El enemigo interno
La estrategia norteamericana para controlar materias primas, energía y minerales críticos de los países latinoamericanos y expulsar a China de la región. La importancia económica y política de México, Brasil y Colombia. La amenaza de la flota de guerra de Estados Unidos.
- febrero 22, 2026
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“Magnífica —respondió Donald Trump cuando le preguntaron por la relación de Estados Unidos con América Latina—. Ellos necesitan de nosotros y nosotros no necesitamos de ellos, una relación magnífica”. En diciembre pasado, la Casa Blanca dio a conocer los lineamientos sobre Seguridad Nacional, donde destacó la prioridad de controlar materias primas, energía y minerales críticos de los países latinoamericanos. Y planteó la expulsión de China del continente. Sobre esta base, Trump convocó para el 7 de marzo a un grupo de mandatarios pronorteamericanos de la región, entre los que se cuenta Javier Milei.
La frase de Trump sobre América Latina presenta un escenario supuesto de dependencia “natural” de la región: “la necesidad la tienen ellos, y nosotros no”. Y el documento es directamente colonialista. No puede imponer su interés sobre recursos naturales que pertenecen a otras naciones, ni obligar el monopolio del comercio, como hacía España con sus colonias.
El encuentro se produce en un momento crítico. La instalación de una flota de guerra de Estados Unidos en el Caribe, con el secuestro del presidente de Venezuela y el bloqueo criminal contra el pueblo cubano, por un lado. Y por el otro, la apertura del gigantesco puerto de Chancay, en Perú, como parte de la ruta china de la seda, con un ferrocarril que atravesará la Cordillera de los Andes y la selva del Amazonas hasta el puerto de Ilheus en Brasil.
Estados Unidos mantiene el primer lugar en el podio de las potencias militares. Pero no tiene la misma capacidad para competir con la pujanza económica de los chinos. Washington es consciente de esa desventaja y comenzó a usar la fuerza militar y la imposición en su diplomacia. Cambiaron los paradigmas en las relaciones internacionales, sobre todo en Occidente y en especial en América Latina, que es considerada zona de su influencia por Estados Unidos.
El eje México, Colombia y Brasil, representa más del sesenta por ciento del PBI de la región. Argentina va tercera y Colombia cuarta, pero México y Brasil están muy lejos de los demás. Los tres países tienen gobiernos populares y economías florecientes, soportan la presión estadounidense y mantienen su independencia. Venezuela y Cuba han sido duramente golpeados, aunque también resisten la embestida. Uruguay y Nicaragua, con gobiernos diferentes, tratan de mantener una relación independiente de Washington. En los demás países de la región creció la ultraderecha que busca aliarse con un Estados Unidos cuando esta potencia se lanza a recapturar y establecer nuevas cadenas de suministro para reindustrializarse y recuperar el espacio que perdió frente a su competidor.
Trump intenta usar a Milei para debilitar a los organismos de integración regional como el Mercosur. Si antes la relación fue desigual para América Latina, ahora, frente a la necesidad apremiante de materias primas y de reafirmación del predominio geopolítico por parte de Estados Unidos, los acuerdos implican bases militares, privilegios comerciales y, en la práctica, el saqueo de minerales críticos y la energía. La elección como secretario de Estado, de Marco Rubio, un halcón reaccionario de origen cubano, confirmó la intención de avanzar e intervenir sobre la región.
Trump no impulsó organizaciones afines como la Alianza del Pacífico en 2011. Priorizó, en cambio, las charlas con mandatarios que van a escucharlo en manada, pero que después firman convenios bilaterales.
El documento de intención para un acuerdo comercial con Estados Unidos que firmó el canciller argentino Pablo Quirno y que debe ser aprobado por el Congreso, rompería los acuerdos del Mercosur y pondría en riesgo el comercio con Brasil, el principal socio comercial. Estados Unidos buscará usar a Milei para boicotear el proceso de integración que representan el Mercosur, la CELAC y la Unasur.
La derecha ganó las elecciones en Bolivia, Argentina, Ecuador, Chile, Honduras y Costa Rica y se mantiene en Perú, El Salvador, Panamá y Paraguay. Sin embargo y pese a que el comercio intrarregional no pasa del veinte por ciento del total en América Latina, en zonas como el Mercosur, aumentó en forma considerable. De hecho Brasil es el principal socio comercial de Argentina y lo sigue China. Estados Unidos ocupa recién el tercer lugar. Es muy difícil cambiar ese orden que se asienta en situaciones favorables por la vecindad y el desarrollo de infraestructura.
El documento de intención para un acuerdo comercial con Estados Unidos que firmó el canciller argentino Pablo Quirno y que debe ser aprobado por el Congreso, rompería los acuerdos del Mercosur y pondría en riesgo el comercio con Brasil, el principal socio comercial. Estados Unidos buscará usar a Milei para boicotear el proceso de integración que representan el Mercosur, la CELAC y la Unasur.
Pero mientras la economía argentina no mejoró y tuvo que pedir auxilio en forma periódica a su hegemón del Norte, Brasil aprovechó con más inteligencia su participación en los BRICS para estrechar relaciones comerciales, sobre todo con India y China, con los que ha cerrado importantes acuerdos arancelarios, de radicación de industrias y obras de infraestructura. Aún así, el principal socio comercial de Brasil es Estados Unidos. La economía de Brasil pasa por un buen momento y la imagen de Lula sigue en ascenso, al igual que la de Gustavo Petro y Claudia Sheinbaum.
En Venezuela, Trump secuestró al presidente Nicolás Maduro, pero no se atrevió a invadir. La oposición venezolana mostró su debilidad y confirmó la legitimidad de Maduro, porque si la oposición tuviera el setenta por ciento de los votos, como dijeron, la acción norteamericana hubiera provocado un levantamiento popular contra el gobierno. En cambio, sólo hubo grandes manifestaciones de apoyo. Estados Unidos pudo secuestrar a Maduro pero no logró derrocar a un gobierno que, por el contrario, fortaleció su respaldo popular y mantiene una dura negociación con Washington pese a la brutal y permanente presión que soporta.
El despliegue de la flota norteamericana intensificó el bloqueo y ahogó la economía cubana. El pueblo cubano soporta cortes de energía y escasez de alimentos y medicinas, con el transporte paralizado por la falta de combustible. Estados Unidos ha sometido al pueblo cubano a un castigo inhumano. Cuba acaba de ingresar a los BRICS y pidió que acompañen su denuncia ante la Organización Mundial de Comercio (OMC). México envió petróleo y alimentos y lo mismo harán Rusia y China.
La amenaza de una poderosa flota de guerra en el Caribe fue parte de la política de imposición como forma de relacionamiento que adoptó el gobierno de Trump. Pero el ejemplo de los mandatarios Claudia Sheinbaum, de México; Gustavo Petro, de Colombia, y Lula da Silva, de Brasil, demostró que Estados Unidos también está limitado y que la unidad de los países de la región en resguardo de sus intereses es ahora más necesaria para mantener relaciones de provecho mutuo con el resto del mundo, Estados Unidos y China incluidos. El camino que representa Milei, conduce al saqueo de las riquezas naturales y el empobrecimiento de los pueblos.
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