Cuidados paliativos pediátricos: el trabajo con pacientes oncológicos en el Garrahan
El hospital referente en salud pediátrica propone un abordaje que trasciende lo farmacológico para abrazar la integridad del niño y su familia. La experiencia de Mercedes “Meche” Méndez y el impacto de las terapias no convencionales. Un relato sobre la escucha activa y el desafío de acompañar el duelo.
- marzo 29, 2026
- Lectura: 5 minutos
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El tratamiento a los pacientes oncológicos que transitan patologías severas o limitantes para sus vidas requiere de una sensibilidad y una empatía a toda prueba. Más aún, si quienes se aproximan a la etapa terminal de su enfermedad son niños. El Hospital de Pediatría Juan Pedro Garrahan, -institución de referencia en América Latina- recibe niños de todo el país y en ocasiones, los tratamientos precisan de una internación que se prolonga durante meses, obligando a un reacomodamiento en el seno familiar difícil de sobrellevar.
Nacidos específicamente para el cuidado del fin de vida de la mano de la enfermera y médica Cecilia Sanders, los cuidados paliativos conforman una amalgama de terapias no farmacológicas (TNF) destinada a calmar los dolores de los chicos internados, producto de sus enfermedades -mayormente, cáncer- y de los efectos de la medicación, la respuesta mayoritaria de abordaje a las enfermedades terminales desde la medicina hegemónica.
Mercedes Méndez es licenciada en Enfermería y trabaja en el hospital desde hace 31 años. Su labor comenzó en el área de Neonatología donde asistió a prematuros extremos durante 11 años, continuó en el hospital de día del servicio de Oncología y desde 2007 forma parte del sector de Cuidados Paliativos, rama en la que se especializó. “En mi recorrido fui pasando por tres etapas. Yo amaba la neo en la que estaba pero sentía que los pacientes estaban muy invadidos. Había empezado a leer que había formas de ayudarlos para que pasaran toda la transición hacia el fin de vida aliviados, acompañados. En ese momento dudaba de si había mucho más para hacer, así que empecé a formarme”, relata la enfermera, a quien de manera afectuosa todos llaman “Meche”.
Apoyada en esta idea de cuidado y acompañamiento, Meche trabaja con terapias no convencionales como reiki, masajes, reflexología y terapia vibratoria a partir del sonido de cuencos tibetanos. El objetivo es acompañar en las distintas etapas “en las que podemos participar y por supuesto entender qué hacer si se acerca la etapa terminal de su enfermedad, cómo aliviar sus síntomas físicos y emocionales, qué palabras usar, como escuchar; en síntesis, cómo estar sin invadir”.
Méndez explica que esta especialidad tiene una característica muy marcada de cuidado muy delicado, de estar en un momento muy trascendental, tanto para la familia como para el niño. “Muchas veces estamos en el peor momento de sus vidas, cuando los chicos fallecen y aún así ellos nos reconocen como familia, por ese vínculo estrecho de haber asistido, acompañado, abrazado”, dice. Y reconoce que la presencia del equipo es efímera, pero es muy particular. “Los pacientes siempre nos asombran con las reflexiones que nos hacen, con lo que saben y creemos que no saben, cómo nos cuidan, cómo cuidan a la familia; en momentos muy críticos los chicos siguen cuidando a los padres, en esos momentos dejar que los niños permanezcan en su rol de niños y se dejen cuidar es todo un trabajo”, señala.
Un intercambio de experiencia humana
En la actualidad el campo que define el abordaje de los pacientes con enfermedades limitantes para sus vidas se ha extendido ampliamente. Así, los cuidados paliativos comprenden no solo los cuidados físicos sino los emocionales y psicológicos, cuidados integrales en los que la presencia de la enfermera juega un rol fundamental mediante la escucha activa, la atención, la compasión, la intimidad y el toque terapéuticos para explorar las necesidades psicológicas, psicosociales y fisiológicas del paciente.
Méndez retoma la concepción de escucha provista por Ramón Bachet, psicólogo español fallecido de manera reciente. La escucha no se traduce en el mero “poner el oído” sino que es una escucha con todos los sentidos puestos en el intercambio con el paciente, un intercambio integral y recíproco entre la enfermera y el paciente.
“El duelo es algo muy invisibilizado. Somos parte de una sociedad en la que se habla poco de la muerte, ni se trata. El no hablar de la muerte dificulta transitar el duelo”, dice Meche Méndez.
“La comunicación terapéutica tiene sus características propias; me estoy relacionando y vinculando con una persona y una familia a quienes, en muchos casos se les ha derrumbado toda la vida que tenían y no saben qué hacer, para dónde ir”, explica. Los niños y su familia sienten que lo que tenían hasta ese momento desapareció, no saben cómo hacerle frente y el trabajo que se va haciendo es acompañar, en la apariencia de la destrucción total en la vida de una persona, en esa amenaza que siente. “No implica en absoluto una bajada de línea, uno acompaña y va sugiriendo y va demostrando a las familias que pueden volver a construir un cuidado, un acompañamiento desde este nuevo lugar. Muchas veces, lleva todo un tiempo, no es de un momento a otro. La presencia sobre todo en enfermería suele ser muy terapéutica, no es una presencia del estar por estar sino un estar con el otro, dar cuidado, alivio, estar en silencio; uno va evaluando ese estar sin invadir”, dice la enfermera.
El enfoque holístico propuesto por quienes dedican sus horas a los cuidados paliativos se traduce en un tiempo/espacio emocionalmente demandante que requiere, también la delicadeza en el acompañamiento de la transición hacia el duelo. “Todas las etapas en las que trabajé tuvieron su parte maravillosa”, indica Méndez. Y agrega: “Esta es la que tiene una mirada más integral y es la que más me completó en lo personal desde muchos lugares; desde los cuidados, la trascendencia, la importancia de lo que uno hace”.
“Yo me siento feliz de haberme podido formar y desarrollar en esta disciplina; también en acompañar el duelo familiar. El duelo es algo muy invisibilizado. Somos parte de una sociedad en la que se habla poco de la muerte, ni se trata. El no hablar de la muerte dificulta transitar el duelo”, sostiene. En los últimos años se amplió el debate respecto a cómo acompañar las necesidades y cuidados que requiere una familia ante la muerte de un ser querido. Para Meche, es fundamental contar siempre con información, con estrategias y mucha presencia; sobre todo, entender que no se pueden establecer tiempos ni apurar etapas. “Yo los hago dibujar mucho a los chicos”, cuenta, que incorporó la escritura y el dibujo como medios de canalización de la experiencia de internación, sea cual fuera su resultado.
Meche guarda algunos mensajes de sus pacientes: “Los masajes son de ayuda, las charlas también”, “Cuando Mechi viene a relajarme para olvidarme del dolor que tengo y cuando termina de relajarme, me siento que estoy con un nuevo cuerpo, me siento tranquila”, “Cuando me hacen Reiki me relajo mucho. Me ayuda a respirar mejor. Me saca un poco la tristeza”. Postales de aquellos momentos que irrumpen el sufrimiento y cobijan, dando alivio.
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