Argentina / 13 febrero 2026

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Fernando Pereira, presidente del Frente Amplio de Uruguay: “La izquierda es colectiva o no es”

En esta entrevista realizada en Montevideo, Pereira analiza los 55 años de la coalición y los desafíos del recambio tras la pérdida de sus líderes históricos. Desde la Casa Líber Seregni, reivindica el “héroe colectivo” frente a los mesianismos, analiza la coyuntura regional bajo el avance de las nuevas derechas y sostiene que las izquierdas deben volver a tener una mirada latinoamericanista.

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En el centro de Montevideo, entre las paredes cargadas de historia de la Casa Líber Seregni, Fernando Pereira recibe a 4Palabras en una charla que se prolongará por una hora. Presidente del Frente Amplio (FA) desde 2022, antes había forjado su camino en el sindicalismo como presidente del PIT-CNT, la central obrera más importante del país.

El FA celebró este jueves sus 55 años de historia. Para Pereira no es un simple acuerdo electoral de ocasión ni una “fuerza de resistencia testimonial”. Fundada en 1971, la fuerza política logró la proeza de amalgamar bajo un mismo programa a corrientes tan diversas como el marxismo, el cristianismo de base, la socialdemocracia y desprendimientos de los partidos tradicionales. Esta unidad, que sobrevivió a la persecución, la cárcel y el exilio durante la dictadura, se consolidó en 2005 tras décadas de hegemonía en Montevideo y Canelones, dando inicio a cuatro gobiernos nacionales.

Hoy, tras la pérdida de líderes históricos —Tabaré Vázquez, Pepe Mujica, Danilo Astori y Mariano Arana—, el Frente se enfrenta al desafío del recambio y la renovación. En esta entrevista, Pereira reflexiona sobre el “héroe colectivo”, la vigencia del antiimperialismo en un contexto regional convulso y la capacidad del FA para procesar victorias y derrotas sin perder su identidad democrática.

Aquí los puntos clave de una conversación que recorre el futuro de la izquierda uruguaya y sus lecciones para una América Latina fragmentada.

 

En los últimos años murieron grandes figuras del Frente como Tabaré Vázquez, Pepe Mujica, Danilo Astori. ¿Cómo se hace ese recambio de liderazgo? 

Cuando hay muertes de este volumen –Pepe, Tabaré, Danilo, Mariano Arana, que fue intendente de Montevideo– la fuerza política tiene que recomponerse sobre la base de primero sentir el dolor de esas pérdidas. Fue la segunda generación de frenteamplistas, la que llegó al gobierno. Y lograron transformar la matriz productiva, la matriz social, la matriz energética del Uruguay. Entonces eventos de esta naturaleza son un duelo colectivo. Al mismo tiempo hay que asumir que no se deben buscar líderes con esas mismas características porque las personas somos todas distintas. Pero esos liderazgos pudieron ganar esta elección en 2024 y en todas las encuestas somos la mayor fuerza política de Uruguay. Es decir, que hay forma de sustituir liderazgos de este tipo, que además de políticos tenían una mística. Pero hay otras formas de liderar, otras místicas y otros liderazgos espirituales. Y hoy el Frente Amplio tiene más de una decena.

Si podemos sustituir de manera colectiva figuras de este tamaño, vamos a construir la izquierda del futuro. Si llegamos a pensar más en las personas que en el proyecto, el Frente se nos va al comino como ha pasado en América Latina, que los egocentrismos de muchas y muchos dirigentes nos llevaron a tener partidos dependientes de personas y no de colectivos. Y finalmente la izquierda es colectiva o no es. 

La izquierda necesita de la clase obrera, de los estudiantes, de las fuerzas sociales, del desarrollo democrático, del desarrollo productivo, la idea de la justa distribución de lo que se genera. Y eso no se hace en forma individual. Puede haber sujetos en la historia que por un tiempo determinado tengan el liderazgo de ese héroe colectivo. Pero ese héroe colectivo es mucho más importante que el héroe individual. 

Si uno toma a las murgas como termómetro social, observa que la mayoría se asumen como militantes del Frente Amplio, pero a la vez hay cierto malestar con el rumbo del gobierno de Orsi. ¿Qué respuesta hay a eso? 

La murga tiene que ser crítica, sátira. Me encanta y no asumo ninguna crítica como destructiva: entiendo que hay descontento social. Hay que poder canalizar ese descontento. Los salarios aumentaron, se entregó el bono escolar a mitad de año para que los niños volvieran a la escuela y logramos pasar del 10% al 60% con respecto a los niños que volvían a la escuela. Entonces, no se trata de resultados económicos: es un problema de que las expectativas que generan las izquierdas cuando llegan al gobierno son  muy altas.

Encontramos un país que estaba endeudado en un punto del PIB más de lo que se había dicho. Eso para Uruguay son mil millones de dólares, es mucha plata. Encontramos deudas por mil millones de dólares con el Ferrocarril Central. Y eso hubo que asumirlo. ¿Se asumió con ajuste fiscal? No. Se gravó a las multinacionales que facturaban más de 750 millones de dólares de euros por año. Y se gravó el impuesto de las transacciones financieras al exterior. Esto es bien de izquierda. ¿Y dónde se va a usar? En la lucha contra la pobreza infantil, en seguridad, en salud, en educación pública. De nuevo, distribución de la riqueza.

"La izquierda necesita de la clase obrera, de los estudiantes, de las fuerzas sociales, del desarrollo democrático, del desarrollo productivo, la idea de la justa distribución de lo que se genera. Y eso no se hace en forma individual. Puede haber sujetos en la historia que por un tiempo determinado tengan el liderazgo de ese héroe colectivo. Pero ese héroe colectivo es mucho más importante que el héroe individual". Fernando Pereira

¿Dónde está entonces la molestia de la gente? 

En primer lugar, vivimos en un mundo que no le produce felicidad prácticamente a nadie. Hay generaciones que ven por primera vez un genocidio, como el de Gaza. 

Precisamente, uno de los cuestionamientos es que desde la Presidencia no se tipificó con claridad ese genocidio.

Cuando fue a la ONU, el gobierno hizo una definición clara sobre Gaza. ¿Dijo genocidio? No. ¿Dio un mensaje adecuado? Sí. ¿Cambió el voto a las Naciones Unidas con relación al gobierno anterior? Lo cambió. Y eso es lo trascendente para la política internacional. Puede haber gente que quiera que se diga esto con más claridad, pero la diplomacia tiene sus reglas de juego. Y lo que siente el pueblo lo tienen que defender las fuerzas políticas. Y el Frente lo hizo sin vergüenza y se movilizó, llenó 18 cuadras. Fuimos capaces de dar respuesta.

Pero estamos viendo un presidente como Donald Trump que se mete en Honduras, en Brasil, en las elecciones intermedias de Argentina, que se mete en Venezuela y saca un presidente, más allá de la opinión que tengas de Maduro. Muchos lo consideran un dictador, o un gobierno de facto, o un gobierno que perdió una elección y no lo pudo asumir. Pero eso lo tienen que resolver los venezolanos, no Trump. Trump no fue electo para gobernar América Latina, fue electo para gobernar Estados Unidos de América.

Ver un secuestro de ese tipo y cómo explícitamente dicen que el objetivo es el petróleo y que van a llamar a las empresas norteamericanas para que inviertan rápidamente para extraer petróleo…. En todos los países de América Latina hay enormes descontentos sociales, que naturalmente se ubican en el gobierno. El Frente Amplio tiene que reafirmar su condición antiimperialista. Y reafirmarla no solo diciendo “soy antiimperialista”, porque eso puede significar nada para muchas generaciones, sino tratando de conversar acerca de por qué ese antiimperialismo genera estas condiciones tan nefastas para América Latina.

Tanto en Argentina como en Uruguay hubo grandes mayorías en contra de la incidencia norteamericana. Esta semana La Diaria publicó una encuesta que dice que más del 40% de los uruguayos estuvo a favor de la intervención de EE.UU. en Venezuela. ¿Están cambiando nuestras sociedades? ¿Cómo se hace? 

No hay duda. Pero el antiimperialismo tiene que seguir siendo una bandera de izquierda, porque el silencio antiimperial no nos genera conciencia. También hay que entender que mucha gente no está analizando el fenómeno de Venezuela como una intervención norteamericana sino como un acto de justicia para sacar a Maduro del gobierno. Si perdió la elección tendría que haber salido. Es mi concepción democrática. La información que tuvimos es que hubo fraude, la ONU no pudo ratificar el resultado electoral y las actas nunca aparecieron. Eso la gente lo juzga como una elección no respetada. Un fraude electoral. Hay que leer con más sutileza. Ahí no se necesita una cuantitativa, se necesita una cualitativa. Probablemente muchos frenteamplistas hayan dado esa respuesta y siguen siendo antimperialistas. Pero les pareció bien que sacaran a Maduro porque les parecía que había hecho algo antidemocrático. Y la democracia en el Uruguay tiene un peso muy importante.

Volviendo a los 55 años del Frente. ¿Qué es hoy: un frente, un partido? 

Es la fuerza de izquierda tal vez la más transformadora de América latina, aunque admito que fue la menos ruidosa. Pero transformó la matriz tributaria, de salud, energética, multiplicó el presupuesto educativo, triplicó los salarios en los sectores más bajos, triplicó los salarios medios. No fue una izquierda de maquillaje, fue una izquierda de transformaciones profundas que cambiaron la materialidad de la vida de los uruguayos. Hoy sus militantes se definen como frenteamplistas, no como parte de una de sus fracciones. 

¿Es una identidad en sí misma?

A la vicepresidenta Carolina Cosse le preguntaron cómo se definía ideológicamente y dijo soy frenteamplista. Probablemente en 1971 no era posible decir eso. Hoy es una categoría.

¿Es más que un instrumento electoral?

Funciona en muchas cosas como partido y en otras como coalición. El término “fuerza política transformadora” es lo que abarca todo esto. 

¿Cuáles son los desafíos del Frente?

Tiene el desafío de pensar el futuro, la renovación, la nueva izquierda, el nuevo antiimperialismo. De pensar las transformaciones productivas y sociales, lo que está pasando en el mundo en evolución científica y tecnológica y cómo eso va a impactar en la vida de la gente. Tiene desafíos tremendos para analizar, pero es una izquierda parada sobre su propio pie. 

¿Qué pueden aprender Argentina y el resto de Latinoamérica de la experiencia del FA? 

No sé si aprender, porque eso de la reproducción mecánica de las cosas tiene varias dificultades. Sí hay una clave: la izquierda desunida, no gana en ningún lado. La izquierda que está basada en liderazgos únicos tiene corta vida. La izquierda que sobrevive a tempestades, tormentos, dictadura, derrotas electorales, es la que tiene una unidad de un bloque político y social. Es decir, una fuerza política, pero también fuerzas sociales que son quienes empujan los cambios en un país. Si no hay unidad, ganan los Milei, los admiradores de Pinochet, de la dictadura de Brasil. Milei es amante de todo lo que uno piensa que está mal, ¿no? Pero tuvo apoyo electoral, más allá del apoyo de Trump. Y esto debería preocuparnos a los que tenemos sensibilidad social para mirarlo no como un problema de la Argentina, sino para volver a tener una mirada latinoamericanista. Eso lo hemos perdido también, nos hemos transformado en izquierdas muy nacionales. El internacionalismo no puede ser simplemente una frase que esté integrada a una definición de valores de una fuerza política. Tiene que ser una práctica. No puede ser que la izquierda tenga la atomización que tiene en América Latina. O no puede ser que la izquierda dependa de que una persona esté viva o no. Una. Eso es, en el corto plazo, un problema enorme. Las izquierdas son colectivas. Eso no quiere decir que no haya liderazgos individuales, pero no pueden ser mesiánicos. Pensar solo es de las peores cosas que puede pasar en un ser humano. En general, porque además uno piensa mal y se autoconvence de que lo hace bien.

Creo que el Frente Amplio puede aportar eso a la izquierda latinoamericana. No con una receta, sino que esto se resuelve con humildad, con capacidad de ceder, de dejar cosas afuera, de no colocar primero las diferencias sino la cantidad enorme de acuerdos que hay. 

El FA es una construcción que pasa de generación en generación. Es inexplicable que 55 años después de que construyeron los comités de bases, hoy hay 500 comités de bases en un país como el nuestro. Hay que tener generosidad, y tener la convicción de que ese es el mecanismo que nos salva a todos. Este es el gran acierto del Frente Amplio y el gran desacierto de otras fuerzas políticas que yo admiraba y que se fueron disminuyendo por no tener el liderazgo colectivo, el héroe colectivo.

Cuando Líber Seregni salió de la cárcel después de doce años, dijo: “Somos una fuerza constructora de la patria”.  Esa forma de pensar de la izquierda uruguaya es la que nos ha permitido construir la unidad en la diversidad. 

 

Entrevista exclusiva de 4Palabras

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