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La Iglesia insiste en sus críticas y se opone al proyecto de ley de extranjerización de la tierra 

Con el impulso de Sturzenegger y Bullrich, el oficialismo busca aprobar la iniciativa en el Senado la próxima semana. Los obispos denuncian que el proyecto debilita la soberanía nacional, la integración de barrios populares, atenta contra la soberanía y los recursos naturales. La falta de consensos y los reparos sociales ponen en duda los números para la media sanción.

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Esta imagen muestra a Monseñor Gustavo Carrara, arzobispo de La Plata y presidente de Cáritas Argentina.

Dentro la agenda de sus prioridades legislativas el gobierno nacional pretende obtener media sanción en el Senado, el próximo 6 de agosto, al proyecto de ley que el oficialismo bautizó como de “inviolabilidad de la propiedad privada” y que parte de la oposición política y organizaciones sociales que disienten con las reformas designan como “extranjerización de la tierra”. Las resistencias a la iniciativa que tiene como principal impulsor al ministro de Desregulación y Transformación del Estado, Federico Sturzenegger, generaron cambios permanentes en el borrador del proyecto, produciendo quince versiones del dictamen que debe bajar al recinto de senadores, sin que hasta el momento se haya llegado al consenso. El acuerdo al que arribaron el ministro desregulador y la jefa del bloque libertario Patricia Bullrich es que el proyecto de ley se discuta en el Senado la semana próxima.

Pese a las gestiones políticas del oficialismo tanto con los bloques aliados como con los opositores no hay certeza de que La Libertad Avanza cuente con los votos necesarios para lograr la media sanción en la sesión prevista para el miércoles próximo.

Una de las principales voces opositoras a la medida ha sido la Iglesia Católica por boca de varios de los obispos y pronunciamientos de comisiones episcopales. Si bien la jerarquía ya emitió, el pasado 16 de junio, una carta abierta a los legisladores, ahora reiteró el pedido a quienes participen del debate “que sus decisiones estén guiadas por el bien común y el futuro de las generaciones venideras, antes que por los intereses particulares”.

Cáritas, la Comisión de Pastoral Social y ENDEPA (pastoral aborigen) consideran que el proyecto oficial “atenta contra la soberanía de nuestra tierra, de nuestros alimentos, de nuestros bienes comunes y el derecho de los pueblos a la autodeterminación”.

Tal como lo manifestaron en su carta del mes anterior los obispos sostienen que “nuestra preocupación se fundamenta en que este proyecto, entre otras cosas, deja sin efecto las limitaciones vigentes para la compra de tierra por parte de extranjeros –personas físicas o empresas– y, en particular, la posibilidad ilimitada de acceder a aquellas ligadas a reservas de agua y otros bienes naturales”.

Para los obispos el proyecto oficial “debilita la potestad del Estado, en sus distintos niveles, para gestionar el uso del territorio, planificar obras públicas y proteger el interés comunitario, sobre todo a los más vulnerables, frente a intereses privados, tanto locales como extranjeros”.

El presidente de Cáritas, el arzobispo platense Gustavo Carrara, expuso estos argumentos el pasado 8 de abril cuando asistió en el Senado al plenario de comisiones de Asuntos Constitucionales y de Legislación General, donde compartió la mesa con el ministro Sturzenegger. En esa oportunidad Carrara puso el acento, entre otras observaciones, en el “efecto regresivo” que la eventual aplicación de la norma modificada podría producir afectando la regularización dominial avanzada mediante el Registro Nacional de Barrios Populares en Proceso de Integración Socio Uranga (RENABAP).

Para los obispos el proyecto oficial “debilita la potestad del Estado, en sus distintos niveles, para gestionar el uso del territorio, planificar obras públicas y proteger el interés comunitario, sobre todo a los más vulnerables, frente a intereses privados, tanto locales como extranjeros”.

Según Patricia Bullrich el proyecto de ley intenta “frenar las usurpaciones, que son permanentes tanto en territorios agrícolas como en territorios urbanos” y “recuperar la seguridad jurídica permitiendo que el valor de la tierra sea razonable como en cualquier parte del mundo”. Para la senadora libertaria “la compra de tierras no puede tener limitaciones, porque la limitación es algo que no está dentro del sentido de lo que la Argentina plantea como concepto de propiedad”. En el mismo sentido subrayó que “uno no tiene limitaciones en la cantidad de departamentos que posee. Tampoco en la cantidad de hectáreas. No tiene limitaciones porque es un concepto de propiedad, no de soberanía”.

Otro obispo, el titular de la diócesis de Chascomús, Juan Ignacio Liébana, estuvo el 24 de junio en la Comisión de Ciencia y Tecnología del Senado y dijo allí que el proyecto de ley “atenta contra la soberanía de nuestra tierra” y favorece de forma desmedida la extranjerización y concentración de los recursos naturales.  Hablando en nombre de sus colegas obispos Liébana sostuvo que “no estamos contra la propiedad privada, pero no la valoramos como un bien absoluto sino relativo a la dignidad humana (…) Lo que es inviolable es la dignidad de cada persona, y lo que está en juego con esta ley es el principio del destino universal de los bienes, el reconocimiento de la función social de la propiedad y la ecología integral”.

En los mismos días se pronunciaron en forma similar el obispo de Gregorio de Laferrere, Jorge Torres Carbonell, y el titular de la diócesis de San Justo, Eduardo García. El propio presidente del episcopado, Marcelo Colombo, arzobispo de Mendoza, respaldó públicamente estas posturas. 

Retomando palabras del papa Francisco en su encíclica Laudato Si la Iglesia recuerda que “la tierra no es una simple mercancía, ni un simple recurso económico” y que cuando se piensa en un “desarrollo con rostro humano” el “debate no es solo económico, también es humano”. Porque, dicen los obispos retomando palabras del papa León XIV, “el desarrollo es humano cuando pone en el centro a las personas y no a la acumulación de bienes”.

Con respecto al tema los representantes eclesiásticos multiplicaron sus diálogos y contactos en todo el país para hacer conocer sus puntos de vista y demandar que sean escuchados los actores y sectores involucrados, muy especialmente aquellos que puedan resultar perjudicados por la norma que se pretende aprobar.

 

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