Argentina / 13 marzo 2026

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Crece la morosidad: el drama de las familias que se endeudan para sostener el hogar

El endeudamiento se convirtió en una carga insostenible para el presupuesto mensual de las familias. Los niveles de asfixia financiera solo se pueden comparar con los del 2001. Los registros muestran un deterioro en la capacidad de pago. La situación de las mujeres y el fenómeno de recrédito. Cómo impacta en la salud mental.

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Lo que comenzó como una estrategia para “estirar” el sueldo se transformó en una problemática estructural: el endeudamiento de las familias alcanzó su nivel más alto de los últimos quince años, desde que comenzó a medirse. Por fuera de la informalidad, a la letra chica de las financieras se sumó la facilidad con la que se toman los créditos personales con billeteras virtuales. Esa facilidad, hoy, es directamente proporcional a la dificultad para enfrentar los pagos mensuales. 

Según datos del Banco Central (BCRA), la morosidad se triplicó en un año en el caso de las billeteras virtuales: pasó del 7,4% en noviembre de 2024 al 20% en octubre de 2025. Es decir, dos de cada diez créditos otorgados por plataformas digitales no se pagan en tiempo y forma. Y una de las cuestiones centrales, es cómo se fueron modificando las razones del endeudamiento, es decir, para qué se toman los créditos de consumo. Se pasó de la compra de materiales para la construcción a financiar las necesidades básicas. En este contexto, se reforzó el fenómeno de recrédito o la deuda circular como estrategia de supervivencia: un espiral de intereses que empuja hacia una crisis terminal. 

Inés Peire, trabajadora social y co-Directora de la Asociación Civil Puertas Abiertas, observa este fenómeno a diario en la Ciudad y el área Metropolitana de Buenos Aires. «Desde 2024, los sectores populares se endeudan para pagar servicios básicos y alimentos», afirma. Según informes de Eco Data, las más afectadas son las mujeres de entre 30 y 45 años, especialmente aquellas con niños a cargo y que cargan con el peso de las tareas de cuidado. 

El fenómeno de recrédito o deudas múltiples, aparece también como uno de los ejes centrales para trabajar en territorio. Peire señala que “las familias suelen tener varias deudas, con tarjetas, aplicaciones, familiares o prestamistas, y suelen no tener claro cuáles priorizar”. Desde la asociación civil, realizan capacitaciones, generan grupos de pares o red de sostén, y gestionan pequeños microcréditos para iniciar o ampliar un negocio. “Dentro de estas capacitaciones notamos que la gran mayoría no tiene el hábito de hacer cuentas, muy pocas tienen un presupuesto familiar, y la mayoría se endeuda sin tener claro cuánto está pagando de intereses, cuánto va a pagar al finalizar el préstamo”, dice y explica que a muchas familias “les da temor y angustia” hacer los presupuestos familiares y poder mapear la situación de sus deudas. 

La falta de ingresos económicos, la falta de educación financiera, la sobrecarga en sus roles de cuidado y la falta de oportunidades en general son un combo que las deja expuestas a tomar deuda “de la mala”. Se trata de uno de los conceptos que trabajan en las capacitaciones: la diferenciación entre “deuda buena” y “deuda mala”. 

“La buena es aquella que me genera un activo. Por ejemplo, que se endeuden para comprar una herramienta que les permita trabajar más y mejor”, explica. En ese recorrido en el que acompañan a decenas de familias a “sanar” sus deudas, señalan que “a veces endeudarse es estratégico y te puede habilitar un crecimiento”, pero Peire destaca que “el problema está siendo el destino de esa deuda”, tanto como la desinformación sobre los intereses. “Muchas familias solo acceden a prestamistas informales que cobran tasas de interés altísimas y como el pago es diario a las familias les parece posible, pero al final el freezer que compraron les salió tres veces más caro que si lo hubieran comprado con tarjeta de crédito”, dice. 

Para la trabajadora social, la educación financiera “es super necesaria en todas las edades” y define que “sería maravilloso que se incorpore en las escuelas”. Aunque, por el momento, son que las organizaciones sociales están siendo punta de lanza en esto ya que muchas lo incorporan como parte de sus programas de desarrollo comunitario. 

Las emociones más frecuentes asociadas a la deuda son ansiedad, miedo, culpa, vergüenza y surgen porque la deuda “se vive como una amenaza constante”.

 

El impacto de las deudas en la salud mental 

El psicólogo clínico Mariano Rato advierte que el endeudamiento familiar genera estrés crónico, “como mínimo”, y que impacta en todos los miembros de la familia. Para Rato, la sensación de no poder cubrir lo básico y de estar siempre corriendo detrás de la deuda, alimenta la ansiedad, la irritabilidad y en muchos casos los conflictos con la pareja y con los hijos. 

Cuando las cuentas no cierran, la mente no descansa, aparecen dificultades para dormir, pensamientos repetitivos y una sensación de pérdida de control que definitivamente desgasta la autoestima y también la convivencia”, dice el psicólogo y afirma que esto lo saben muy bien las financieras y que “todas las empresas que ofrecen dinero se agarran justamente de este factor psicológico para prestar a alta tasa”. 

Según Rato, las emociones más frecuentes asociadas a la deuda son ansiedad, miedo, culpa, vergüenza y surgen porque la deuda “se vive como una amenaza constante”.

“Los psicólogos trabajamos en conjunto muchas veces con asesores financieros, con economistas, y la primera cuestión es que puedan reconocer esa situación, poder ponerlas en palabras, para luego establecer un plan realista”, explica. Así, establecen presupuestos, acuerdos familiares y objetivos pequeños que muchas veces hacen que la duda no se siga acumulando y que “la cosa no se pierda de control”. También a veces ayuda rodearse de personas que acompañan las decisiones de consumo más prudentes, porque en muchas familias lo que se da es que justamente el círculo en el que se mueven, el círculo de pertenencia, hacen que los gastos sean muy grandes. 

Por último, Rato señala que “es importante diferenciar responsabilidad de culpa” ya que muchas veces el endeudamiento se ve en contextos sociales y económicos que exceden la voluntad individual, entonces entender que hay factores como la inflación, la pérdida de empleo, la crisis económica, en definitiva, factores más colectivos, permite justamente aliviar la carga moral que las personas sienten. 

“Pedir ayuda, informarse, renegociar plazos, y sobre todo planificar para no repetir ese ciclo es clave”, dice. El psicólogo analiza que lo que sucede es que “muchas veces reconocer la deuda cuesta”, porque culturalmente el dinero se asocia al éxito y a la capacidad de proveer por lo que muchas veces “admitir que hay un problema puede vivirse como una especie de fracaso personal”. “Poder hablarlo en familia, sin juzgar es el primer paso para salir de ese círculo y poder lograr recuperar nuevamente el equilibrio emocional y económico”, cierra. 

 

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