China se consolida como el principal socio comercial de la Argentina
Por tercer mes consecutivo, el gigante asiático lideró los destinos de los barcos enviados desde nuestro país. Pero Brasil aún sigue en punta en el acumulado anual. La guerra comercial global, la demanda de soja y el impacto de las retenciones cero. Realidades que se imponen más allá de las arengas ideológicas.
- diciembre 23, 2025
- Lectura: 3 minutos
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El tablero del comercio exterior argentino acaba de entregar una foto que, bajo la superficie de los números fríos, revela una trama de pragmatismo, tensiones globales y una ventana de oportunidad que la Argentina no dudó en capitalizar pese a su alineamiento ideológico con la administración de Donald Trump. En noviembre, la Argentina ratificó un cambio de guardia en sus alianzas comerciales: por tercer mes consecutivo, China desplazó a Brasil como el principal destino de los barcos cargados con producción local.
Este hito no es un hecho aislado ni puramente inercial. Es el resultado de una carambola de tres bandas donde se mezclan la guerra comercial entre Washington y Beijing, la urgencia recaudatoria y el impacto de la eliminación temporal de retenciones.
El dato que más resuena en los despachos oficiales es el crecimiento desestacionalizado del 12,8% en las exportaciones. Pero para entender el “cómo”, hay que mirar hacia el campo y, específicamente, hacia los porotos de soja. China, en su pulseada arancelaria con los Estados Unidos, decidió diversificar su canasta de proveedores. En ese ajedrez, la Argentina se convirtió en una pieza clave: el gigante asiático absorbió más del 90% de las exportaciones de poroto de soja argentino en noviembre.
Pero hay un componente doméstico que explica la magnitud del salto. No todo fue demanda externa. Hubo mucho de ingeniería fiscal. El “efecto retención cero” —aquella ventana abierta en septiembre— todavía derrama sus beneficios en las estadísticas del INDEC. Como bien señalan analistas del IIEP y de consultoras como LCG, los embarques de noviembre son, en gran medida, la materialización física de ventas que se declararon bajo el amparo de aquel cupo sin impuestos. La soja aportó u$s2.229 millones al superávit, una cifra que triplica el promedio mensual del resto del año.
Al considerar el acumulado de 2025, Brasil continúa siendo nuestro principal comprador, aunque pierde participación (-4,8% anual). En contraste, se destaca la expansión de China como destino (+57,4%), junto con EEUU (+26,4%) e India (+45,7%), según el informe de LCG.
China, en su pulseada arancelaria con los Estados Unidos, decidió diversificar su canasta de proveedores. En ese ajedrez, la Argentina se convirtió en una pieza clave: el gigante asiático absorbió más del 90% de las exportaciones de poroto de soja argentino en noviembre.
Más allá de la frontera agrícola
Aunque la soja es el corazón del informe, la dinámica de noviembre mostró otros brotes de competitividad, algunos de ellos forzados por el contexto internacional. La industria del aluminio y el acero, por ejemplo, encontró un alivio en la eliminación de retenciones locales para compensar las barreras arancelarias impuestas por la administración estadounidense.
Incluso en la carne, el escenario es paradójico: mientras Brasil —nuestro socio histórico en el Mercosur— sufre aranceles del 50% para entrar en ciertos mercados, la Argentina logra colarse por esa grieta de precios, mejorando sus envíos tanto a China como a los propios Estados Unidos.
En la vereda de enfrente, las importaciones mostraron una caída del 6,9% respecto a octubre. Esta retracción no debe leerse solo como una falta de demanda, sino como el fin de la «fiebre importadora» de los meses previos. Tras las elecciones y con la incertidumbre cambiaria algo más sosegada, las empresas dejaron de adelantar compras.
El superávit de noviembre es un respiro necesario para las reservas del Banco Central, pero deja interrogantes sobre la sostenibilidad del modelo hacia 2026. Este “récord histórico” de exportaciones se apoya en pilares volátiles: una guerra comercial ajena y beneficios fiscales internos de carácter transitorio.
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