Argentina / 21 febrero 2026

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Clínica de la complejidad y amenaza a la rectoría estatal en cuidados de salud mental

Frente al avance de discursos que promueven la fragmentación de los cuidados, la medicalización del malestar y la privatización de lo común, este artículo defiende la rectoría estatal y la mirada comunitaria en salud mental. Una lectura imprescindible para entender que los desafíos no son sólo clínicos: son profundamente políticos.

Por Laura Finkelstein y Flavia Torricelli

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Con salud mental

Proponemos introducir interrogantes coyunturales sobre el campo de prácticas asistenciales en salud mental partiendo de un presente incierto y preocupante, hacia futuros debates. En controversias periféricas a la Ley Nacional de Salud Mental se suelen superponer y confundir dimensiones extra normativas: como las inherentes a planes y políticas sanitarias, a modelos de atención, gestión de programas y dispositivos y especialmente al campo de prácticas de intervención 

Recortando algunas características de procesos asistenciales, se advierte que, si bien la Ley se refiere al padecimiento mental en general, algunas disputas aludidas pueden enfocarse en particular a problemáticas severas. El noble afán por des estigmatizar el padecimiento psíquico no debiera hacer perder de vista las vicisitudes del ejercicio de una clínica compleja. Se requieren esfuerzos de comprensión para evitar que las distintas aproximaciones a un campo de complejidad multidisciplinar, teórica, epistémica y pragmática, se transformen en batallas con posicionamientos reduccionistas. 

Al acercar la lente hacia prácticas con quienes presentan crisis emocionales o padecimiento mental severo, se dirime un saber hacer en una clínica de la complejidad. En las prácticas de salud en general, suelen calificarse como complejos aquellos problemas que requieren abordaje interdisciplinario, y multisectorial, es decir cuando resulta insuficiente el accionar del sector salud y se articula con educación, justicia, desarrollo social. 

En salud mental, los problemas complejos aluden también a la escasez o carencia de recursos, de red sociofamiliar de apoyo y a la necesidad de continuidad de redes de cuidados coordinados. Tanto en abordaje ambulatorio como en la urgencia y eventual internación (y posterior externación) concebida como recurso excepcional, para una ínfima proporción de casos. Esto supone la gestión colaborativa de intervenciones entre diversidad de actores, con sus respectivas pertenencias institucionales. Al desafío de saber hacer en una clínica de la complejidad se añaden asignaturas pendientes, como gestionar interniveles y articular equipos de diversos subsectores insertos en sistemas sanitarios caracterizados hace tiempo por la fragmentación y superposición de dependencias y jurisdicciones.

Otros desafíos a futuro implican la reflexión sobre reclamos de usuarios y familiares, y condiciones de equipos profesionales intervinientes, con el telón de fondo del ajuste al sistema de salud pública, que desde un aparente segundo plano los determina y condiciona.

En salud mental, los problemas complejos aluden también a la escasez o carencia de recursos, de red sociofamiliar de apoyo y a la necesidad de continuidad de redes de cuidados coordinados. Tanto en abordaje ambulatorio como en la urgencia y eventual internación (y posterior externación) concebida como recurso excepcional, para una ínfima proporción de casos.

Usuarixs y familiares expresan inquietud ante dificultades en obtención de turnos, prestaciones, y acceso a la internación involuntaria, aun cuando el equipo tratante ha evaluado tal indicación. Resulta reiterada la afirmación errónea de que la Ley no la contempla. 

Urge también focalizar la atención hacia equipos profesionales incompletos o con déficit de cobertura en determinadas especialidades, como psiquiatría de adultxs e infanto juvenil, en efectores de distintos niveles de atención, con la consecuente sobrecarga en quienes ejercen la asistencia. Equipos caracterizados como desgastados, colapsados ante la presión asistencial y la reducción o eliminación de dispositivos de atención, y el pluriempleo. No hay profesiones retrógradas ni disciplinas reformistas per se, sino equipos situados asistiendo desde distintas perspectivas, posiciones, contradicciones y realidades laborales. Profesionales y equipos continúan apostando a conducir tratamientos posibles con efectos idóneos y de cuidado en medio de las dificultades e indiferencia. En territorios con presencia de problemas crónicos con y sin tratamiento, ante un horizonte epocal doloroso, con altos índices de violencias, consumo problemático, intentos y mortalidad por suicidio, desmembramientos familiares y desafiliaciones sociales. 

Se observa paradójicamente la simultaneidad del incremento de la demanda hacia abordaje de salud mental y discapacidad, la incorporación de población usuaria que perdió la condición de beneficiaria de obras sociales, o no la obtiene en su cobertura, con medidas de ajuste presupuestario. Desfinanciación que constituye un retroceso, un ataque insólitamente no solapado, sino proclamado, como en el Hospital Bonaparte, el desmantelamiento de diversos programas, y residencias formativas. Si alguna disputa adquiere centralidad actual es la defensa y la preservación del derecho a la salud de la población, del sistema público de salud mental, y la rectoría estatal como prioridad indiscutible.

 

Laura Finkelstein es Especialista en Psicología Clínica. Magister en Epidemiología, Gestión y Políticas de Salud, UNLa.

Flavia Torricelli es Doctora en Psicología UBA.  Docente e Investigadora UBA, UNLa

 

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