Alex Roig: “Hay una relación profunda entre la incomprensión de lo real del progresismo y la emergencia de los neofascismos”
El sociólogo e investigador habló con 4Palabras sobre su último libro “Algo no encaja acá. Sobre los monstruos de la sociedad presente” en el que analiza la emergencia de una nueva subjetividad: la del desencaje. Elabora una serie de críticas al progresismo, al considerarlo uno de los responsables de la emergencia de la derecha en nuestro país. Al mismo tiempo, se pregunta sobre cómo encontrar un sentido a la política desde un orden emancipatorio.
- febrero 7, 2026
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Alex Roig plantea en su nuevo libro, Algo no encaja acá. Sobre los monstruos de la sociedad presente, un nuevo paradigma para comprender las mutaciones económicas, políticas, simbólicas y afectivas que atraviesa el mundo contemporáneo con el fin de sentar las bases para imaginar nuevas formas de acción orientadas hacia una transformación emancipatoria.
Alexandre Roig es doctor en Sociología Económica del Desarrollo por la Escuela de Altos Estudios Sociales de París (EHESS). Fue secretario académico y de Extensión Universitaria de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM). Allí cofundó el CUSAM, centro universitario en la cárcel. Entre 2021 y 2023 fue presidente del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES). Desde la finalización de su mandato trabaja por el desarrollo y la formación del sector cooperativista y mutualista.
En diálogo con 4Palabras, Roig habla sobre la necesidad de abordar las problemáticas actuales desde una teoría social que integre los diferentes órdenes de la vida. También hace referencia a la nueva subjetividad de los trabajadores y plantea una dura pero constructiva crítica hacia el progresismo.
¿Cuál fue tu objetivo a la hora de escribir el libro?
Busqué interpretar el estado de situación actual y el desasosiego que produce. La interpretación que proponemos es que hay un desplazamiento en la forma en la cual se constituye actualmente la subjetividad de los trabajadores, en el sentido de que la explotación no funciona como categoría para interpretar la realidad de los trabajadores.
El concepto de exclusión, con el cual siempre estuve en desacuerdo, no tiene capacidad de entender la relación de trabajo. El punto central del libro es que todos trabajamos. No hay nadie que esté fuera del trabajo. Entonces, si nadie está afuera del trabajo, salvo algunos privilegiados, si la exclusión no es una categoría significativa, y si la explotación dejó de ser una categoría explicativa, entonces, ¿cómo podemos pensar la subjetividad del trabajador?
A esa pregunta respondimos a través de, en primer lugar, un proceso de investigación sociológica que lleva más de veinte años; desde una investigación en la cárcel; y desde un conjunto de investigaciones sobre la economía popular. Es un punto sociológico fundamental estudiar espacios sociales donde las instituciones están prohibidas o están diluidas, la cárcel es un lugar donde está prohibido el dinero pero circula dinero, eso nos permite entender el problema del valor, y la economía popular es un lugar que está negado socialmente como lugar del trabajo y sin embargo es un lugar donde todos los días se organiza el trabajo. Entonces, tiene un valor sociológico fundamental, además de tener un valor político particular.
Ese trabajo lo hicimos a lo largo de mucho tiempo, a través de una metodología que llamamos reflexividad comprometida, es decir, una manera de ser parte del proceso, como fue mi caso, son procesos colectivos, donde uno usa metodológicamente esa experiencia para producir datos científicos.
¿Qué es qué es lo que no encaja en la sociedad actual? ¿Cómo se expresa ese desencaje?
Abordar el problema de la subjetividad implica hacerlo desde muchas disciplinas y, a su vez, no pensar la subjetividad en el sentido común, de lo que me pasa a mí o pensarlo en un plano emocional.
El problema de las subjetividades tiene que ver con las formas en las cuales nosotros pensamos, sentimos, actuamos y nos posicionamos en el mundo económico, político, simbólico y sexo-afectivo al mismo tiempo. Hay un punto fundamental que es lo que llamamos el pensamiento liminal, en el sentido de estar siempre en la frontera de lo económico, lo político, lo simbólico, lo sexo-afectivo, no hay un orden más importante que otro cuando se produce una subjetividad.
Allí uno empieza a dibujar una especie de identikit de esa subjetividad contemporánea que llamamos desencajada es al mismo tiempo una nueva forma de gobierno y una nueva forma de construir cierta emancipación o liberación. Como siempre los procesos de dominación tienen adentro su propio proceso de emancipación.
Sería como en el caso de la cárcel que estudiamos. Un centro universitario dentro de la cárcel, en un dispositivo obviamente represivo, pero adentro hay un dispositivo emancipador. Pasa lo mismo en la subjetividad. Esa subjetividad en el plano económico se caracteriza por estar sometida a procesos de desvalorización permanente. ¿Por qué hay procesos de desvalorización? En el caso de la economía popular, porque no hay instituciones para discutir el valor del trabajo. La desvalorización del trabajo hoy en día es una experiencia casi generalizada para el conjunto de los trabajadores. Todos estamos de alguna manera atravesados por ese fenómeno. Los trabajadores en relación de dependencia también están atravesados por este proceso.
En el orden político tiene que ver con lo que llamamos proceso de despersonalización. Hay cada vez menos personalidades jurídicas que corresponden a nuestra experiencia en el plano de la subjetividad jurídica.
En el plano simbólico, eso me parece lo más complejo, tiene que ver con cierta desubicación. Es decir que los procesos de identidad ya no funcionan en el mundo del trabajo. Esto hace que al mismo tiempo sea difícil identificarse, pero también es difícil construir un devenir. Es una especie de flujo presente permanente, como una especie de flotación. No está mal no estar identificado si hay un devenir. Ahora, sí no hay ni identidad ni devenir, es un estado subjetivo muy particular, que es el que se está viviendo hoy colectivamente.
El cuarto punto es el plano de la forma en la cual se constituye el deseo. El de los dispositivos tecnológicos, que nos atraviesa a través de lo que llamamos la desublimación, es decir, la dificultad cada vez más creciente de constituir deseo. El deseo en muchos planos, deseo de saber, deseo sexual, deseo de justicia, deseo de encuentro, y eso es lo que Freud llama la desublimación.
Entonces, la caracterización de esa subjetividad desencajada es estar desvalorizado, despersonalizado, desubicado y desublimado. Esa caracterización no significa estar al borde del suicidio, sino que es una posición subjetiva que expresa tanto una forma de dominación como la potencialidad de una emancipación.
¿Qué responsabilidad le adjudicás al progresismo en la emergencia del desencaje?
Es muy importante entender la relación profunda que hay entre la incomprensión de lo real por parte del progresismo y las transformaciones sociales, y como eso genera condiciones para esta forma neofascista que estamos viviendo, que tiene que ver con esas nuevas extremas derechas que están gobernando en distintos países del mundo, incluyendo el nuestro.
El progresismo tiene una responsabilidad en varios planos. En primer lugar, por no haber entendido la modificación del mundo del trabajo y haber considerado fenómenos estructurales como fenómenos transitorios. El caso de la economía popular es un ejemplo de ello. Todo el progresismo se rasgaba las vestiduras porque en los barrios populares votaban a Milei, cuando durante años lo único que hiciste fue entregar planes sociales y no entender la estructura laboral, eso podía pasar.
Entonces los principales responsables de la desafección de una parte de los sectores populares del mundo progresista, es el propio progresismo porque no entendió la dinámica del trabajo, no la respetó y diría la humilló. El progresismo humilló gran parte de los trabajadores de los sectores populares diciéndole que eran transitorios, pero además tildándolos de indignos. Porque su imaginario es un imaginario de un regreso a la sociedad industrial de pleno empleo y todo lo que no correspondía a eso estaba mal.
Durante la pandemia once millones de personas solicitaron el IFE, que es casi la mitad de las personas en edad de trabajar. Con lo cual ahí una denegación de lo real, muy fuerte, en el mundo del trabajo.
En el plano jurídico el progresismo, no sólo en Argentina sino a nivel mundial, olvidó una cuestión fundamental del derecho, que el derecho es relacional, nunca es autorreferencial. Este punto es clave, uno tiene derechos laborales porque hay una relación con un patrón. Si no entendés las formas actuales de las nuevas formas patronales, no entendés esa relación. Si vos pensás que los trabajadores tienen derecho porque son trabajadores, como una especie de derecho esencial, estás equivocado, los trabajadores tienen derecho porque están explotados por alguien, porque hay una relación asimétrica, entonces los derechos compensan y protegen. Lo mismo pasa con los derechos humanos. No tenemos derechos humanos porque somos humanos, tenemos derechos humanos porque hay una referencialidad con una deuda, que puede ser la dictadura, el holocausto, etcétera. Siempre hay una relación. El progresismo incorporó la autorreferencialidad del derecho, la naturalidad del derecho. Se fue hacia el derecho natural y no al derecho relacional. Es un error garrafal. La declaración de derechos se vuelve puramente formal. El progresismo defiende derechos puramente formales. Al punto tal que deviene una perversión. ¿Cuál es la perversión progresista? decir: «Yo defiendo los derechos que vos no tenés», y eso se vuelve insoportable para gran parte de la población.
La tercera crítica tiene que ver con la trampa identitaria en el plano simbólico. Es decir, cuando estamos en sociedades donde la subjetividad está muy en flujo, se mueve mucho, pensar que esto lo vas a resolver a través de identidades es no entender la dinámica de la subjetividad contemporánea y la heterogeneidad de esa subjetividad. Hay algo del progresismo, sin asumirlo, que trata de atrapar la heterogeneidad social en identidades, y eso se siente porque no es genuino. Digo se siente porque hay algo de lo sensible que se pone en juego en esas cosas.
Lo último es la no comprensión de la dinámica tecnológica. Es decir, de las transformaciones societales que eso produce, de la pasividad frente a esos procesos. Y si te fijás del otro lado, lo que hizo la extrema derecha, es todo lo contrario, entendió eso e hizo de una falencia una potencia. Es un gran problema porque el progresismo se ha vuelto impotente por no entender lo real.
¿Qué relación existe entre el capitalismo de plataforma y los gobiernos actuales de estructura fascista?
El capitalismo de plataforma te garantiza trabajo en presente, pero no te garantiza futuro. Si vos tenés un auto, una bici, lo que fuera, mañana podés empezar a trabajar. Eso el capitalismo financiero stricto sensu no lo garantiza. El capitalismo de plataforma por ahora sí. Digo por ahora porque hay un momento también en que esto se satura y tampoco progresa. ¿Qué es lo que ven los capitalistas en perspectiva? La destrucción masiva del empleo, la dificultad en la organización del trabajo. El capital se retira de la organización del trabajo, por eso hay cada vez más autoorganización del trabajo. Si no profundizamos en formas cooperativas y mutuales de autoorganización del trabajo, nos vamos a quedar sin organizadores del trabajo.
El capitalismo industrial garantizaba futuro, el capitalismo financiero te hacía esperar, el capitalismo de plataforma tal vez te garantice el presente, pero no el futuro. Entonces, se produce sentido a través del odio al otro.
La relación entre el capitalismo de plataforma y la forma neofascista o protofascista tiene que ver con que para gobernar ese tipo de capitalismo necesitás un dispositivo de odio al otro. Esos dispositivos de odio al otro son beligerantes, tienen un devenir cada vez más bélico, porque la guerra es un productor de sentido. Dividen para reinar, a través de comunidades virtuales, mentiras, fake news, apuestas, odio al otro, radicalización.
En Argentina hay un montón de prácticas, actores y experiencias muy potentes que están obstruidas por una clase política que quiere representar y no expresar. Ese es el punto clave. Mientras no rompamos la lógica de la representación, funcionará el dispositivo protofascista de odio al otro.
Hacia el final planteás que en un próximo libro vas a abordar la pregunta por la posibilidad de construir una máquina de emancipación frente a esta nueva máquina de dominación. ¿Cómo conectar la vitalidad social con un proceso de transformación política?¿Cómo los desencajados encontramos un sentido a la política desde un orden emancipatorio?
En primer lugar, todo proceso de dominación conlleva su propia lógica emancipatoria.
En segundo lugar, como bien lo señala Álvaro García Linera, estamos en un tiempo liminal, es decir que las formas de dominación tampoco están del todo estabilizadas, pareciera que sí pero no es así. Entonces es raro armar una lógica emancipatoria cuando la lógica de dominación no está del todo estabilizada.
Tercero, hay que hacer el duelo de lo que movió gran parte de las fuerzas populares, de izquierda, nacionalista emancipadora, que es la idea de la dialéctica. Es decir, la idea que supone dos términos relativamente homogéneos, y que para ese universo de izquierda hay dos alternativas. La alternativa revolucionaria que es socializar los medios de producción o la alternativa reformista que es modificar las leyes y tener cierto dispositivo redistributivo, como plantea la socialdemocracia. Ahora bien, para mí hoy no funciona ninguna de las dos.
Lo que está en juego en la actualidad no es la propiedad de los medios de producción, sino el control de los medios de valorización, es decir cómo se valorizan las cosas. Eso incluye los medios de producción, pero los que nos dominan no necesitan ser propietarios para dominarnos.
Asumir que la dialéctica no funciona, y que el punto no es la propiedad de los medios de producción, sino el control de los medios de valorización, implica desarrollar nuevas instituciones. Esas nuevas instituciones no son el fruto de una reflexión de escritorio. No creo en los modelos de desarrollo, si creo en los modos de desarrollo, en el sentido de que uno toma modos existentes en la sociedad y los desarrolla.
En la sociedad argentina hay varias cuestiones que funcionan como soluciones o, dicho en otros términos, como máquina emancipatoria y que ya están en potencia en varios planos. En el plano de la organización estatal, de la organización pública. Uno de los errores del progresismo es haber reforzado la concepción liberal del estado separado de la sociedad. Salvo en algunos casos donde la sociedad participó dentro del Estado, como el caso del INAES. Eso es lo que nosotros llamamos democracia expresiva. Eso se expresa en las formas estatales, es decir en la participación explícita y efectiva de la sociedad.
Un segundo punto fundamental son las formas monetarias. Hay un problema fundamental a nivel global, que se expresa en estos días con la modificación del valor del oro y de la plata, está en crisis la moneda financiera, es decir, la moneda como autorreferencia. Hay que volver a monedas ancladas en la materialidad.
El tercer plano es tener instituciones laborales heterogéneas y adaptadas a la realidad del mundo del trabajo.
Cuarto, tener una definición al nivel de la inserción internacional que corresponda a los intereses reales de las regiones argentinas, no solamente la nación. Y así sucesivamente ir pensando algunas realidades que hay dentro de la sociedad que se potencian. O sea, no es un modelo de desarrollo, es un modo de desarrollo de realidades argentinas. En Argentina hay un montón de prácticas, actores y experiencias muy potentes que están obstruidas por una clase política que quiere representar y no expresar. Ese es el punto clave. Mientras no rompamos la lógica de la representación, funcionará el dispositivo protofascista de odio al otro. Lo que estamos atravesando hoy no es una crisis de los gobiernos progresistas, es la crisis de instituciones neoliberales administradas por los progresistas. Vivimos una crisis de 50 años. ¿Qué viene a hacer Milei? Viene a radicalizar instituciones en crisis, no a modificar instituciones. Viene a terminar el trabajo de la dictadura, de los 90, de todo ese proceso que nunca fue revertido institucionalmente, fue administrado. Gran parte de la población, para que se entienda bien, vive mejor bajo la administración progresista de las instituciones neoliberales. Pero no es una reversión de esas instituciones y lo que está hoy en crisis son las instituciones neoliberales.
Emanciparse significa modificar instituciones y los actores están. Esto no se hace con discursos sino a través de la modificación de un modo existente que transforma radicalmente una trama institucional.
4Palabras
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- Bernardo F Carnellifebrero 10, 2026 at 3:59 pm
Excelente aporte
Muy necesaria y enriquecedora la introducción de nuevas categorías conceptuales que puedan ayudar a un pensamiento crítico renovado a fin de poder abordar un análisis de la compleja realidad que nos atraviesa.
Invita a una pronta lectura del libro.
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Excelente aporte
Muy necesaria y enriquecedora la introducción de nuevas categorías conceptuales que puedan ayudar a un pensamiento crítico renovado a fin de poder abordar un análisis de la compleja realidad que nos atraviesa.
Invita a una pronta lectura del libro.