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El negocio del silencio: el tráfico de bebés entre Bergés y Franicevich
Una "fábrica de identidades" que utilizaba la infraestructura médica para mercantilizar la vida. Cómo fue la mecánica del robo de bebés en Quilmes y en el Conurbano con el médico Bergés como pieza clave. En democracia, antes de la dictadura, se les decía a las madres que daban a luz en la clínica de Bergés que su bebé había muerto y los bebés se les vendían a familias que buscaban adopciones. El caso de Cynthia Di Pietro.
- marzo 23, 2026
- Lectura: 6 minutos
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Era un día común de 2016. Cynthia estaba esperando a un niño para darle apoyo escolar cuando el teléfono sonó y su vida cambió para siempre. Del otro lado de la línea, la voz pertenecía a la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI). Le avisaban que su adopción no era clara y que existía la posibilidad de que fuera hija de desaparecidos. Con el tiempo, la noticia se confirmó a medias: Cynthia era, efectivamente, una víctima de la apropiación, pero su origen había sido capturado por la red de tráfico civil liderada por la partera Anna Franicevich y el médico comisario Jorge Antonio Bergés.
Jorge Antonio Bergés fue una de las piezas clave del tráfico de bebés en el conurbano bonaerense. Sin embargo, su raid delictivo no empezó con la dictadura; fue el fruto de años de práctica junto a la partera Anna Franicevich en su clínica privada de la calle Mariano Moreno en Wilde. El esquema era una «fábrica de identidades» que utilizaba la infraestructura médica para mercantilizar la vida.
El modus operandi era claro. Durante la democracia, se les decía a las madres que daban a luz en la clínica que su bebé había muerto. En paralelo, esos mismos recién nacidos eran vendidos a familias a las que se les entregaba un relato prefabricado: «Es hijo de una mujer de 17 años que no lo quería y lo dio en adopción». Esta doble mentira servía para dos fines: anular la búsqueda de la madre biológica y lavar la conciencia (y la culpa) de los apropiadores, quienes creían estar realizando un acto humanitario. Para cerrar el círculo, los niños eran registrados con datos falsos en el Registro Civil, gracias a la influencia de Bergés.
El rol de la dupla era nítido: Franicevich era la entregadora, el nexo operativo que gestionaba los partos y las actas, mientras que el médico-comisario Bergés era quien garantizaba la impunidad policial y conseguía la «materia prima» de la red. Este sistema fue el ensayo general para lo que luego Bergés ejecutaría a escala genocida, integrando el robo de bebés al aparato represivo del Estado.
La mujer que busca su origen: el caso de Cynthia Di Pietro
Luego del llamado de la CONADI, la madre apropiadora de Cynthia terminó por confirmarle la sospecha: su padre se había encargado de «conseguirla» en la clínica de Bergés. Si bien su caso es previo al golpe de 1976, revela la estructura de engaño sistemático. A la familia de Cynthia le contaron la misma narrativa que a casi todos los que pasaron por esa clínica: «Tu madre tenía 17 años y no te quería».
En su búsqueda, Cynthia rescató testimonios de vecinos de la clínica de aquella época, quienes describían escenas de terror: gritos nocturnos, sábanas colgadas constantemente en la terraza para ocultar lo que pasaba dentro y mujeres bajadas a la fuerza de autos para ingresar al establecimiento. Bergés, el médico que debía proteger la vida, era el encargado de legalizar estos robos con su firma en actas de nacimiento falsas.
Franicevich era la entregadora, el nexo operativo que gestionaba los partos y las actas, mientras que el médico-comisario Bergés era quien garantizaba la impunidad policial y conseguía la "materia prima" de la red. Este sistema fue el ensayo general para lo que luego Bergés ejecutaría a escala genocida, integrando el robo de bebés al aparato represivo del Estado.
Aunque su examen en el Banco Nacional de Datos Genéticos dio negativo para los casos registrados de la dictadura, Cynthia tiene la certeza de su origen. «Yo no digo que me robaron la identidad, me robaron el origen. La identidad me la creé yo con mis decisiones. Pero me falta saber de dónde vengo. Si tuviera a Bergés frente a mí, no lo dejaría salir hasta que me dé todos los datos. Murieron todos con sus secretos», afirma con tristeza.
Existe un grupo llamado “Víctimas de Franicevich”, donde se nuclean aquellas personas cuya historia fue cercenada por la enfermera y el médico por redes sociales. Se estima que habría aproximadamente más de 200 apropiaciones documentadas por parte de esta dupla, aunque el número real podría ser mucho mayor.
Lamentablemente, solo una parte de este grupo podría obtener justicia plena: aquellos casos enmarcados como crímenes de lesa humanidad. Para quienes fueron apropiados bajo la red de tráfico civil en democracia, la hipocresía de la ley determina que sus casos han prescripto, dejando una herida abierta que el Estado aún no se anima a sanar. En estos tiempos de reformas, ¿ no sería importante reformar la ley evitando la prescripción de estos delitos?
Lautaro Belloni es sacerdote católico e integra el Grupo de Curas en la Opción por las y los Pobres. Docente de Filosofía y materias técnicas. Estudiante de la tecnicatura superior en periodismo y gestión de contenidos en ETER,
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