Palpitar el Mundial 2026: Haití un país que duele… pero vuelve después de medio siglo
La desventuras políticas y económicas del pueblo caribeño que clasificó para el Mundial recolectando en las ligas de todo el mundo a jugadores con familiares haitianos. Un país que no tiene presidente, un equipo que no puede jugar en su propio territorio y un director técnico que nunca pisó tierra haitiana y dirige los entrenamientos por video llamada.
- enero 14, 2026
- Lectura: 3 minutos
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En general en este espacio cuatropalabrista tratamos de llevar la era que nos toca vivir con un poco de cariño y humor. O por lo menos, esa es la idea. Pero Haití duele che. Así que vamos a ir de un lado a para el otro pisando sobre un delgado alambre de púas, para intentar explicar cómo es que Haití llegó a la Copa del Mundo, mientras a los estudiosos de la geopolítica del fútbol mundial se le queman los papeles.
Pagó carísimo ser la primera república independiente de Latinoamérica. Es uno de los países más pobres del mundo, no tiene presidente, sufrió invasiones, intervenciones militares de Estados Unidos (para variar un poco), de Dominicana y de las Naciones Unidas. Décadas de dictaduras con la familia Duvalier y terremotos que dejaron cerca de 200.000 muertos.
Desde 2021, año en que fue asesinado su último presidente, Jovenel Moïse, el país carece de un presidente electo y el Estado –sin poder real– enfrenta una crisis humanitaria y de seguridad extrema producida por el hambre y las bandas armadas que controlan parte del territorio.
Pero a pesar de todo esto, se viene el Mundial 2026 y Haití está clasificado y listo para su regreso a las Copas del Mundo después de más de medio siglo. El seleccionado caribeño integra el Grupo C, donde se enfrentará a Brasil, Marruecos y Escocia con lo que, en principio, podemos afirmar que estaría al horno con papas, también en materia futbolística.
Pero como esto es un once contra once, en un rectángulo con pasto en el piso, por ahora, y una pelota redonda que hay que tratar de manejar con los pies y meterla en el arco de enfrente, en una de esas pelean por entrar como uno de los mejores terceros, ¿quién te dice? ¿Banca el chat?
Su única presentación en las Copas del Mundo nos trae recuerdos a los argentinos. Fue en Alemania Federal 1974, cuando perdió los tres partidos que jugó. Frente a Italia por 3 a 1 en el debut y en el segundo partido, la Polonia comunista de ese entonces, no tuvo ni un tantito así de piedad y le metió un 7-0. Los polacos terminarían terceros en ese mundial ganándole a Brasil por 1 a 0, con Grzegorz Lato como máximo goleador del torneo con 7 tantos.
El último encuentro de los haitianos en una Copa del Mundo fue contra Argentina y le ganamos 4 a 1. Ese partido se jugó ante 24 mil espectadores en el estadio Olímpico de Múnich. A los 15 minutos del primer tiempo convirtió Héctor “Chirola” Yazalde y tres minutos más tarde hacía su debut en las redes mundialistas René Orlando “El Loco” Houseman. El “Hombre Casa”, el que nunca se fue de su hogar en la Villa del Bajo Belgrano.
Una vez los dirigentes de un club le compraron un departamento cerca del barrio, pero no hubo caso: se iba todos los días. Ahora están resembrando el campo de juego de la cancha de Huracán, pero nadie puede quitar los surcos que dejó cerca de la línea de cal, desde su puesto de wing derecho y, menos que menos, desanudar las piernas de los defensores rivales.
Desde 2021, año en que fue asesinado su último presidente, Jovenel Moïse, el país carece de un presidente electo y el Estado sin poder real, enfrenta una crisis humanitaria y de seguridad extrema producida por el hambre y las bandas armadas que controlan parte del territorio.
En el segundo tiempo, a los 11 minutos, Rubén “El Ratón” Ayala, que jugaba en el Atlético de Madrid, luego de cubrir de gloria a San Lorenzo de Almagro, aumentó el marcador. Nueve minutos más tarde, Emmanuel Sanon, marcó para los haitianos y los 23, otra vez Yazalde, selló el 4-1 final. Con ese resultado Argentina consiguió pasar a la siguiente fase por diferencia de goles. Ahí nos agarró la Holanda de Johan Cryuff, Nos ponemos de pie. La sacamos barata con un 0-4. Nótese que en esa época una gran cantidad de jugadores argentinos gozaban de apodos.
Ahora bien, Haití llegó a este mundial 2026 tras ganarle 1 a 0 a Costa Rica, y 2 a 0 a Nicaragua en la última fase de la eliminatoria, haciendo de local en Willemstad, ya que los compañeros de Curazao, le prestaron la cancha, a cambio de que no pateen muy fuerte porque –como ya dijimos en otra nota– la isla es pequeña y la pelota se va al agua dos por tres. Los haitianos ocupan en la actualidad el puesto 83 en el ránking de la FIFA y en la tabla histórica de los mundiales está en el lugar 78.
Pero cuando nos pegamos una vuelta por el país encontramos que el Stade Sylvio Cator, histórico estadio nacional, fue usurpado por grupos armados desde febrero de 2024 y la principal competencia futbolística del país, la Liga Haitiana, está suspendida desde mayo de ese año.
Sin grandes figuras, el DT, que se hace llamar Sebastien Migné, consiguió convocar en los últimos años a jugadores que andan por el mundo, pero tienen familiares haitianos. Hay futbolistas que representan a Haití, jugando en clubes de la Premier League, la Ligue 1 y la Superliga de Suiza, la MLS estadounidense, Irán y Ecuador.
El DT, es un francés de 52 años, uno de esos entrenadores caratulados habitualmente como trotamundos. Para los memoriosos del fútbol, una especie de Bora Milutinovic que va saltando de equipo en equipo por el planeta.
Dirigió, además de algunos clubes, a los seleccionados de Congo, Kenya y Guinea Ecuatorial. Es decir que el hombre se podría catalogar como un entrenador de fútbol experto en dirigir seleccionados de países con inmensos quilombos sociales, políticos y económicos.
La de Haití, donde asumió en 2024, fue –en resultados– su experiencia más exitosa a pesar de que, por cuestiones de seguridad –entre otras tantas millones de razones– nunca estuvo en el país, dado que el seleccionado tampoco puede hacer de local en su territorio. Buena parte de su éxito se basó en haber viajado por toda la tierra para convencer a futbolistas con ascendencia haitiana de sumarse al sueño mundialista.
Todo lo consiguió sin haber podido entrar jamás a Haití. Dirige entrenamientos por videollamada, arma planes tácticos desde París y sigue a los futbolistas mediante reportes virtuales. El tipo hace mucho teletrabajo. Podríamos asegurar que es como un tele-técnico.
«Es imposible ir a Haití, porque es demasiado peligroso. Suelo vivir en los países donde trabajo, pero aquí no puedo. Ya no hay vuelos internacionales que aterricen allí», declaró a la revista France Football.
Migne se basó en la información sobre los jugadores locales que le proporcionaron por teléfono los responsables de la federación haitiana. «Me daban información y yo gestionaba el equipo a distancia», indicó en un cable de la agencia Reuters.
Su mayor aporte fue potenciar el talento haitiano en Europa. Migné incorporó jugadores nacidos o formados en Francia, Bélgica, Suiza e Inglaterra, capaces de elevar el nivel competitivo del seleccionado caribeño.
Nombres como Jean-Ricner Bellegarde del Wolverhampton, de la Premier League, Hannes Delcroix del Burnley, también del fútbol inglés, Josué Casimir, del Auxerre, de la Ligue 1 de Francia y Ruben Providence del Almere City, de la segunda división de Países Bajos representan este fenómeno: futbolistas que se hicieron profesionales dentro de estructuras europeas, pero con la convicción de representar a la sangre de su familia y/o simple y pragmáticamente vieron la oportunidad de jugar un mundial.
Su figurita para el álbum es un tal Jean‐Ricner Bellegarde. Un pibe que nació hace 27 años en Colombes, Francia, y aunque integró seleccionados juveniles de su país natal decidió jugar en mayores para la patria de su familia.
Es un volante polifuncional que llegó hace dos temporadas al Wolverhampton inglés, y es el jugador en el que descansan las esperanzas haitianas. “Me he comprometido con un grupo, un equipo, una familia, mi nación. Agradezco al pueblo haitiano todo su apoyo”, escribió en sus redes sociales tras conseguir la clasificación al Mundial. Seguilo en el Instagram como: @jeanricnerbellegarde que tiene pocos seguidores.
El joven a seguir se llama Keeto Thermoncy, apunta Manu, con el celular en una mano y la pelota en la otra, parado con los dos pies sobre otro número cinco. Es otro de los futbolistas que representan a Haití aunque nacieron fuera de su territorio.
Con 19 años, juega como defensor en el Young Boys de Suiza, su país natal, y ante el llamado para representar al país de su padre no dudó y debutó en el seleccionado en el choque ante Nicaragua, en el que Haití consiguió la clasificación al Mundial.
Al ritmo de Migné, los haitianos siguen a rajatabla el plan táctico para cada partido. El 4-2-3-1 es el dibujo que en general, aunque si le toca enfrentar a una potencia meten defensores a lo loco.
La posible formación de Haití puede ser con: Johny Placide; Carlens Arcus, Ricardo Adé, Jean-Kévin Duverne, Duke Lacroix; Jean‐Ricner Bellegarde, Leverton Pierre; Don Deedson Louicius, Josué Casimir, Ruben Providence; y Frantzdy Pierrot.
La geopolítica del fútbol mundial es el estudio de cómo el fútbol, más allá de un deporte, es una herramienta de poder, identidad nacional, diplomacia y economía, que refleja y a la vez busca influenciar las relaciones internacionales, con países que utilizan el deporte para proyectar imagen, intereses estratégicos y «poder blando», mostrando una compleja interacción entre lo local y lo global, el capital y la pasión.
Otro tema que nos toca de cerca es que antes de Migné estuvo al frente del seleccionado un tal Gabriel Calderón, que fue técnico de la selección nacional de Haití en 2023, pero llevaba poco más de un año trabajando en la Federación Haitiana de Fútbol, a donde llegó como asesor en desarrollo técnico y Selecciones Nacionales.
Gabriel Calderón Pellegrino, así su nombre completo, comenzó a dirigir a los 22 años. Raro. Nació en Sevilla, España, hace 36 años, y es hijo del ex futbolista y entrenador argentino, Gabriel Calderón. Cada tanto vuelve a mi memoria el “penal” que le convierte un defensor alemán en la final de Italia 90, faltando muy pocos minutos para finalizar el encuentro y que nos habría dado el empate… al menos.
Pero bueno, no fue así. Gabriel hijo obtuvo su licencia de entrenador UEFA y una carrera universitaria en Gestión del Deporte. Dirigió las inferiores del Getafe, el Leganés y el Alcorcón. Además, trabajó como entrenador del Málaga, en el Real Betis y Arabia Saudita, y fue instructor de la FIFA durante 10 años seguidos.
“El Fútbol significa mucho, supone una alegría y una vía de escape para los problemas cotidianos de la gente. Cada vez que juega el equipo se detiene el país”, había declarado en 2023 Gabriel Calderón,en una entrevista con el diario español El País, realizada cuando aún era DT del conjunto caribeño.
La geopolítica del fútbol mundial es el estudio de cómo el fútbol, más allá de un deporte, es una herramienta de poder, identidad nacional, diplomacia y economía, que refleja y a la vez busca influenciar las relaciones internacionales, con países que utilizan el deporte para proyectar imagen, intereses estratégicos y «poder blando», mostrando una compleja interacción entre lo local y lo global, el capital y la pasión.
Bueno… acá se da poco de eso, porque Haití lleva décadas enteras en una profunda crisis multidimensional marcada por la inestabilidad política, económica, social y la violencia de los grupos armados. En junio de 2025, el número de personas desplazadas ascendía a 1,3 millones aproximadamente.
En la economía la agricultura, la silvicultura y la pesca, representan casi una quinta parte del PIB y emplean a casi la mitad de la mano de obra. Sin embargo, la productividad agrícola es baja porque nadie les da crédito, no hay tecnología adecuada, ni infraestructura básica, como rutas y sistemas de riego. Las pérdidas de las cosechas son enormes porque no tienen instalaciones de almacenamiento y procesamiento adecuadas, y terminan importando entre el 50 % y el 85 % de sus alimentos.
Según un informe de Naciones Unidas (ONU), más de la mitad de los 11 millones de habitantes del país viven actualmente en inseguridad alimentaria aguda, de los cuales casi dos millones están en situación de emergencia.
Y como si esto fuera poco es uno de los países del mundo más vulnerables al clima. Las tormentas tropicales, los huracanes, las sequías y las inundaciones, aumentan en frecuencia e intensidad por el cambio climático, arrasan con los pocos medios de vida y destruyen la infraestructura. El devastador terremoto de 2010, causó cerca de 200.000 muertes.
Pero no es todo. El 30 de septiembre último el Consejo de Seguridad de la ONU dio luz verde al despliegue de una nueva misión internacional en Haití. Conformada por 5.500 soldados y policías, la Fuerza de Represión de las Bandas reemplazará a la Misión Multinacional de Apoyo a la Seguridad, dirigida por Kenia.
La historia política de Haití es un ciclo de inestabilidad, marcada por su liderazgo pionero como primera república negra. En 1804, fue la primera república negra del mundo tras una revuelta de esclavos contra Francia, pero tuvo que enfrentar un aislamiento internacional y la carga de una indemnización impuesta por Francia en forma de deuda externa de unos 21 mil millones de dólares que dejó al país sin dinero. Se estima que los haitianos terminaron pagando más del doble del valor original de la indemnización. ¿Te suena?
Luego vinieron las intervenciones extranjeras. Para variar de Estados Unidos, entre 1915 y 1934, y también de República Dominicana. Después llegaron las dictaduras con la familia Duvalier, que gobernaron desde 1957 a 1986. François «Papa Doc» Duvalier estableció un régimen represivo y corrupto, seguido por su hijo Jean-Claude («Baby Doc»).
Derrocada la familia Duvalier se sucedieron tres regímenes militares que culminaron con la llegada al gobierno de Jean-Bertrand Aristide, un sacerdote salesiano, que ganó las elecciones democráticas en 1990 pero fue derrocado por un golpe militar poco después. Regresó en 1994 y tuvo un nuevo período de gobierno entre 2001 y 2004.
Ahí hay otro punto que nos toca ya que ese año se instaló la Misión de Estabilización de las Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH) después de que el presidente Aristide partiera al exilio en el periodo posterior al conflicto armado que se extendió a varias ciudades en todo el país.
Esta misión se caracterizó por ser liderada por militares brasileños y chilenos, con participación de tropas de Argentina, Bolivia, Ecuador y Uruguay.
Tras el devastador terremoto del 12 de enero de 2010, –a consecuencia del cual murieron más de 220.000 personas– aumentó la dotación general de la MINUSTAH con el fin de apoyar la labor inmediata para la recuperación, reconstrucción y estabilidad del país.
Tras la celebración de elecciones presidenciales en 2011, la MINUSTAH trabajó en el país supuestamente para cumplir su mandato de establecer un entorno seguro y estable en el que se pueda desarrollar un proceso político, fortalecer las instituciones del Gobierno de Haití, apoyar la constitución de un estado de derecho, y promover y proteger los derechos humanos. Cosa que claramente no terminó ocurriendo y se retiró dejando una dotación más pequeña en 2012.
René Préval fue presidente en dos ocasiones, luego vino el músico Michel Martelly y en 2016 es elegido presidente Jovenel Moïse, quien duró cinco años en el poder y fue asesinado en 2021.
El gobierno de Moïse estuvo marcado por protestas, acusaciones de corrupción y de gobernar por decreto tras disolver el parlamento. Tras su asesinato, Haití no tiene un presidente electo, el Estado se encuentra sin poder real, bandas armadas gobiernan parte de su territorio, enfrenta una crisis humanitaria y de seguridad extrema, pero juega el mundial.
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