- Política
- /
- El Papa, el padrino y las sillas vacías
El Papa, el padrino y las sillas vacías
La llegada de León XIV encuentra a Buenos Aires en plena disputa por el poder. Mientras el PRO y los libertarios ensayan una tregua, en la Legislatura se negocian cargos, se cobran viejas deudas y se tejen alianzas inesperadas. La Iglesia, por su parte, reclama reconstruir los vínculos comunitarios y atender el sufrimiento social.
- noviembre 8, 2026
- Lectura: 7 minutos
Compartir:
- noviembre 8, 2026
- Lectura: 7 minutos
Compartir:
La ciudad se prepara para recibir a León XIV y la política porteña ensaya un milagro que ni el Vaticano se animaría a prometer: la convivencia entre dirigentes que llevan meses tratando de sacarse de encima. Karina Milei y Jorge Macri pueden compartir una fotografía sin resignar una candidatura, un voto o una silla. En el Monumento a los Españoles se prepara la cordialidad. El PRO y La Libertad Avanza desempolvan palabras que parecían fuera de circulación. Paz, diálogo, encuentro. Detrás de la tregua se juega algo menos espiritual: quién conducirá la derecha porteña y bajo qué condiciones podrían llegar juntos a 2027. Como en Fiesta, de Serrat, la celebración suspende por un rato las diferencias. Después termina la música, regresan las jerarquías y cada cual vuelve a su lugar.
La misa del lunes en Palermo dejará una pregunta: ¿el PRO y La Libertad Avanza construyen una alianza o apenas aprendieron a sonreír mientras se disputan el mismo electorado?
Mauricio Macri intenta preservar la autonomía de un partido que corre el riesgo de ser absorbido por los libertarios. Jorge necesita gobernar sin entregarle a Karina Milei las llaves de la Ciudad. La supervivencia del PRO y la reelección de Jorge no siempre van de la mano. La tensión entre los primos crece.
La sesión del jueves en la Legislatura dejó pistas. Se renovó el Ente Regulador de Servicios Públicos y se aprobó la Ley sobre Educación Digital Integral. Jorge Macri mostró que puede acordar con los libertarios, pero también prescindir de ellos. Habrá que recordarlo en 2027.
El reparto llevaba semanas. La presidencia quedó para Paola Michielotto, vinculada a Cristian Ritondo. El peronismo obtuvo dos vocalías: Eugenio Begué, psicólogo, cercano a Juan Grabois y al jesuita Rodrigo Zarazaga, y Silvina Fazio, vinculada a Víctor Santa María. Los libertarios consiguieron su lugar con Emanuel Alfredo Gómez Melé. Nadie se fue con las manos vacías.
Faltaba resolver una representación. María Eugenia Vidal impulsaba a Manuel Buján para el lugar reservado a las asociaciones de consumidores. Horacio Rodríguez Larreta quería mantener a Marcelo Pafundi, integrante del directorio del Ente y cercano a Paula Oliveto. Sus seis legisladores no alcanzaban para imponerlo.
Mauricio Macri intenta preservar la autonomía de un partido que corre el riesgo de ser absorbido por los libertarios. Jorge necesita gobernar sin entregarle a Karina Milei las llaves de la Ciudad. La supervivencia del PRO y la reelección de Jorge no siempre van de la mano. La tensión entre los primos crece.
Oliveto encontró la salida en Daniel Angelici. El expresidente de Boca, que no necesita ganar elecciones para decidir, intervino en una negociación que desplazó al candidato de Vidal. Pafundi conservó su lugar y ocupó la vocalía de los consumidores pese a que, según las crónicas legislativas, ni siquiera se había presentado como representante de ese sector durante la audiencia pública.
Primero se cerró el acuerdo entre dirigentes. Después hubo que acomodar la representación institucional. Los consumidores no participaron del trato. Apenas prestaron el nombre para que otros se repartieran el poder.
La maniobra volvió a abrir las heridas de Juntos por el Cambio. Vidal quedó afuera por un acuerdo entre antiguos socios. Larreta, que se alejó del macrismo cuestionando sus prácticas, encontró en Angelici un interlocutor más útil que sus seis legisladores. Pero los favores políticos rara vez se agotan en una jurisdicción. Menos de un mes atrás, Álvaro González, uno de los hombres de Larreta en Diputados, no había dado quórum en la sesión que buscaba derogar el DNU 70/2023 del gobierno nacional. Milei respiró aliviado. Ahora el larretismo conservó una silla que parecía perdida. ¿Casualidad o devolución de gentilezas? En la política porteña, algunas coincidencias suelen explicarse mejor lejos de los micrófonos.
La Coalición Cívica exhibió sus fracturas. Oliveto y Maximiliano Ferraro aparecen más próximos al larretismo; Facundo Del Gaiso y Hernán Reyes mantienen mejores vínculos con Jorge Macri. Ni el espacio de Elisa Carrió encuentra una manera armoniosa de sobrevivir a la coalición que ayudó a construir.
Angelici, en cambio, se mueve con una comodidad que otros perdieron. Cambian los gobiernos, se rompen las alianzas, aparecen partidos que prometen terminar con la vieja política. El Tano sigue atendiendo el teléfono. En la Legislatura, saber a quién llamar vale más que un cargo.
Jorge Macri aseguró la conducción del Ente, pero no controla todas las piezas. Angelici negocia, Larreta condiciona y el peronismo participa del reparto. Del otro lado tampoco reina la paz: Pilar Ramírez y el sector de los Menem ya habían disputado la vocalía libertaria. La disciplina no borra las peleas.
Si los libertarios pretenden imponer las condiciones de una alianza en 2027, Jorge puede recordarles que todavía tiene con quién construir mayorías. Esas mayorías tienen precio. Y, como mostró el caso de los consumidores, no siempre lo pagan quienes negocian.
La Educación Digital Integral, impulsada por Maru Bielli, presidenta de la Comisión de Educación, Ciencia y Tecnología, reunió el apoyo de Fuerza por Buenos Aires, el PRO, la UCR, el larretismo y el Frente de Izquierda. Solo La Libertad Avanza se abstuvo.
La ley incorpora ciudadanía digital, inteligencia artificial, protección de datos, redes sociales y prevención de violencias en entornos virtuales. Parte de una evidencia que la escuela conoce: los chicos no entran a internet cuando termina la clase. Buena parte de sus vínculos y conflictos transcurren allí. Enseñarles a usar un dispositivo sin discutir qué pasa dentro de las plataformas sería como enseñar a leer sin hablar de lo que dicen los libros.
Bielli consiguió que una iniciativa opositora llegara al recinto y reuniera apoyos más allá de su bloque. En una Legislatura acostumbrada a negociar cargos, esta vez el acuerdo fue alrededor de una ley. El PRO acompañó sin declararle una guerra cultural al proyecto. Los libertarios marcaron distancia: incluso la ciudadanía digital les abre una discusión sobre hasta dónde debe intervenir el Estado.
La división entre amigos y enemigos dura hasta que aparece algo para negociar. El PRO comparte el reparto institucional con los libertarios y vota una ley del peronismo. Quienes llegaron prometiendo terminar con la vieja política descubrieron que los organismos públicos también tienen lugares para ellos. El problema no es negociar. Es que se sepa con tanta precisión quién consiguió cada cargo y tan poco sobre qué gana la gente con esos acuerdos.
La discusión educativa dejó otra pregunta: qué hace el Estado frente a problemas que desbordan las aulas. La escuela puede enseñar a reconocer el acoso en las redes, pero después tiene que haber dónde pedir ayuda. Y alguien que escuche.
La Iglesia viene insistiendo sobre ese mismo problema. En septiembre, Cáritas Argentina advirtió sobre el aumento de las muertes por suicidio y reclamó fortalecer las redes de acompañamiento, especialmente entre adolescentes y jóvenes. La propuesta quedó resumida en tres palabras: Capilla, Colegio y Club. Espacios de pertenencia y adultos disponibles. Lugares donde los chicos puedan encontrarse sin que todo pase por una pantalla.
Un adolescente que deja de ir al club, se aísla o empieza a faltar a la escuela necesita que alguien lo advierta antes de que su sufrimiento se convierta en una urgencia. Hacen falta docentes, profesionales de la salud, instituciones barriales y tiempo para escuchar. La buena voluntad no reemplaza una política pública.
Ahí aparece una contradicción que Jorge Macri no podrá disimular con una foto junto al Papa. Su gobierno propone para 2027 un presupuesto con caídas reales del 3,4 por ciento en Salud Mental y del 10,7 por ciento en Atención Primaria. Justamente dos áreas que deberían sostener la prevención y la atención cercana a los barrios. La Iglesia pide redes de cuidado mientras la Ciudad les recorta recursos reales. Ninguna homilía cubre una vacante ni consigue un turno en un hospital.
León XIV llegará a una ciudad donde todos hablan de paz, siempre que nadie les pida resignar poder. Jorge Macri buscará exhibir gestión y Karina Milei tendrá su propia agenda. El peronismo intentará aprovechar la ocasión para volver a poner sus temas en discusión. Daniel Angelici, probablemente, no necesite salir en ninguna fotografía.
Después de la misa se desmontarán los escenarios. Quedarán las escuelas, los hospitales, los clubes y los vecinos que esperan algo más que una tregua entre dirigentes.
La política porteña demostró esta semana que sabe ponerse de acuerdo para distribuir poder y aprobar leyes. El Papa encontrará dirigentes que predican la convivencia, pero mucho menos interesados en practicarla cuando se trata de cuidar a quienes habitan la Ciudad. No faltan acuerdos. Sobran prioridades que dejan a la gente afuera.
4Palabras
Compartir:
Temas relacionados
Comentarios Cancelar la respuesta
Más leídas
- All Posts
- Ciencia y Tecnología
- Cultura
- Deportes
- Economía
- Internacional
- Política
- Sociedad
Suscríbete a nuestro boletín para mantenerte actualizado
Más información
- All Posts
- Ciencia y Tecnología
- Cultura
- Deportes
- Economía
- Internacional
- Política
- Sociedad



