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La era en que los robots dejaron de ser metáforas

La pregunta ya no es qué pueden hacer los robots. La verdadera duda es qué ocurre cuando conviven con nosotros. En un país donde la industria, la salud, el agro y la educación atraviesan transformaciones permanentes, la robótica no es solo una novedad tecnológica. Es una herramienta económica y social, pero también desafía nuestra idea de trabajo, de autonomía y de control.

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Los robots dejaron de ser ciencia ficción. Ya no están solo en las películas ni en los laboratorios del futuro. Hoy aparecen en fábricas donde se produce nuestra comida, en los quirófanos, en los depósitos que organizan compras online y en el campo donde se monitorea la salud del suelo. Son máquinas que participan en decisiones que antes eran exclusivamente humanas. A medida que la tecnología avanza, surge una pregunta inevitable. ¿Quién controla el mundo cuando lo compartimos con máquinas que aprenden?
Durante décadas, la robótica fue sinónimo de industria pesada. Los primeros robots industriales, en los años sesenta, soldaban autos con una precisión inalcanzable para cualquier operario. Después llegaron los exploradores que se internaron en la Luna y en Marte. Los robots siempre estuvieron ahí, aunque lejos de la vida cotidiana. Funcionaban en plantas industriales, en misiones espaciales o en entornos extremos. Eran herramientas diseñadas para realizar tareas que ninguna persona podía o quería realizar.
Algo cambió en los últimos años. La robótica dejó de ser lejana. Surgieron robots que caminan, que ven, que analizan datos y toman decisiones en tiempo real. Existen robots quirúrgicos que asisten a cirujanos, robots cuadrúpedos que exploran zonas de desastre y robots agrícolas que detectan plagas antes de que afecten una cosecha. También hay robots domésticos que limpian mientras trabajamos. Esta nueva generación no solo obedece órdenes. También interpreta el entorno y actúa sobre él.
La pregunta ya no es qué pueden hacer los robots. La verdadera duda es qué ocurre cuando conviven con nosotros. En un país donde la industria, la salud, el agro y la educación atraviesan transformaciones permanentes, la robótica no es solo una novedad tecnológica. Es una herramienta económica y social. Puede mejorar la seguridad laboral, acelerar la productividad y ampliar el acceso a servicios esenciales. Pero también desafía nuestra idea de trabajo, de autonomía y de control.
No se trata de sostener entusiasmo desmedido ni de caer en la alarma. Es cierto que los robots pueden reemplazar tareas. También es cierto que pueden potenciarnos y liberar tiempo para actividades más humanas. Lo interesante es que estamos frente a un momento previo a un salto tecnológico. La combinación de inteligencia artificial y robótica está creando sistemas capaces de aprender, adaptarse y colaborar. Esa transformación no ocurrirá dentro de décadas. Ya empezó.
Argentina no queda al margen de este fenómeno. La robótica está presente en sectores que sostienen la economía, desde el agro hasta la industria y la salud. También avanza en educación, logística e investigación. No es un lujo importado, sino una herramienta concreta para producir, innovar y crecer. Y en un país que suele encontrar soluciones donde parecen faltar, puede convertirse en un aliado estratégico.

"Estamos frente a un momento previo a un salto tecnológico. La combinación de inteligencia artificial y robótica está creando sistemas capaces de aprender, adaptarse y colaborar. Esa transformación no ocurrirá dentro de décadas. Ya empezó".

Tal vez el próximo gran avance tecnológico no sea un nuevo teléfono ni una aplicación revolucionaria. Quizás sea un robot trabajando a nuestro lado, ayudándonos a expandir nuestras capacidades y a pensar el mundo de otra manera. La discusión no es si los robots van a transformar nuestra vida. La verdadera cuestión es cómo vamos a convivir con ellos y qué lugar vamos a ocupar en ese futuro que ya comenzó.

 

(*)Dr. por la Universidad de Cergy-Pontoise (Francia), Ing. en Electrónica por la Universidad Nacional de La Plata. Actualmente dirige las Ingenierías Electromecánica y Electrónica y es investigador del Instituto de Tecnología (INTEC) de UADE.

 

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