Acorralada por sus internas, la CGT convoca solo a marchar contra la reforma laboral y mira a la Justicia
Presa de su interna entre gremios duros y acuerdistas, la CGT definió contra la reforma laboral una movilización al Congreso para el próximo miércoles y le dio libertad a sus sindicatos de convocar a paros y huelgas sectoriales.
- febrero 6, 2026
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Ese fue el saldo de la reunión de la mesa directiva de la central obrera, cuyo desacuerdo quedó expuesto en el posicionamiento público que asumió el triunvirato compuesto por Jorge Sola, Cristian Jerónimo y Octavio Argüello.
“Esta no es una batalla que damos por perdida”, dijo en la conferencia de prensa Sola, del sindicato del seguro, al mismo tiempo que anticipó que la CGT buscará “incrementar cada vez más la protesta”. El plan de lucha que la central inició el 18 de diciembre “viene siendo estratégico” y se proyecta “a futuro”, en palabras de Sola, pero parece acotado ante la perspectiva que tiene el Gobierno en el Senado: su aprobación en general garantizada y un fuerte optimismo para darle media sanción también en particular.
Sola enumeró que la CGT planteó sus objeciones ante “más de 16 gobernadores y 35 senadores, 30 diputados y 50 intendentes”, además de “representantes de las PyMEs”, pero dejó al desnudo el resto del abanico político e institucional que acompaña al proyecto oficialista. Patricia Bullrich habla de “los 44” senadores –por los libertarios y todos los opositores aliados, menos los peronistas– que votarían la ley, mientras Diego Santilli se reunió y habló con gran parte de los mandatarios provinciales, incluyendo algunos peronistas como el pampeano Sergio Ziliotto.
La movilización para el miércoles fue la salida que encontró la CGT por arriba del laberinto. “Un paro no se construye en seis días y se cree que sería un fracaso”, planteó una fuente al tanto de las conversaciones de este viernes en Azopardo 802. En la mesa directiva solo los gremios más duros habrían llamado a un paro, como es el caso de los bancarios de Sergio Palazzo, la UOM de Abel Furlán y los Camioneros de Hugo Moyano. Como medida de presión, los metalúrgicos marcharon este jueves a Córdoba –donde el gobernador Martín Llaryora plantó a la CGT con una reunión– y harán lo propio el martes en Rosario; y Moyano lanzó una huelga por tiempo indeterminado en una planta de Coca-Cola.
La movilización para el miércoles fue la salida que encontró la CGT por arriba del laberinto. “Un paro no se construye en seis días y se cree que sería un fracaso”, planteó una fuente al tanto de las conversaciones de este viernes en Azopardo 802.
Hasta el miércoles próximo habrá distintos gremios que podrían decidir por su cuenta ir a un paro. Aceiteros y aeronáuticos, entre un centenar más de gremios chicos, se plegarían al posicionamiento más duro. Por fuera del espectro de la CGT, también quieren una posicionamiento más firme los sindicatos combativos de la izquierda, así como los piqueteros y los movimientos sociales de la UTEP.
Una de las dificultades para que la convocatoria a un paro sea contundente está en el sector del transporte, que tiene un diálogo abierto con el Gobierno. La Fraternidad de Omar Maturano acaba de aceptar una conciliación obligatoria que dictó el Gobierno ante un paro de trenes que estaba agendado para este jueves 5. A su vez la UTA tiene abierta una paritaria con las empresas de colectivos en la que la Casa Rosada también tiene voz.
Tras la reunión de la mesa directiva, varios de los popes de la CGT se encontraron en una cumbre aún más chica. Algunos allí fueron dirigentes como Omar Plaini (canillitas) y Gerardo Martínez (UOCRA, que tiene contacto directo con Santiago Caputo), además de los triunviros. “Lo importante es ir a la justicia”, plantean ahora en la central como meta final del plan de lucha: consideran que la presión callejera no es suficiente para frenar la reforma y que una declaración de nulidad en los tribunales sería el límite más concreto al Gobierno.
Sin firmeza en el plan de lucha, la CGT busca plantearlo en lo discursivo: “Rechazamos total y absolutamente el proyecto. Tiene un sesgo ideológico, ataca y cercena los derechos individuales y colectivos. Hay una fuerte transferencia de riqueza del sector trabajador al empleador. No se pretende modernizar el mundo del trabajo”, denunció Sola.
La reforma laboral acota el derecho de huelga en servicios esenciales, hay restricciones de las asambleas, impone la prelación de los convenios por empresa, limita la ultraactividad de los convenios y deroga estatuas de algunas actividades clave, como la del periodismo así como desfinancia el INCAA y afecta a otros organismos culturales.
El ala dialoguista de la CGT buscó no escalar el conflicto a la espera de que finalmente el Gobierno sí modifique otros aspectos clave de la reforma que golpearía el bolsillo de los sindicatos, como el recorte a las cuotas solidarias o la poda de la contribución patronal destinada a las obras sociales. Bullrich prometió cambios que se conocerían recién el miércoles en el recinto, tras un supuesto pacto de silencio con los senadores aliados. Los votos clave que necesita el Gobierno dependen de los gobernadores, que a su vez reclaman que no se modifique el impuesto a las Ganancias para recibir menos fondos en coparticipación.
Con la aprobación de la reforma prácticamente asegurada en el Senado, la CGT llega al miércoles atrapada entre la presión de su ala más dura, la cautela de los gremios dialoguistas y un escenario político adverso. La movilización al Congreso aparece así más como un gesto de unidad mínima que como una herramienta capaz de torcer el rumbo legislativo.
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