una pareja (Affleck y Rosemarie DeWitt) para sostener su elevado nivel de vida rápidamente deriva en cómo obtener un ingreso, cualquier ingreso, para sobrevivir. Si en la comedia con Jim Carrey el trabajo manual es representado como una actividad denigrante y hasta cómica dado su habitus corporativo, en The Company Men las labores físicas que el protagonista se ve obligado a hacer son romantizadas: agotadoras, pero reales. Por medio de ellas, se nos sugiere, el hombre aprende el valor del esfuerzo y la cooperación.
El final, no obstante, es igual de tranquilizador: hay salida y la empresa naviera puede comenzar de nuevo, si bien con salarios más modestos para sus empleados. El regreso imposible a una economía que ya no volverá. Una ilusión. Una fantasía ideológica.
Más a tono con los tiempos, en 2022 el director John Patton Ford ensayó en Emily the Criminal un relato con los pies un poco más en la tierra. Emily (la talentosa Aubrey Plaza) está ahogada en deudas y trabaja como tercerizada en una empresa de catering. Sin salida a la vista, termina aceptando la propuesta de un compañero para un trabajo medio sospechoso que resulta ser un fraude con tarjetas de crédito.
Filmada en apenas 21 días, Emily the Criminal conserva un sentido de urgencia y un estilo directo más fiel a lo que podría esperarse de la situación económica en la era post-covid, a esta altura de la segunda década del siglo. El título funciona como contrapunto de la simpatía que nos despierta su odisea: la “criminal” Emily no es más criminal que el sistema que la lleva a adoptar medidas cada vez más desesperadas. Una salida por lo real cuando el sistema ya no ofrece salidas simbólicas. ¿La única opción?
4Palabras
Compartir:
Temas relacionados
Comentarios Cancelar la respuesta
Más leídas
- All Posts
- Ciencia y Tecnología
- Cultura
- Deportes
- Economía
- Internacional
- Política
- Sociedad
Suscríbete a nuestro boletín para mantenerte actualizado
Publicidades
Más información
- All Posts
- Ciencia y Tecnología
- Cultura
- Deportes
- Economía
- Internacional
- Política
- Sociedad



