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Comarca Andina: el fuego aún no se apaga y los bosques tardarán un siglo en volver a crecer

El fuego en Epuyén y el Parque Nacional Los Alerces no está contenido. El biólogo Javier Grosefeld advierte que el combate aéreo -que cuesta en promedio seis mil dólares la hora- es complementario del “verdadero combate” que dan los bomberos y brigadistas. También pone el foco en la cuestión ambiental y en los enormes costos sociales: los proyectos de vida, las noches de insomnio, los daños psicológicos de la gente que combatió el fuego o que vio arder su casa. Se necesitan más de cien años para que estos bosques puedan restaurarse.

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Para el doctor en Biología e investigador del CONICET, Javier Grosefeld, una de las principales causas de la propagación del fuego en Chubut está vinculada con el manejo de la vegetación nativa y exótica. Para pensar en esto revisa la historia de Epuyén, El Hoyo, Foyel y otros pueblos en la Patagonia relacionados con la actividad ganadera y forestal y el propio crecimiento de las localidades, en las que se construía con madera. Esto, explica, se fue debilitando de a poco y se instauró la política de parques nacionales, con grandes áreas de superficie bajo conservación. 

Según Grosfeld, fue en esta transición cultural donde se perdió el “poco manejo forestal” que se tenía, lo que permitió que la vegetación creciera sin control año tras año. A este escenario se sumó la introducción de especies exóticas en las décadas del cincuenta y sesenta –principalmente pinos estadounidenses, arces, abedules y retamas– muchas de ellas con un alto potencial invasor.

También se sumó una política impulsada desde el Estado nacional para reemplazar con forestaciones de rápido crecimiento la madera que sacaban del bosque nativo. El problema, asegura, fue que hubo una “explosión” en la regeneración: especies que escaparon de esas plantaciones sin control. El investigador advierte que, si bien el pino actúa como un combustible crítico y extremo en zonas periurbanas, la vegetación nativa no está exenta de peligro: el incendio en Los Alerces, que recorrió 30 kilómetros en un día, demuestra que el exceso de bosque nativo es igualmente inflamable y peligroso bajo ciertas condiciones.

En diálogo con 4Palabras, se refiere a lo que podría hacerse para prevenir este tipo de situaciones, y acerca de cuánto tiempo y trabajo se necesita para volver a contar con un bosque. 

 

¿Hacia dónde deberían dirigirse los pocos recursos que se pueden administrar? 

En primer lugar, hay que pensar en qué se está invirtiendo ahora. Casi la totalidad de los recursos que hay se destinan al combate y la pregunta que nos podemos hacer es si efectivamente es eficiente esa inversión. Habría que analizarlo de manera integral teniendo en cuenta las consecuencias para la sociedad impactada, pero también para los ecosistemas, para los servicios ambientales. Y sobre todo tener en cuenta en qué se gastó esa plata. Lo que podemos ver es que el 90-95% del dinero disponible para el combate de incendios forestales, más allá de si es mucho o poco, si alcanza o no alcanza, se destina al combate aéreo, que nos cuesta un promedio de 6 mil dólares la hora. Y resulta que el combate aéreo es complementario del verdadero combate que es el que hacen justamente los combatientes en tierra. Que además de no tener condiciones laborales de estabilidad y de no tener una jubilación acorde, son pocos y están mal pagados. Son pocos para poder tener un ataque inicial temprano, eficiente, que en el 99% de los casos lo es, pero a veces tenemos situaciones que son muy particulares como la del factor 30: días que tenemos 30 grados, 30% de humedad y 30 km/h de viento, en los cuales cualquier chispa en seguida se transforma en un problema. 

Una vez que se desarrollan estos grandes incendios forestales, no tenemos la capacidad de combatirlos. Ahí ya no hay recursos que valgan. 

¿Qué es lo que se puede hacer para prevenir este tipo de situaciones? 

La prevención es de riesgo. Primero hay que tener en cuenta que la mayoría de la población en la Patagonia y los turistas, más allá de llamar al 103, no saben realmente qué es lo que tienen que hacer en caso de emergencia. No están señalizados los puntos de encuentro ni las vías de evacuación. En la emergencia todos nos desesperamos y si estamos preparados podemos tratar de que esa emergencia sea con menos costos, con menos riesgo para los combatientes también, que terminan dedicando mucha atención a la población civil. Necesitamos una comunidad que esté preparada, que sepa también qué es lo que tiene que hacer durante todo el año, porque lo que tenemos que empezar a hacer es a manejar el combustible del fuego, que es la vegetación que todos los años crece y crece alrededor de nuestras casas, en nuestras calles y hace que por ejemplo no tengamos viviendas defendibles ante el fuego, que no tengamos calles que sean vías de acceso factibles para los camiones de combate. Y hay que preparar el territorio también. 

¿En qué sentido?

Hay que poder ver cómo podemos empezar a poner fuentes de agua, cisternas en el territorio, en los lugares que ya sabemos que tienen un riesgo importante de prenderse fuego. Mejorar las vías de acceso. También poder limpiar los bordes de los caminos que están invadidos de vegetación. Cualquier pucho, cualquier vidrio, cualquier descuido puede hacer que eso sea un problema.

¿Cuánto tiempo puede tardar la reconstrucción de estas miles de hectáreas?

Tiene distintas etapas la restauración de un bosque. Ahora va a haber una etapa en la cual el suelo va a estar desnudo. Los incendios en el verano muchas veces nos permiten un cierto rebrote de las plantas durante el otoño, pero recién durante la primavera siguiente va a empezar a aparecer todo el elenco: primero las plantas colonizadoras, luego las plantas nativas a las que el humo les favorece su regeneración, luego lianas que van a cubrir bien el suelo, arbustos, y de a poquito, si hubo sobrevivientes, estas especies van a poder empezar a colonizar. Pero lo cierto, es que en tiempo humano, los bosques primarios que se quemaron de coihues y cipreses, necesitan entre 100 y 150 años para volver a tener más o menos su calidad. Ni hablar del Parque Nacional de los Alerces, de bosques centenarios. 

¿Cómo se pueden evitar los rebrotes ahora? 

Primero hay que contenerlo. Adentro va a haber un montón de rebrotes, porque son de miles de hectáreas. Hay un montón de árboles de troncos prendidos que los pocos milímetros que llovieron el fin de semana no alcanzaron para apagarlos. Pero si están dentro del perímetro y el perímetro está contenido, pueden arder sin propagar a ningún lado porque no hay combustible para ese fuego, porque ya se quemó todo. El tema es, primero, contener el fuego, que todavía no está contenido en ninguno de los dos casos, tanto en el incendio de Alerces como en el incendio de Epuyén. 

¿Se puede hacer un cálculo del costo ambiental de estos incendios?

El costo ambiental es muy difícil de calcular, y es un gran déficit no poder hacerlo. Solo para tomar una de las variables, podemos pensar en la biodiversidad que se perdió, en todo el carbono que se emitió, en todo el suelo que se va a perder y también podemos pensar en todos los servicios ecosistémicos que también se van a perder. Por ejemplo, la calidad del agua, que durante un par de años, hasta que se cubra de vegetación todo el suelo, va a estar afectada cada vez que haya precipitaciones. Eso repercute en el agua potable de localidades abajo, en el agua para la producción, en el agua para los animales. Después tenemos los costos productivos, tenemos los enormes costos sociales, que no son solo las casas que se quemaron, son los proyectos de vida, son las noches de insomnio con los costos psicológicos de la gente que estuvo combatiendo o que estuvo viendo arder su casa. Hay un montón de costos que nunca los terminamos de calcular. Solo sabemos que los costos operativos de ir a combatir un incendio forestal de esta característica pueden ir de 4 a 10 millones de dólares, la mayoría en medios aéreos.



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