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De Charras: «El frente universitario puede ser la antesala de una integración política nacional»

Actual vicedecano de Sociales de la UBA, Diego de Charras analiza el impacto de la reciente movilización y el rol crucial de la Corte Suprema. En diálogo con 4Palabras, destaca cómo la unidad del sector logró desarticular los discursos oficiales sobre el adoctrinamiento y las auditorías.

Washington Uranga y Manuel Barrientos

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Actual vicedecano de Sociales de la UBA, Diego de Charras analiza el impacto de la reciente movilización y el rol crucial de la Corte Suprema. En diálogo con 4Palabras, destaca cómo la unidad del sector logró desarticular los discursos oficiales sobre el adoctrinamiento y las auditorías.

“La marcha fue un mensaje contundente, no solo para el Ejecutivo, sino también para el Poder Judicial, que hoy tiene en sus manos la decisión de ratificar la vigencia de la Ley de Financiamiento Universitario”, señala Diego de Charras, candidato a decano de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

Docente, investigador y actual vicedecano de esa facultad, De Charras considera que la universidad demostró que es una institución que convoca distintas banderas políticas y sectores sociales, incluso a quienes no forman parte de la comunidad universitaria pero “defienden a una institución que sigue siendo uno de los mecanismos de movilidad social ascendente de nuestro país y es orgullo en América Latina”.

 

¿Cómo se traduce en términos operativos? ¿Puede generar algún cambio de actitud del gobierno? 

En el gobierno no lo sé. Hay que decir que mostró un cambio de actitud con la primera marcha del 23 de abril de 2024, donde había recortado todos los gastos de funcionamiento y los volvió a recomponer, aunque luego se fueron licuando con el tiempo. Diría que en ese entonces fue con el único sector con el cual aceptó revisar sus decisiones. Pero con la licuación de salarios se mantuvo plantado siempre en una posición intransigente.

Pero el mensaje de la movilización del martes no fue tanto para el Poder Ejecutivo, sino para la Corte Suprema de Justicia, que tiene que terminar de definir la ejecución o no de la norma aprobada. Lo que está en juicio ahora es decir: ¿Estamos en un sistema republicano, en un Estado de Derecho, o estamos en una situación de anomia institucional? 

 

¿La salida es solo judicial? ¿Del Ejecutivo ya no esperan nada?

El gobierno ha demostrado una característica: siempre dobla la apuesta, ratifica sus posiciones y en muchas oportunidades va más allá, con declaraciones altisonantes y con provocaciones.

El subsecretario (Alejandro) Álvarez viene provocando a las autoridades universitarias día tras día. Sin embargo, cuando se le preguntó si iban a cumplir la ley si la Corte así lo ratificaba, dijo que sí. Pero creo que estamos en manos de gente que no está realmente en sus cabales.

 

En el caso de la Corte, ¿sí esperan un fallo favorable? 

Soy optimista. La Corte le ha hecho muchos favores a este gobierno y a otros gobiernos. Actúa políticamente, pero no es un actor delirante, como sí creo que en el Poder Ejecutivo hay muchas acciones y decisiones que realmente aparecen como irracionales. En el caso del Poder Judicial, no. Juega políticamente, pero no es irracional. Y tomar una posición contraria a la ley, sin una fundamentación muy, muy sólida, sería realmente problemático para la propia consideración social y política de la propia Corte. Creo que la Corte en eso no es suicida, pero quizás es un exceso de optimismo. Es una ley votada cinco veces, con dos fallos judiciales en primera instancia y en Cámara, por lo cual entendemos que lo que debería hacer la Corte es ratificar su vigencia. 

"Aparecen muchos estudiantes no militantes, no organizados, con muchas inquietudes, con muchas preguntas, acercándose a las autoridades, acercándose a los sindicatos, y con una comprensión bastante cabal de la situación y con una mirada crítica sobre las políticas del gobierno". Diego de Charras.

¿Qué otras acciones se pueden esperar desde el frente educativo, más allá de aguardar un fallo de la Corte? 

Lo que nos toca en este momento es una tarea de resistencia. Pero también debemos tratar de que la resistencia vaya generando creatividad, que no sea solo aguantar los golpes. Resistir y mantener encendida la llama al conflicto.

A quienes vivimos la resistencia al menemismo, sabemos que tiene una razón de ser. Puede tardar más o menos en cambiar el signo de los tiempos, pero a veces sucede, y tenemos que confiar en que hay que mantener encendida esa llama. No hay medidas mágicas, no hay resultados que sean solo una cuestión de causa-consecuencia.

En el medio hay un contexto social que votó a Milei buscando un cambio, pero sin saber con lo que se iba a encontrar, y hoy va sufriendo las consecuencias de un modelo que no viene, como se decía en 2023, a quitar los privilegios a la casta, sino que viene a ratificar los privilegios de una clase dominante, concentrada, y golpeando a la gran mayoría de la sociedad. Hoy está empezando a quedar en evidencia eso, y ese cambio de contexto también pone a las acciones de resistencia, a las acciones gremiales y políticas, en otro sentido. Le da otro valor.

 

¿Qué cambios observa desde que se inició el conflicto a principios de 2024 hasta hoy? 

Desde el inicio del conflicto hubo una cantidad de aspectos interesantes para destacar. En principio, el Frente Sindical Universitario empezó a actuar en conjunto y fue un elemento muy oxigenador para un sistema universitario que siempre tuvo sus diferencias, sus grietas. Ese proceso de unidad desde 2024 en adelante fue muy auspicioso. Hubo momentos de retroceso también, pero creo que en esencia se mantuvo.

Hubo algún momento también de cierta grieta entre el Consejo Interuniversitario (CIN) y la UBA, por ejemplo, y eso también se fue saldando. Eso no significa que no haya diferencias, pero hoy fueron puestas de lado, están subsumidas en este proceso de resistir el embate del gobierno. 

 

¿Y en términos comunicacionales?

La comunicación de las universidades fue mejorando mucho, tanto desde la UBA como desde el sistema universitario en general se fue logrando mayor claridad en discutir los argumentos bastante banales del gobierno, pero que venían mostrando efectividad. El Ejecutivo arrancó con una batería de argumentos vinculados con el adoctrinamiento, las auditorías, los gastos de estudiantes extranjeros y cuestiones con las que siguen, pero que quedaron girando en falso y que ya no generan empatía. 

 

Si uno mira el frente opositor político, hoy está no solo disperso, sino que hay situaciones crecientes de tensión. ¿El frente universitario sí está sólido? 

El frente universitario está logrando algunas capacidades para integrar espacios, frentes o banderías políticas diferentes que, quizás en un exceso de optimismo, puede ser la antesala de algunos procesos de integraciones que luego se manifiesten en el plano de la política nacional. 

Estamos en un proceso electoral en la UBA, por ejemplo, y los resultados electorales han demostrado mucha capacidad de integración de actores diferentes, y eso se viene sosteniendo. Espero que empiece a manifestarse de un modo similar en la política nacional, donde hoy están primando ciertas grietas y una balcanización del frente opositor, que tiene que encontrar vías de salida para integraciones que sean racionales y que permitan poner frente a este gobierno un armado coherente que convoque a sectores muy amplios. La radicalización no es la salida. 

 

¿Se observa compromiso del estudiantado en general –y no solo en la militancia– en defensa de la universidad pública?

Hay una conciencia bastante clara. Tuvimos, de hecho, una columna enorme de la facultad esta semana, donde aparecen muchos estudiantes no militantes, no organizados, con muchas inquietudes, con muchas preguntas, acercándose a las autoridades, acercándose a los sindicatos, y con una comprensión bastante cabal de la situación y con una mirada crítica sobre las políticas del gobierno.

Algunos temían que las elecciones en las facultades pudieran dar como resultado un crecimiento importante de los libertarios, puesto que en 2023 había sido la juventud uno de los actores fuertes de la extrema derecha. Pero en la UBA eso no se manifestó. Con alguna excepción, en la mayoría de las facultades se mantuvieron muy bajos. Los resultados son favorables a las fuerzas que defienden a la universidad. Y el electorado acompañó a quienes que tienen la capacidad de constituir frentes y de englobar a distintas perspectivas.

 

4Palabras

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