Austria: con táctica para hacer goles con o sin pelota
Un rival que tiene un técnico que jugó a la pelota pero nunca pudo debutar en primera. Los jugadores tienen todos apellidos alemanes, impronunciables.Tácticamente será la escuela austriaca de la economía futbolera contra el colectivismo de la escaloneta, iluminado por destellos de genialidad y endulzado por las ganas de llenarle la canasta austríaca.
- diciembre 13, 2025
- Lectura: 3 minutos
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El lunes 22 de junio del año 26, a eso de las dos de la tarde, la Selección Argentina se enfrentará –por primera vez en un mundial– con Austria, en el Dallas AT&T Stadium. Será el segundo partido del grupo J y esperamos no sea un embole, pensando que el último partido es con Jordania y que con el empate estamos bien. Más, si tenemos en cuenta alguna historieta al menos rara del equipo europeo en España 1982.
Por primera vez en 28 años, Austria regresa a una Copa del Mundo. Se clasificó como líder invicto del Grupo H, en las Eliminatorias de la UEFA, con 19 puntos en 8 partidos. El técnico es un tal Ralf Rangnick. El tipo es alemán, cosa que suele pasar ¿no? Alemanes que son austríacos y austriacos que son alemanes.
Jugó a la pelota, pero nunca pudo debutar en Primera División como futbolista, como casi todos los seres humanos. Por eso, arrancó de técnico en las juveniles del SSV Ulm 1846, después fue al SSV Reutlingen, al VfB Stuttgart, para debutar en la Bundesliga. Se fue al Schalke 04, Hoffenheimy RB Leipzig (parecen todos nombres de submarinos). Consiguió tres títulos en el Schalke. Fue técnico interino del Manchester United, hasta el final de la temporada 2021/22, donde tuvo varios roces con Cristiano Ronaldo. Bien ahí.
¿Y quiénes juegan? Un tal David Alaba, que es el capitán, referente y defensor del Real Madrid. Los que miran fútbol europeo dicen que es rápido y le pega bien. Tiene 33 pirulos. Konrad Laimer, mediocampista del Bayern Múnich, juega de todo, pone ganas y es un intenso. Marcel Sabitzer, del RB Leipzig, es creativo y hace uno que otro gol. Marko Arnautović, es delantero del Estrella Roja y máximo goleador histórico de Austria con 47 goles, pero tiene 36 añitos ya.
Austria jugó ocho mundiales (1934, 1954, 1958, 1978, 1982, 1990, 1998 y 2026). Una linda historia es que, en los cuartos de final del 54, le ganó al local, Suiza, por 7-5, pero en semifinales se le ablandó la milanesa y perdió 6-1 con la extinta República Federal de Alemania.
Pero mirá lo que son las cosas. En el mundial 1978, de Argentina, los austríacos se tomaron revancha de los denominados –por aquellas épocas– alemanes federales ganándoles 3 a 2 y terminaron en el séptimo puesto.
Pero esto no es todo, en esa relación tan intensa entre alemanes y austriacos. Cuatro años después, en el Mundial de España, compartían grupo casualmente con Argelia y Chile. En la última fecha, Argelia le gana a Chile y queda con cuatro puntos y cero goles a favor: Solamente un resultado podía clasificar a Alemania Federal y Austria: la victoria germana por un gol.
¿Y qué pasó? Obviamente. A los diez minutos, Horst Hrubesch marcó el gol que ponía a su equipo primero en la zona, empatado en cuatro puntos con Austria y Argelia. La diferencia de gol dejó afuera a los argelinos. El fraude fue total. Se prestaron la pelota durante ochenta minutos, en medio del estupor de los periodistas de ambos países que transmitían el partido.
Al día siguiente, El Comercio, el diario de Gijón, no incluyó la crónica del partido en el suplemento dedicado al Mundial, sino en sus páginas de policiales. Junto con las noticias de robos a una joyería y a una ferretería.
Ahora parece que la picantearon porque después del sorteo de Norteamérica. La Federación Austríaca de Fútbol subió una publicación a las redes sociales mostrando los rivales del grupo y resulta que el escudo argentino tenía dos estrellas y no tres. ¿Culpa del CM?
Hablando en pesetas. Para llegar a Austria desde nuestro paisito se puede tardar hasta 20 horas con 45 minutos en avión. Según Wikipedia es un país de habla alemana de Europa Central. Viena, es su capital y tuvo entre sus residentes a Wolfgang Amadeus Mozart, Johann Strauss y Sigmund Freud (omiten olímpicamente a Adolf Hitler).
Es miembro de la Unión Europea, fundador de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Hace bocha que conformó el imperio austro-húngaro, ese que terminó con la primera guerra mundial. Los nazis se la anexaron en la segunda guerra y la “liberaron” los aliados en el 45. Desde el año 55 del siglo pasado es una democracia representativa con gobierno parlamentario. Un café en un bar de Viena anda entre los 3.5 y los 4.5 euros. Algo así como 7,535 monedas de un peso.
Resulta que al electo por el voto popular muchacho de campera de cuero que ocupa la Casa de Gobierno en nuestro país, le gusta fuerte y dice inspirarse en la escuela austriaca de economía, que básicamente es una corriente de pensamiento que surgió en a finales del siglo XIX, con Carl Menger, centrándose en la acción individual, la subjetividad del valor y el rechazo a la intervención estatal, defendiendo mercados libres y de propiedad privada, enfatizando el individualismo metodológico y las crisis por manipulación monetaria. Sus mejores jugadores fueron Carl Menger, Ludwig von Mises y Friedrich Hayek, Eugen von Böhm-Bawerk, Friedrich von Wieser, Murray Rothbard y Jesús Huerta de Soto. Todos garcas marca cañón.
Desde este rinconcito cuatropalabrista vamos a querer creer que el equipo de Lionel Scaloni, se basa en el juego colectivo. Con tiki-tikis de larga duración, ayuda permanente al compañero, relevos coordenados y una intensa búsqueda de potenciar a cada uno de sus futbolistas con la colaboración de los otros, momentos de intensas presiones colectivas, y otros donde sí hay que aguantar se aguanta.
Todo bien endulzado y espolvoreado por las palabras del payasito Pablo Aimar y el temple y equilibrio de Walter Samuel y Roberto Ayala. En vías de hipotetizar podemos arriesgar que el técnico se maneja en un centralismo democrático. Con un núcleo duro, solidario, que es el corazón de la idea del equipo y anillos que lo recubren, con jugadores que se van acercando al pensamiento central y aportando variantes, según sea necesario.
Entonces que arrastren nomás su individualismo por el campo de juego. Que duerman el sueño de la propiedad privada de la pelota. Que se sepan libertos a la hora de tomar decisiones que enfrente van a tener un cuadro colectivista, como para que el que habita la Rosada se arranque las neuronas.
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