Argentina / 13 marzo 2026

temperature icon 27°C
Edit Template

Los obispos y Milei: ¿Por qué no charlar un ratito?, eh.

El diálogo entre la jerarquía católica y el gobierno está congelado. Al mileismo no le gusta que el episcopado cuestione sus políticas y respalde los reclamos populares. Prefiere los aplausos de los evangelistas conservadores y libertarios que le destinan loas al presidente y a quienes el gobierno premia con fondos destinados a obras sociales.

Compartir:

Compartir:

IMG-20251223-WA0032

Si bien los canales institucionales siguen funcionando y los puentes no están rotos, las tradicionales buenas relaciones entre la jerarquía de la Iglesia Católica y el gobierno nacional han llegado a uno de sus momentos más tensos y distantes con la presidencia de Javier Milei. Cualquier observador político podría decir que lo antes señalado no representa novedad alguna, visto que el mileismo rechaza la política y tiende a convertir todas las relaciones humanas en una confrontación, salvo para quienes deciden avenirse a los principios libertarios.

Lo mismo sucede con los obispos católicos. Marcelo Colombo, el arzobispo de Mendoza y presidente de la Conferencia Episcopal Argentina (CEA) no es un interlocutor condescendiente con el oficialismo gobernante y, por ese motivo, Milei ha decidido no hablar con él. Es habitual que todos los años –sin importar quien gobierne y con motivo de la Navidad– los obispos católicos saluden al presidente y el mandatario los invite a una reunión oficial cara a cara y con agenda abierta.

Desde que Colombo fue electo en asamblea por sus pares obispos en noviembre de 2024 no ha sido invitado a reunirse con Milei. El 15 de diciembre pasado los obispos le enviaron una carta al mandatario en la que le manifestaban su anhelo de “una paz social sólida, fundada en el cuidado de cada persona y especialmente de quienes atraviesan mayores fragilidades, los pobres, los trabajadores que sostienen día a día la vida del país y los ancianos cuya sabiduría y experiencia necesitamos valorar y acompañar”.

Seguramente en Casa Rosada exigieron exégesis de ese párrafo y entendieron que la carta de la jerarquía católica no hacía otra cosa que ubicarse en línea con los respaldos que los obispos le dieron durante el año a los pobres que no tienen para comer,  a los reclamos de los trabajadores de la salud, las personas con discapacidad o a los jubilados que marchan cada miércoles frente al Congreso. 

Y cuando leyeron en la carta episcopal de la disposición del catolicismo para contribuir “desde la misión que la Iglesia desarrolla en el ancho territorio de nuestra patria a toda instancia que favorezca el bienestar integral de nuestro pueblo” los intérpretes de La Libertad Avanza  entendieron que allí, solapadamente, se escondía un reclamo por los fondos que el Ministerio de Capital Humano y otras dependencias oficiales le viene quitando a las obras sociales de la Iglesia Católica –incluida Cáritas— para asignar esas sumas a grupos y congregaciones evangélicas conservadoras o decididamente libertarias.

Nada indica que habrá un diálogo entre las autoridades de la Conferencia Episcopal y el presidente. Tampoco que se le reintegrarán a la Iglesia Católica los fondos que se destinaban para obras sociales en los barrios o a la asistencia a través de Cáritas. Parte de esos fondos seguirán canalizados hacia los grupos evangelistas conservadores y libertarios, la mayoría de ellos afiliados a la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas (ACIERA).

Si esta fue la interpretación –y puede haberlo sido a la luz de otras manifestaciones del gobierno contra quienes no coinciden con sus ideas— se puede entender que en su carta de respuesta a los obispos, además de valorar el “llamado a la reflexión, a la paz social y al compromiso con el bien común”, el presidente se limitara a decir que “seguimos trabajando incansablemente para generar condiciones que permitan a cada argentino desarrollarse con dignidad, libertad y oportunidades reales de progreso, atendiendo especialmente a quienes se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad”.  Que –estas últimas y según la mirada presidencial—son cada día menos porque –también de acuerdo a los dichos de Milei—la pobreza no deja de bajar.  

No hubo invitación al diálogo, ni al encuentro. A pesar de que pocos días antes –hablando con 4Palabras—el arzobispo Colombo había dicho que “creemos que no hay otro camino que el diálogo y el encuentro” pero indicando que “en general, hay ausencia de respuestas”.  Y refiriéndose a las advertencias que los obispos hicieron frente a demandas como la de los trabajadores de la salud, de la educación o por la emergencia de las personas con discapacidad, Colombo insistió en que “en algún sentido, han sido mensajes como botellitas con un papelito adentro tiradas al mar. Pareciera que han caído en una especie de gran vacío donde nadie ha recogido totalmente el guante”, dijo. En la misma oportunidad el obispo reiteró “que si el Estado se corre, nos queda el narcotráfico adueñándose de los barrios”.

Frente a todo ello Milei solo se dispuso ahora a “contribuir al bienestar integral del pueblo argentino, al que me comprometo a desarrollar a través de un diálogo respetuoso y fecundo con todas las instituciones, en el marco del Estado de Derecho”.

Eso es todo. 

Nada indica que habrá un diálogo entre las autoridades de la Conferencia Episcopal y el presidente. Tampoco que se le reintegrarán a la Iglesia Católica los fondos que se destinaban para obras sociales en los barrios o a la asistencia a través de Cáritas. Parte de esos fondos seguirán canalizados hacia los grupos evangelistas conservadores y libertarios –la mayoría de ellos afiliados a la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas (ACIERA)– que no solo no cuestionan a Milei, sino que se reúnen con el presidente, Karina Milei y Manuel Adorni en Casa Rosada –como lo hicieron el pasado noviembre—para celebrar y agradecer el triunfo de La Libertad Avanza en las elecciones legislativas. En el entendido presidencial  que allí sí se da el “diálogo respetuoso y fecundo” que no surge con Colombo y los suyos. Ah…porque para ese tipo de diálogo entre los obispos católicos el gobierno prefiere al titular del obispado castrense Santiago Olivera, quien no deja de abogar por la libertad de los represores detenidos y condenados por delitos de lesa humanidad. Olivera fue también quien organizó una misa en la iglesia Stella Maris para agradecer a Dios por el “servicio” de los ministros Patricia Bullrich y Luis Petri, con los que –al parecer– sí hubo “diálogo respetuoso y fecundo”.

 

4Palabras



Compartir:

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Temas relacionados

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbete a nuestro boletín para mantenerte actualizado

Publicidades

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Seguinos en: