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Cumbres borrascosas seguirá sobreviviendo 

Llegó a las salas una nueva adaptación de Cumbres borrascosas de Emily Brontë. a cargo de la directora Emerald Fennell (Promising young woman, Saltburn). La nueva interpretación del clásico escrito en 1847 despertó intensos debates desde que se hicieron los primeros anuncios de producción y renueva la pregunta por el alcance de las licencias creativas.

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Cuando aparecieron las primeras imágenes de la película, se supo que Emerald Fennell apostaba por una sensibilidad pop deliberadamente alejada de una recreación de época convencional, con música original de Charlie XCX, ropas con telas de látex y un afiche con una gráfica hollywoodense clásica. Pero lo que llamó más la atención fue el énfasis erótico, con imágenes que sugerían guiños a prácticas sadomasoquistas. Como demostró en Saltburn, Fennell no es tímida en su búsqueda de una representación shockeante de la sexualidad, con golpes de efecto que coquetean con la repulsión.

En el texto original, el amor entre Heathcliff (Jacob Elordi) y Catherine Earnshaw (Margot Robbie) es ciertamente obsesivo y pasional, pero estrictamente casto en la superficie de lo dicho. Sólo el dispositivo de la narración poco confiable -el relato lo lleva adelante una criada- podría abrir una puerta a la imaginación. “Hay una versión que yo recuerdo haber leído que no es del todo la real. Y hay una versión en la que me hubiera gustado que pasaran cosas que nunca pasaron. Así que es y no es Cumbres borrascosas. Realmente, diría que cualquier adaptación de una novela, especialmente una como esta, debería llevar comillas”, explicó la directora al ser consultada por el uso de este signo de puntuación en el título. 

Es que ese detalle había encendido un rumor sobre una posible versión metatextual, en la que en la que las imágenes del trailer tal vez eran las fantasías del personaje de Robbie, que ya no sería la Catherine que conocemos, sino una lectora del libro. La especulación había mantenido en vilo a algunos puristas ya dispuestos al boicot desde el momento en que se anunció el casting en 2024 y empezaron las primeras polémicas.

En el caso de Margot Robbie (también productora del film), lo que se criticó era la edad de la actriz, que tiene treinta y cinco años mientras que su personaje Catherine es apenas una adolescente en la novela. Si lo de Robbie podía ser una licencia más o menos aceptable, el casting de Elordi -quien ya había colaborado con Fennell en Saltburn- despertó la indignación por otros motivos. No eran sus credenciales actorales las que estaban en cuestión (Elordi brilló en la serie Euphoria y está actualmente en carrera para ganar su primer Oscar por Frankenstein), sino porque se trata, una vez más, de un actor caucásico interpretando al personaje de Heathcliff.

En la novela, se describe a Heathcliff como “gitano” y se dan ciertas indicaciones de su piel de tono oscuro. Las descripciones son ambiguas y es difícil saber a qué etnia imaginó Emily Brontë que pertenecía su personaje porque, muy posiblemente, ni siquiera ella tuviera en mente esas precisiones. Lo que es claro en el texto es que el color de piel de Heathcliff permea las percepciones de todos los personajes que lo circundan, es el elemento que lo señala como un paria y la razón por la que su hermano postizo Hinley -ausente en la versión de Fennell- decide quitarle el favor que le había dado su padre y reducirlo a la condición de criado cuando queda como amo de la casa. 

En un artículo del diario británico The Guardian escrito por Hattie Crisell, la autora propone otra lectura según la cual este enfoque de pasionalidad desbocada tal vez sea una reacción frente a un mundo de las citas contemporáneo que se percibe cada vez menos satisfactorio. Mientras que se pone de moda el celibato voluntario y se habla de una recesión sexual en el mundo, Fennell pareciera querer poner en valor las fantasías hormonales de su adolescencia.

La posición relegada de Heathcliff, sumado a su incierto origen, son el obstáculo primordial para que su romance con Catherine quede condenado. A partir de entonces, la novela estará marcada por ese amor frustrado y un plan de venganza que arrastrará a todos los habitantes del pequeño mundo de Cumbres Borrascosas y sus vecinos. Sin embargo, esa característica física del personaje ha sido notoriamente dejada de lado en las sucesivas adaptaciones cinematográficas. Una excepción fue la adaptación de 2011, en la que el actor afrobritánico James Howson interpretó al atormentado Heathcliff. Para los activistas antirracistas, la versión de Fennell se trata de un nuevo ejemplo de invisibilización. 

Al ser consultada por este tema, la directora defendió el casting de Elordi como parte de su visión autoral. El actor, al parecer, era idéntico al Heathcliff de la portada del ejemplar que había leído Fennell a los catorce años. La declaración echa luz sobre el punto de partida que parece explicar todas las decisiones de la directora y guionista.

Más allá del romance, Cumbres borrascosas es un texto en el que prima la violencia, los traumas generacionales y lo que podría traducirse como una crítica al sistema de clases. Es una novela gótica, con una casa situada en un páramo desolado y habitada por una presencia fantasmal. El único rayo de luz aparece al final, cuando la lectura se convierte en el medio que encuentran dos personajes para resistirse al sometimiento, algo que, sin duda, tiene mucho que ver con la biografía de las hermanas Brontë.

Muy poco de esto parece haber sobrevivido en la versión de Fennell, regida por la estética y el concepto de la obsesión como eje, con una campaña de promoción que se ha encargado de presentarla como una película “hot”.

Para algunos críticos, la erotización de un romance como el de Catherine y Heathcliff, que hoy no se dudaría en calificar de “tóxico”, parece una oportunidad perdida para reivindicar la crudeza y los matices del relato original de Brontë. En un artículo del diario británico The Guardian escrito por Hattie Crisell, la autora propone otra lectura según la cual este enfoque de pasionalidad desbocada tal vez sea una reacción frente a un mundo de las citas contemporáneo que se percibe cada vez menos satisfactorio. Mientras que se pone de moda el celibato voluntario y se habla de una recesión sexual en el mundo, Fennell pareciera querer poner en valor las fantasías hormonales de su adolescencia.

De alguna manera, podría decirse que la versión de Fennell tiene algo de un espíritu de la escritura fanfic, con la misma una omnipotencia para tomar un texto y moldearlo de acuerdo con los propios deseos. No será, sin duda, para gusto de los fieles seguidores de la novela y probablemente la oscuridad del original sorprenda a quienes decidan leerla después de ver la película. Pero, como todo clásico, Cumbres borrascosas, seguirá sobreviviendo.

 

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