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ONU 1945-2026 Q.E.P.D.
La invasión a Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro marcan el fin del Derecho Internacional. Ante Naciones Unidas herida de muerte, Donald Trump impone un nuevo orden global basado en la fuerza y la voluntad unilateral de Washington.
- enero 6, 2026
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- enero 6, 2026
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En la madrugada del sábado 3 de enero, Estados Unidos, con su invasión a la República Bolivariana de Venezuela, y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, y de su esposa Cilia Flores, ha arrojado al sumidero de la historia los últimos restos del derecho internacional que aún quedaban en pie. Más tarde, las declaraciones de Donald Trump firmaron el certificado de defunción de las Naciones Unidas. De ahora en más, por lo menos en el área de influencia de Washington, viviremos en un mundo “basado en reglas”. Las que dicte EE.UU., claro.
Por estos días se ha abierto un debate acerca de cómo fue tan fácil para Estados Unidos secuestrar a Nicolás Maduro, raptado por la Delta Force en una acción digna de Hollywood, a la que Trump calificó como “operación brillante” y sin que el sistema de defensa venezolano pudiera proteger nada menos que al líder máximo del gobierno chavista en su propia casa.
¿Maduro fue traicionado? ¿Era imposible sacarlo de esa manera sin la colaboración de altos mandos del chavismo? Ahora se agregan a esta controversia las primeras declaraciones de la presidenta a cargo de Venezuela, Delcy Rodríguez, quien ha invitado al gobierno de los EE.UU. “a trabajar conjuntamente en una agenda de cooperación, orientada al desarrollo compartido, en el marco de la legalidad internacional y fortalezca una convivencia comunitaria duradera”. La frase es interpretada por quienes afirman que Maduro fue entregado por los propios como la confirmación de que “algo hubo”.
No es un detalle menor saber qué pasó en la madrugada caraqueña del 3 de enero, pero en todo caso no es el análisis principal. Sí es buena materia prima para una miniserie que seguramente podremos ver en las plataformas de entretenimiento en un tiempo no muy lejano.
El 24 de octubre de 1945, 51 países ratificaron la Carta de las Naciones Unidas, heredera de la la Sociedad de Naciones, organismo con el que no se logró mantener la estabilidad internacional ni evitar la Segunda Guerra Mundial. Finalizada esta gran tragedia, Naciones Unidas definió una agenda para mantener la paz y la seguridad globales. Entre otros asuntos estaban la descolonización e independencia de países sometidos al coloniaje, la resolución de conflictos históricos, un estándar para la preservación de los Derechos Humanos a través de la Declaración Universal de Derechos Humanos de 1948, así como la configuración de un encuadre jurídico y una estructura de tribunales internacionales para resguardar el derecho internacional. Entre sus objetivos también se incluyó la protección de sectores altamente vulnerables -como la niñez y las poblaciones migrantes-, el Desarrollo Sostenible y la preservación del Medio Ambiente. Así, la ONU interactuó intensamente en la dinámica del mundo que surgió después de la derrota del nazismo alemán y sus aliados del Eje.
¿Alcanzaba con todo eso? Parece que no. A finales de los setenta, alguien advertía: “Se habla con frecuencia de los derechos humanos, pero hay que hablar también de los derechos de la humanidad. ¿Por qué unos pueblos han de andar descalzos para que otros viajen en lujosos automóviles? ¿Por qué unos han de vivir 35 años para que otros vivan 70? ¿Por qué unos han de ser míseramente pobres para que otros sean exageradamente ricos? (…) Unos países poseen, en fin, abundantes recursos, otros no poseen nada. ¿Cuál es el destino de estos? ¿Morirse de hambre? ¿Ser eternamente pobres? ¿Para qué sirve entonces la civilización? ¿Para qué sirve la conciencia del hombre? ¿Para qué sirven las Naciones Unidas? ¿Para qué sirve el mundo?”. Es un fragmento del discurso profético pronunciado por el comandante en jefe Fidel Castro Ruz, Presidente de Cuba y presidente del Movimiento de Países No Alineados, ante el XXXIV período de sesiones de la Asamblea General de las Naciones Unidas, efectuado en Nueva York, el 12 de octubre de 1979.
Más allá de eso, en estos casi ochenta años, se había consolidado la idea de que la ONU era un ente supremo, una institución rectora del orden mundial. Hasta el sábado pasado.
“Tras la acción en Venezuela ahora está completamente claro que la Carta de la ONU no funciona", declaró recientemente el presidente de Serbia, Aleksandar Vucic, para quien “el viejo orden mundial se está derrumbando y ya no rige ninguna regla". Se podrá decir más alto, pero no más claro. El sábado pasado hemos cruzado un límite del que no volveremos.
El día en el que cambió el mundo
Luego de algunos meses de acoso militar constante en el Caribe Sur, y de haber practicado tiro al pichón ejecutando extrajudicialmente, sin mostrar prueba alguna, a unas ochenta personas que navegaban en las supuestas “narcolanchas”, Trump dio la orden de invadir Venezuela y secuestrar a su presidente y su esposa. Asimismo, los militares estadounidenses hicieron buen daño a la infraestructura civil y dejaron una cantidad incierta de ciudadanos muertos. Entre los confirmados oficialmente está Rosa González, una mujer de 80 años, que se encontraba dentro de su vivienda al momento del bombardeo en Catia La Mar, una localidad costera ubicada al oeste del aeropuerto internacional de Maiquetía. Por su parte, entre el personal militar abatido hay 32 soldados cubanos, quienes, según Granma, “cumplían misiones en representación de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior, a solicitud de órganos homólogos del país sudamericano (Venezuela)”. Pero ya lo sabemos: este tipo de acciones siempre dejan “daños colaterales”. Todo esto fue ejecutado dejando absolutamente de lado los principios elementales del Derecho Internacional. Así, haciéndose encima de la Carta de la ONU, Donald Trump se ha autoproclamado emperador de la Tierra.
Para despejar toda duda, están sus declaraciones posteriores al asalto terrorista a Venezuela. En conferencia de prensa, para que escuche bien todo el planeta, el titular de la Casa Blanca fue claro: “Ayer a la noche bajo mis órdenes, las fuerzas armadas tuvieron una acción extraordinaria y de manera espectacular capturaron a Nicolás Maduro”. “Bajo mis órdenes” es la frase clave, pues el representante permanente de Washington ante la ONU, Mike Waltz, afirmó este lunes: “Esta fue una operación de aplicación de la ley». Está clarísimo: de la ley de Trump, el emperador, el mismo que adelantó: “nos quedaremos (en Venezuela) hasta que se produzca la transición adecuada”. Claro que quien decidirá qué es “adecuada” será él.
Envalentonado, el ahora oficializado mandamás planetario, dejó varias perlas: «Vamos a tener que hacer algo con México»; “Será mejor que se cuide el trasero” (en referencia al presidente de Colombia, Gustavo Petro); “Obviamente, tendremos que hablar de Cuba». Estas amenazas son recientes, porque ya conocemos su idea de hacerse con Groenlandia. Precisamente este domingo, recordó: «Necesitamos a Groenlandia, absolutamente». Bueno, vayan imaginando el mapa de los Estados Unidos Plus: al dibujo actual anexen los países mencionados, digo amenazados.
“El dominio estadounidense en el hemisferio occidental no volverá a ser cuestionado”, afirmó Trump. Parece que va en serio, pues el Departamento de Estado de EE.UU. ha publicado este lunes, en su cuenta de X, la imagen que ilustra esta nota. Claro que luego vendrá la fase del “Hemisferio ampliado”, donde caben Rusia, China, Irán, etcétera.
“Tras la acción en Venezuela ahora está completamente claro que la Carta de la ONU no funciona», declaró recientemente el presidente de Serbia, Aleksandar Vucic, para quien “el viejo orden mundial se está derrumbando y ya no rige ninguna regla». Se podrá decir más alto, pero no más claro. El sábado pasado hemos cruzado un límite del que no volveremos.
La ONU está siendo velada, ahora mismo, mientras estas líneas se escriben, a pesar de que a las exequias le han puesto el pomposo título de “reunión extraordinaria del Consejo de Seguridad”.
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