Argentina / 5 marzo 2026

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Emergencia en discapacidad: crónica de una marcha donde el «YA» es la última esperanza

Frente al histórico edificio del Ministerio de Salud, se movilizaron por los incumplimientos y los maltratos de la gestión Milei. Reclaman por pagos adeudados desde octubre y la reglamentación “vacía” de la ley de Emergencia. Advierten que el sistema está en colapso.

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El asfalto de la avenida 9 de Julio, ese termómetro de la temperatura social argentina, se pintó esta mañana de un color que no suele asociarse a la protesta, sino al cuidado. Una hilera de micros y combis naranjas, los mismos que cada mañana recorren los barrios para llevar niños y jóvenes con discapacidad a centros de día o escuelas especiales, hoy se estacionaron frente al edificio histórico que alberga a los ministerios de Salud y Capital Humano. Allí, donde la silueta de Evita observa desde el hierro, se mezcló el sonido de los bombos y el brillo metálico de los cascos de la Policía de la Ciudad.

No fue una marcha más. Fue una nueva movilización de un sector que se convirtió en uno de los motores más dinámicos de las protestas contra las políticas de ajuste del gobierno de Javier Milei. La crueldad libertaria ha logrado reunir intereses que antes estaban dispersos.

Las pancartas, sostenidas por manos que conocen de terapias y de burocracias infinitas, señalaban: “No al descarte en discapacidad”, “Que lo injusto no te sea indiferente”, “Liberen los fondos para discapacidad ya”. Una palabra se repetía, se leía en cada cartón pintado a mano, en cada grito: YA. 

No fue una marcha más. Fue una nueva movilización de un sector que se convirtió en uno de los motores más dinámicos de las protestas contra las políticas de ajuste del gobierno de Javier Milei. La crueldad libertaria ha logrado reunir intereses que antes estaban dispersos.

 

El cumplimiento de la ley de Emergencia en Discapacidad, que el presidente Javier Milei primero vetó y después terminó reglamentando a regañadientes –y menos que a mitad de camino– tras una tenaz resistencia social, sigue siendo la consigna que reúne al movimiento. La actualización real de los aranceles no llega, se amontonan las deudas, algunos no cobran desde octubre de 2025. Los choferes particulares, en paro desde el lunes, denuncian que las deudas de PAMI y del programa Incluir Salud no son meros retrasos administrativos, sino un estrangulamiento planificado. “Por cada prestación que no se paga hay un derecho que se vulnera”, explicaba un cartel, resumiendo la aritmética del desamparo.

En la plazoleta, la escena combinaba la calidez del mate compartido con la aspereza de la protesta. Había grupos que se sentaban en los cordones internos, rodeados de guardapolvos y pintorcitos de jardín de infantes de todos los colores. A pocos metros, la calma se espesaba. Cerca del cordón policial que intentaba abrir paso a los vehículos sobre la calle Moreno, la tensión era un hilo delgado siempre a punto de cortarse por el filo de un movimiento en falso. “Es muy agotador”, reconocía una joven a otra: no hablaba de las marchas, sino de la falta de respuestas oficiales.

Turistas asiáticos saludaban con la mano y disparaban sus cámaras hacia la manifestación, capturando como souvenir una postal del conflicto que no terminaban de entender. O sí. Siguieron su marcha en un micro de larga distancia que circulaba por la calle Lima rumbo a San Telmo o La Boca. 

Artista popular y activista de la causa, Jonny de la Silla le puso palabras al sentimiento colectivo: “Estamos más que en emergencia, estamos en colapso. La reglamentación de la ley no alcanza, no dice nada. Vamos a marchar todo el año para conseguir nuestros derechos, como hicimos el año pasado ante este gobierno deshumanizante”. 

Las madres le han dado un rostro al movimiento. En medio de la multitud, la actriz Valentina Bassi, mamá de un adolescente con discapacidad, sostenía la mirada: “Estamos cansados, agotados, pero estamos acá porque no tenemos plan B. El ministro Mario Lugones trabaja para él y para sus amigos de las prepagas, pero somos muchos y estamos organizados”. También actriz y madre de un niño de 11 años con diagnóstico dentro del espectro autista, Lola Berthet afirmaba a su lado: “Estamos sufriendo la reducción de terapias, la falta de pagos desde octubre… el ministro no da respuesta, el presidente nos odia, pero no nos vamos a quedar callados”.

Un pasacalle resumía la desconfianza hacia el relato oficial: “El déficit cero es mentira. Aprendan a administrar y dejen de robar. Devuelvan lo que nos sacaron en 22 meses”. 

El cierre de la jornada quedó en manos del padre Pablo Molero, coordinador del Foro Permanente por la Discapacidad. “Lo que el gobierno no pudo hacer vetando la ley, lo hace ahora no pagando a los prestadores. El ministro Lugones debe dar la cara. La ANDIS devolvió dinero del presupuesto 2025 Rentas Generales mientras los pagos se retrasan”.

Cerca del mediodía, los organizadores pidieron una desconcentración prudente. “Queríamos visibilizar, no recibir palos”, aclaraban. El Himno Nacional empezó a sonar. Cuando terminó, los manifestantes comenzaron a retirarse en silencio. Con la promesa de volver todas las veces que hagan falta.

 

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