La pregunta por la dignidad humana y el PBI fantasma. El debate sobre la regulación: la prohibición del uso de los celulares en la educación. La necesidad de tomar precauciones ante la pandemia digital. ¿Qué es lo esencial? ¿Saber si del otro lado hay una máquina o una persona? ¿O bien un ser humano que se comporta como una máquina?
- marzo 10, 2026
- Lectura: 3 minutos
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La semana pasada causó cierta inquietud en Wall Street el último informe de Citrini Research sobre una probable “Crisis de la inteligencia global 2028” como consecuencia de la vertiginosa aplicación de la IA en el mundo productivo. En el informe, firmado por Alap Sha y James Van Geleen, anuncia el “crecimiento de la riqueza de los sectores tecnológicos mientras el salario se desploma”. En dicho proceso aparece un concepto nuevo: el “PBI fantasma”; es decir, indicadores nominales de crecimiento en economías que destruyen empleo y generan pobreza. Cualquier parecido con la era Milei no es pura coincidencia. La gran paradoja del pronóstico es que el mundo se aventura a una catástrofe producida por un “espiral de desplazamiento de la inteligencia humana” en provecho de las máquinas, en una aceleración del salto tecnológico que quiebra una tradición de adaptación más lenta de las sociedades, en particular, el capitalismo, entre finales de la edad media y la revolución industrial.
A diferencia de aquel que demoró cerca de 200 años, el despliegue de la “singularidad”, como la llama Ray Kurzweil en La singularidad está más cerca (2025), estaría produciéndose en menos de 50 años, desde la invención de los protocolos de internet en 1970 hasta la IA. Tengamos en cuenta, como lo señala Kurzweil, que en 2021 había en el mundo 24.000 expertos publicando aportes originales sobre IA, mal que le pese al gobierno argentino, que en este momento está desmantelando, gracias a sus políticas de desinversión, todo el sistema científico tecnológico argentino, palanca básica para el desarrollo de cualquier país que se precie; muy lejos de la estrategia definida por los norteamericanos que impulsaron en aquellos años 70 en Silicon Valley la revolución cibernética o los chinos cuando, a mediados de los años 80, apostaron por el conocimiento y la investigación, abandonando el movimientismo de la revolución cultural de Mao Tse Tung. Según Kurzweil estamos cerca de la sexta época tecnológica, a minutos desde la escala evolutiva de una fusión tecnológica que impulsa su aceleracionismo poshumanista.
Ansiedades, déficit de atención, adicción tecnológica, confirman desde la psicología y la pedagogía, que ante l a pandemia digital hay que andar precavidos. Demás está decir que las tecnologías son útiles, pero también los son la charla en un café, los paseos, los deportes. El celular en todas estas situaciones es, claramente, un obstáculo. Pero también un negocio. En el fondo se trata de repensar nuestra relación con la técnica, una relación, como sugería Heidegger, libre. Para eso habrá que determinar su esencia.
Regular o regular, that is the cuestion
¿Terminaremos todos trabajando para una máquina inteligente o la máquina funcionará con personas inteligentes a su alrededor?, se preguntaba Shoshana Zuboff en La era del capitalismo de la vigilancia en 2019. La respuesta es incierta todavía. Pero algunas pistas podemos encontrar en resoluciones recientes que quisiéramos analizar con los lectores. En la primera, impulsada por el senador de Unión por la Patria, Emanuel Gonzalez Santalla y la legisladora del GEN, Lorena Mandagarán, se prohíbe el uso de los celulares en el nivel primario de la Provincia de Buenos Aires que reglamentó recientemente la ministra Flavia Terigi. En el segundo caso, la resolución impulsada por la Ministra de Educación, Mercedes Miguel, de CABA, que regula los usos de los celulares para el nivel secundario. Está claro que no son medidas antitecnológicas, sino pedagógicas, ya que lo que establecen es la prohibición para cualquier uso que no sean estrictamente educativo. Antes que nos tilden de tecnofóbicos, señalemos, como ejemplo, que, si bien nadie está en contra del fútbol, ninguna escuela permitiría el uso de pelotas en el aula durante las horas de química o historia. ¿Tardamos mucho en resolverlo? Sí, quizás también, como lo hicieron otros países. Alemania lo hizo en 2023 y Finlandia en agosto del año pasado. Ahora, el gobierno español de Pedro Sanchez también sugiere regulaciones de este tipo para adolescentes más allá de la escuela. Ansiedades, déficit de atención, adicción tecnológica, confirman desde la psicología y la pedagogía, que ante la pandemia digital hay que andar precavidos. Demás está decir que las tecnologías son útiles, pero también los son la charla en un café, los paseos, los deportes. El celular en todas estas situaciones es, claramente, un obstáculo. Pero también un negocio. En el fondo se trata de repensar nuestra relación con la técnica, una relación, como sugería Heidegger, libre. Para eso habrá que determinar su esencia. ¿Es esta la de la disposición? ¿la del engranaje? Kurzweil sugiere que sí, y anhela desesperadamente la hibridación biotecnológica, aquella que resolvería el test de Turing: ¿hay una persona del otro lado? Lamentablemente para el propio Turing, respuesta dominante es “no nos importa (mientras consumas)”. Hasta principios del siglo XX ante aquella pregunta la respuesta era otra: no nos importa (mientras trabajes). Si fuera por nuestro querido Berti Benegas Lynch, la esclavitud seguiría rigiendo y los niños trabajarían desde los seis años.
La guerra y la paz de Trump
Si algo faltaba para confirmar el salto de escala de la evolución tecnológica, basta mirar la guerra desatada por Israel y Estados Unidos en Irán. Drones teledirigidos por IA, niebla digital sobre el suelo de Irán. Pero también la propia interna tecnológica en Estados Unidos, puesta en evidencia por Donald Trump retirando los servicios de la empresa Anthropic y su herramienta de lenguaje complejo como Claude, ante el rechazo de la firma al uso militar de la IA. En conclusión, como en ningún orden de la vida, lo técnico no es neutral. Finalmente, que me perdone Turing, lo esencial no es saber si del otro lado hay una máquina o una persona, sino si de este lado no hay un ser humano que se comporta como una máquina.
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