Argentina / 3 febrero 2026

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Lo que el viento se puede llevar

Desde 1983 y ante cada derrota, se multiplican las voces anticipando que el peronismo no vuelve más. Han errado en la apuesta, salvo las consecuencias todavía no resueltas del capítulo 2019-2023. El peronismo nació para ser gobierno, para ocupar el poder, y lo hizo más o menos bien cuando tuvo un conductor natural. Tres candidato/as que no se sinceran y un proceso de atomización que pone en riesgo el futuro. El rol de los miles de intendentes que agachan el lomo y aportan los votos. Los gobernadores hacen lo que pueden. El peligro de que esta vez sea en serio aquello de “ustedes son lo que el viento se llevó, ustedes no vuelven más”.

Alejo Dentella

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Fue aquel 30 de octubre de 1983. Yo salía de mi adolescencia y volvía de festejar en la plaza de mi pueblo el triunfo de Raúl Alfonsín. En los últimos metros antes de llegar a mi casa me puse a entonar una de los hits de la época que acompañaron la campaña del doctor de Chascomús. Estaba pasando por el frente de la ventana de mi tío peronista y necesitaba dejar claro eso de “ustedes perdieron”, una de las tantas versiones de la rivalidad que volvía a amanecer y que por suerte mucho años después pude ver desde otro lugar y con la camiseta de los que en aquel momento habían perdido.

Pasó algún tiempo, creo que ya venía languideciendo el gobierno radical, acorralado por sus propios errores y fundamentalmente por los malos de siempre. Lo cierto es que recuerdo haber leído una recopilación de notas que se publicaron del cada vez más extrañado Osvaldo Soriano. En una de ellas, cuenta que ese mismo 30 de octubre, algunos “descamisados volvían con la cabeza baja por Avenida de Mayo y un grupo de exultantes radicales les gritó, ustedes no vuelven más, ustedes son lo que el viento se llevó”.

Desde aquel día histórico de la recuperación democrática pasaron 42 años y en el mientras tanto ha pasado -nos ha pasado- de todo. Le ha pasado de todo al peronismo. Primero me sentí convocado por aquel reverdecer del 2003, después dí un paso más. Es un salto cuantitativo, es pensarse dentro de un colectivo más completo, con más matices, con más subjetividades, con más contradicciones, en definitiva con todo lo que significa el peronismo en términos de movimiento político. Desde ese lugar disparo estas líneas. 

El poder

Claramente, el peronismo no nació para ser un partido de oposición. Todo lo contrario, nació como un gran movimiento para ocupar las estructuras del Estado y modificar la realidad. Cuando por los votos o por la fuerza tuvo que dejar el poder, desde ahí fue una amenaza letal para cualquier gobierno de alternancia. 

Pareciera que eso fue así hasta 2019. Una sola movida en el tablero de ajedrez nos dejó nuevamente en las puertas de la Casa Rosada. Queda aún pendiente un análisis más racional, menos egoísta, donde nadie le saque el traste a la jeringa y cada uno se haga cargo, en lo que de cada uno dependa, de porque terminó como una gran frustración y, lo que es peor, en un proceso de anarquía y atomización que parece no encontrar el nuevo punto de partida. Tal es así, que la última lista de unidad se logró, apagón mediante, diciendo que el candidato del 26 de octubre tenía que ser algo parecido a “una botella de agua mineral”. 

Sin conductor no hay peronismo

Desde el inicio del fallido último gobierno, quedó en claro que el peronismo no tenía más conductor/a. No viene al caso ponerse a desgranar todos los argumentos o la cronología de los hechos. Quiero ir al punto. De lo que todos hablan. De lo que se dice en los off o en cada una de las tribus. Hoy tenemos tres candidatos a presidente/a, ningún conductor y mucho menos un proyecto para contarle a la mayoría de los argentinos que con resignación esperan que algo les cambie su suerte actual. 

Cristina espera su nueva oportunidad en el injusto encierro de San José 1111. A Sergio Massa “nadie se anima a decirle que se tire arriba de la Provincia de cara al 2027”, como dice un hombre del FR; y otro agrega que “lo tomaría como bajarle el precio”, traducido: se considera con chances de pelear por el sillón de Rivadavia. Y Axel, el querido Axel -es imposible enojarse con él- no pudo o no supo ocupar en este momento, aunque sea en términos de expectativas, el lugar que muchos esperan desde adentro y el mensaje de esperanza que necesitan los hombres y mujeres de a pie. 

 

Disfuncionalidad

Este formato de conducción “colegiada” con ajustes de último momento para contener el todo ha fracasado. Los mejores momentos del peronismo fueron cuando el proceso tuvo un conductor. Y, cuando no lo ha tenido, se buscaron los mecanismos para encontrarlo. Alguien conduce y todos los demás acompañan. Esta anarquía es disfuncional al movimiento y por lo tanto no habrá retorno al poder hasta que no se resuelva. Es necesario ser disfuncionales, pero en términos positivos. Mostrar las cartas, decir a qué se juega. Poner blanco sobre negro y encontrar mecanismos de disputas racionales y con suficiente espacio de tiempo como para reorganizarse a partir de “el que gana conduce”.

La demanda urgente

Esta urgencia de ordenar -ya- es una demanda de la enorme militancia, pero también de millones de argentinos que no les entusiasma absolutamente nada el actual inquilino de la Casa Rosada. Aunque parezca mentira, son millones los que esperan algún aliento, alguna expectativa, y eso llegará cuando la oposición encuentre el hombre o la mujer adecuada para ese momento. 

Esta es la tarea titánica que tiene el peronismo por delante, no debe postergarse y debe ampliar las mesas de discusión. Se les agota la paciencia a los miles de intendentes que traccionan votos porque ponen el cuerpo. Se les reducen los márgenes de maniobras a los gobernadores que están todo el tiempo a punto de llamar a los bomberos y no pueden estar pendientes de los caprichos del centralismo porteño. En ese nuevo modelo para armar, deben aparecer estos protagonistas. Todas los demás ensayos de laboratorio han fracasado y el tiempo es tirano. El calentamiento global y los cambios climáticos son una realidad: no sea que finalmente sople un viento aún más fuerte y nos lleve puestos de verdad.

Editor Responsable/

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