El Súper Bowl y las recomendaciones para bajar de peso
El medio tiempo del Super Bowl es siempre noticia destacada de los medios internacionales y entre tanta repercusión hubo un detalle que no pasó inadvertido. El comercial con Serena Williams como embajadora de un medicamento promocionado con fines estéticos irrumpió en la pantalla del campo de juego. La tenista aparece con la fórmula mágica, esa que promete belleza pero que no hace otra cosa que oprimir.
- febrero 24, 2026
- Lectura: 3 minutos
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En el comercial se ve a la deportista vestida de blanco, con tonos rubios, más delgada, inyectándose este fármaco bajo el lema “No es atajo, es ciencia”. Esta imagen proyecta y construye una estética de perfección, normalizada, sin nada que cuestionar. Lo blanco busca reforzar ese concepto de pureza. De un cuerpo que fue corregido. Este medicamento es utilizado según criterio médico para tratar enfermedades como diabetes y obesidad mórbida, un estadío que necesita de un tratamiento interdisciplinario. Pero esto no es lo que se menciona, sino que es ofertado y promovido para bajar de peso.
Serena Williams es una atleta de alto rendimiento, de las mejores tenistas del mundo, pero esto parece no ser suficiente en el mundo deportivo. La industria farmacéutica utiliza su imagen y prestigio como herramienta para comercializar estos productos. Se capitaliza la presión social ejercida sobre las mujeres, reforzando la homogeneización de los cuerpos para encajar en los estándares dominantes.
Entonces, es necesario preguntarnos: ¿por qué en uno de los eventos televisivos más vistos del mundo aparece una mujer, referente del deporte, promocionando un medicamento para bajar de peso? El mensaje que se instala es que incluso quienes ya alcanzaron el máximo rendimiento físico necesitan inyectarse una droga para ajustarse a un determinado estereotipo. Más allá del logro deportivo, el éxito de una mujer parecería validarse en función de su adecuación a los estándares de belleza. Ese es el mensaje, y es lo que preocupa.
Ahí radica la gravedad del asunto: promocionar un medicamento en un espacio deportivo donde en realidad debería promoverse la salud con actividad física y seguimiento nutricional. Al ser publicitado por una celebridad, se genera en el público la idea de seguridad, credibilidad y pertenencia que favorece a un mercado farmacéutico en crecimiento.
El sponsor continúa esclavizando mujeres. En el comercial no se habla de salud, sino de cuerpos, de imagen, de estándares y mandatos. Se promueve el uso de un medicamento que se presenta como un producto de consumo cotidiano y masivo, con fines estéticos más que terapéuticos. Un fármaco que se ofrece como vía para alcanzar la delgadez a cualquier costo. Lo demás queda relegado.
Los estándares de belleza impactan negativamente en la salud mental, afectando autoestima y percepción corporal que pueden ocasionar distorsión de la imagen, comparación constante con otras personas, ideas erróneas de lo que es saludable así como también generar episodios de ansiedad, depresión y trastornos en la conducta alimentaria.
El mensaje es simple: bajar de peso como sea. Incluso si es necesario inyectarse a diario. Por otro lado, omite información clave sobre su consumo ya que no aclara que debe administrarse bajo supervisión y criterio médico, ni que la persona que lo utilice debería cumplir con determinados requisitos clínicos dado que puede generar efectos secundarios en su salud. Además, ignora el costo económico que implica este tipo de fármacos.
Esto puede generar demandas inapropiadas y problemas en la conducta alimentaria al asociar la salud de una persona con el número que refleja la balanza. Porque salud no es sinónimo de imagen corporal estereotipada. Al mismo tiempo, desalienta cambios sostenibles en el estilo de vida dado que no hay responsabilidad en lo que se informa ni educación sobre las situaciones adecuadas para su uso. No hay necesidad médica real, el objetivo es “verse mejor”.
Los estándares de belleza impactan negativamente en la salud mental, afectando autoestima y percepción corporal que pueden ocasionar distorsión de la imagen, comparación constante con otras personas, ideas erróneas de lo que es saludable así como también generar episodios de ansiedad, depresión y trastornos en la conducta alimentaria.
Este bombardeo afecta principalmente a mujeres, niñas y adolescentes, reforzando la idea de que estar delgada es sinónimo de éxito, satisfacción y felicidad. La presión es constante, está en las redes pero también en los eventos deportivos. Y potencia la concepción equivocada de que la gordura o una composición corporal diferente a la delgadez es sinónimo de enfermedad. Y esto no es así.
Serena Williams, relató en varias oportunidades que su cuerpo cambió con la maternidad y esto es una realidad que sucede. Nuestros cuerpos a lo largo de la vida y en distintas situaciones, cambian. El desafío es evitar transformar la imagen y el relato individual de una referente en un mensaje cultural que refuerza estos ideales que lastiman. Asociar la apariencia con el rendimiento es un error; deja a un lado la evidencia, centrándose en lo estético. La salud y el rendimiento no se miden por la imagen.
Licenciada en Nutrición
M.P 14045
@nutri.atr
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