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Signorini: “Usar la imagen de Maradona para promocionar apuestas deportivas es imperdonable”

El histórico preparador físico de Diego Maradona mantiene intactas sus convicciones. En una charla profunda, Fernando Signorini rechaza el negocio del Mundial en Estados Unidos, critica la frivolidad y el aislamiento de los futbolistas de élite, y defiende el rol social de los clubes frente a las privatizaciones. Fiel a su rebeldía, cuestiona el uso de la tecnología, la alienación de las masas y el olvido de los orígenes humildes en el deporte.

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Imagen ilustrativa de Fernando Signorini

Fernando Signorini fue el arquitecto de D10S. Moldeó el cuerpo de Diego Maradona pero también su intelecto. Lo preparó físicamente para competir entre 1983 y 1994 mientras le hablaba del Che Guevara, de Fidel Castro y le recordaba sus orígenes en Fiorito. También trabajó con otros cracks, como Lionel Messi, Juan Román Riquelme y Carlos Tévez, a quien le regaló Las fuerza morales de José Ingenieros, que coloca a los valores humanos y los ideales de las personas en el centro de la virtud. 

En la actualidad, a los 75 años, elabora contenidos para la escuela de entrenadores Maradona Menotti. Verborrágico y de grandes convicciones, jamás dejó de decir lo que pensaba, aún a riesgo de quedar afuera del fútbol de élite, un ambiente en el que –deja trascender- que cada día se siente más incómodo.

 

¿Qué significa para vos que un mundial vuelva a disputarse en el país donde a Diego le cortaron las piernas?

Me causa sensación de desagrado que otra vez Estados Unidos sea beneficiado con la disputa de un mundial cuando sabemos que su gobierno es genocida. Me molesta que nadie diga nada. No solo por lo que está haciendo en Irán, por la destrucción del ecosistema con el extractivismo voraz que tiene, sino porque ahora se metió con un producto cultural como es el fútbol para hacerlo pedazos, privilegiar el negocio y lavar mediáticamente su imagen. La mejor manera de boicotear este mundial es no haber ido y no verlo. Nadie aprendió la lección del uso instrumental que el poder hace del fútbol.

 

¿No ves el Mundial?

No, no estoy mirando los partidos que se juegan en Estados Unidos, miro los que se juegan en México y Canadá. Me comprometí a eso como manera de rebelarme. Lo hago también pensando en Diego, que hubiera dicho cosas parecidas a las que estoy diciendo. Como él no puede, asumo su lugar. Sin querer con eso influir sobre nadie, que cada uno haga lo que quiera.

 

¿Ni siquiera mirás los partidos de Argentina?

Tampoco. Porque la primera excepción nunca es la última. A esta altura, no me importa mucho. Yo prefiero que Argentina solucione otros problemas más graves. Si la Selección tiene una buena actuación, no le va a cambiar la vida a nadie. Si Argentina sale campeón no dejarán de reprimir a los jubilados, ni van a mejorar el financiamiento de las universidades, de la cultura, del Garrahan ni se va a terminar el 3% que le roban a las personas con discapacidad. Hoy el fútbol competitivo no me importa para nada, si me importa lo formativo.

 

Cuando Messi salió campeón con el Inter de Miami y le estrechó la mano a Donald Trump, escuché un periodista que dijo: “Maradona fue el jugador del pueblo y Messi es el del poder”. ¿Estás de acuerdo?

No sé si Messi es el jugador del poder, pero seguro que le hace el favor. Yo aplaudí cuando la Selección no fue a la Casa de Gobierno a festejar el Mundial en 2022 y no me había gustado cuando fue en 1986 al balcón de la Rosada. El lugar para el festejo es la AFA o una cancha de fútbol. No me gusta que se haga una instrumentalización del éxito. Me gustaría que los jugadores dijeran algo de todo lo que está pasando con los sectores humildes, que es de donde ellos vienen. De hecho, si no hubieran sido exitosos jugando al fútbol ni ellos ni sus familias podrían ir a la cancha de River a ver un partido de la Selección con lo que cuesta una entrada. Ellos podrían pedir 43.000 entradas, la mitad del aforo, para que puedan verlo la gente que es como eran sus familias antes de que triunfaran en el fútbol. Pero sería injusto caerles directamente a ellos, porque al sistema no les interesa formarlos, quiere que sean frívolos, estúpidos, egoístas…

Fernando Signorini: “El fútbol se transformó en un bien de consumo. Ya no hay hinchas, hay clientes. Una sociedad que basa su futuro en el consumo está perdida”.

Tu propuesta infiere que los futbolistas olvidan el lugar del que provienen.

Sí, es así. Porque los hacen olvidarse, los aíslan, los hacen vivir en un mundo de fantasía, en hoteles cinco estrellas, les ofrecen autos de alta gama, restaurantes con manjares: un lujo que es síntoma de vulgaridad. Los encandilan y les hacen creer que forman parte de los de arriba. Es un juego perverso en el que se meten y después no pueden salir. Pero para las clases dominantes siempre los jugadores serán despreciables, negritos de mierda. Los usan porque los necesitan.

 

¿Eso es lo que quedó expresado en la relación Macri-Riquelme?

Sí, hay algunos que se rebelan y otros que no: el Kun Agüero, Carlitos Tévez, por ejemplo, compraron el discurso de la meritocracia. Creen que el quiere puede. Pero en el mundo hay millones de personas que quieren y no pueden.

 

¿Cómo ves a esta camada de jugadores que ahora son presidentes de los clubes? Están Verón, Riquelme, Milito, Artime…

Ojalá sean muchos. El fútbol tiene que ser de los futbolistas, después la gente decide con su voto. Porque algunos también se van a equivocar, tenés casos como el de Michel Platini (el exjugador francés investigado por presunto soborno para votar como dirigente a Qatar como sede del Mundial 2022), que hizo lo que hizo. Si los futbolistas se organizaran en un sindicato internacional, como proponía Diego, el excedente que tendrían sería tanto, que podrían tener una obra social en serio, escuelas para los hijos de los humildes, podrían cultivar tierras y vender los productos a precios adecuados… No puede ser que Pérez Compac pague un kilo de pan lo mismo que el tipo que no llega a fin de mes. No entiendo a estos tipos que tienen tanta plata. Si viviéramos en un mundo que por tener cien millones más te dan cinco años extra de vida me preocuparía por hacerme rico, pero ellos se van a morir igual que todos.

 

Hay otro grupo de jugadores que no se presentaron a elecciones para ser presidentes, sino que compran clubes y se convierten en dueños, como Messi.

Que hagan lo que hizo Grobocopatel con Agropecuario de Carlos Casares, que funden el club desde cero. Pero los clubes que tienen cien años no se venden, la historia no tiene precio, el tiempo, el cariño y la plata que puso gente que ya no está por amor a su club y a la sociedad no hay plata que la pueda pagar. Además, los clubes cumplen un rol social fundamental ocupando el lugar que el Estado deja vacío. Por eso a Riquelme lo tienen apretado. Estos tipos quieren manotear Boca porque es una buena manera para lavar dinero. En una sociedad como la Argentina es más importante un tipo como Riquelme que como Macri. Riquelme salió de la nada y labró una carrera, una posición de manera honesta, Macri qué hizo, solo fue hijo de…, recibió una herencia.

 

Algunos ahora hablan de que no hay que vender entradas para ver un partido, sino para vivir la experiencia del fútbol. ¿Estás de acuerdo?

El fútbol se transformó en un bien de consumo. Ya no hay hinchas, hay clientes. Como cuando vas al aeropuerto y para subir al avión te hacen pasar primero por el freeshop, te perfuman el ambiente, te ponen colores, chicas voluptuosas… Te llenan de deseos, entonces te hacen muy infeliz porque nunca se pueden cumplir todos. Una sociedad que basa su futuro en el consumo está perdida. 

 

Si el fútbol se transformó en un bien de consumo, ¿ya no es un deporte?

El deporte fue creado para mejorar y preservar la salud física y mental. Pero de esta manera, el fútbol hace mucho daño, confunde, hipnotiza. El sistema ha encontrado un instrumento sensacional para la alienación de las masas. Hoy el fútbol sirve para dominar. Un día, cuando jugaban Argentina y Venezuela por las eliminatorias, se me ocurrió proponer que los jugadores con la camiseta argentina y una réplica de la copa del mundo fueran al Congreso a solidarizarse en la marcha de los jubilados, que nadie los iba a tocar, porque si los reprimían a ellos iba a salir todo el mundo a la calle. 

 

¿Por qué los jugadores no lo hacen?

A la mayoría no se les ocurre. Siguiendo a Sartre, el hombre es lo que hace con lo que hicieron de él. Hay pocos que se puedan rebelar, pero no les ponen el micrófono. Cuántas veces escuchas que entrevistan a Juan Cruz Komar, a Kurt Lutman, a Mauro Amato, que se fue del fútbol para trabajar en las cárceles. 

Fernando Signorini: “Me gustaría que los jugadores dijeran algo de todo lo que está pasando con los sectores humildes, que es de donde ellos vienen. De hecho, si no hubieran sido exitosos jugando al fútbol ni ellos ni sus familias podrían ir a la cancha de River a ver un partido de la Selección con lo que cuesta una entrada”.

Vos formaste parte de ese mundo futbolístico durante muchos años, ¿nunca te sentiste cómplice de esa construcción que cuestionás?

Claro que sí. Cuando comencé a entrenar, creía en todo lo que me decían. Cuando pasó el tiempo empecé a abrir los ojos a otras ideas. Por eso fui a verlo a Menotti en el 83, cuando se hizo cargo del Barcelona, por la valoración ética del hecho deportivo que él hacía. Decía que ganar es importante, pero más importante son los medios que se utilizan para lograr los fines y que esos fines tenían que servir como una maravillosa excusa para ser feliz. Fui madurando y hasta dejé de ser hincha.

 

¿Cuándo dejaste de ser hincha?

Yo me cuestionaba hasta dónde me había invadido el fútbol, me preguntaba si podía vencer todo lo que me generaba. Un día íbamos con Independiente a jugar contra San Lorenzo, de local. Estábamos arriba en la tabla, la gente explotaba. Yo nunca me sentaba en el banco de suplentes, después de la entrada en calor me iba a sentar en la platea para ver el partido. Pero ese día, después de la entrada en calor, me fui y me senté a fumar en una plazoleta que está enfrente de la cancha. No tenía radio, me enteré del gol por el grito de la hinchada. Calculé el tiempo y volví al vestuario en el entretiempo. El equipo estaba jugando muy bien, la tribuna era una fiesta, dudé si quedarme, pero volví a salir. En la plazoleta escuché otro gol. Volví cuando terminó y como siempre después del partido nos fuimos a cenar con el cuerpo técnico. Menotti le preguntó a Poncini, su ayudante, como vio el partido, después le preguntó al médico y también a mí. Cuando le dije que no lo había visto, no entendía nada. Por más que haya cien mil personas gritando, por qué voy a hacer lo que hacen todos si no tengo ganas. Cuando todos cantan el que no salta es un inglés yo no canto porque a mí el nacionalismo no me importa. Los límites, las banderas, forman parte de la estupidez humana. ¿Vos conocés algún himno que hable de los poetas de los países? No, hablan de la sangre, de la guerra. 

 

¿Cómo reaccionaban jugadores de enorme personalidad como Maradona o Messi cuando les planteabas estas cosas?

Con Leo casi no pude hacerlo, porque llegaba un par de días desde Europa para jugar con la Selección y se iba. Con Diego fue distinto, porque estuve once años con él, compartí viajes, concentraciones, miré películas en su casa, entonces tuve otras posibilidades. Diego no tenía tiempo porque Maradona no lo dejaba tener tiempo. Pero él quería saber, entonces me preguntaba de qué se trataba el libro que estaba leyendo. Y yo trataba de ayudarlo a ser mejor. Para mí el amigo es aquel que te mejora.

 

¿Y Diego en qué te mejoró?

Desde el punto de vista de la especificidad del entrenamiento, en todo. Yo venía intoxicado por lo que me habían enseñado en el instituto. Ahí había conocido gente que con mucho cariño me enseñaba de fisiología, de anatomía, de biomecánica, de biología, pero nada de fútbol. Las primeras grandes lecciones las tuve con Diego. Hay una anécdota que cuento siempre, cuando le hago hacer el Test de Cooper. Termina y él me dice que no sirve para nada. Yo le tiré toda la teoría encima, entonces me pregunta: “¿Cuánto tengo que correr?” Le digo que 3.600 metros y él había hecho solo 2.550. Baja la cabeza y sin mirarme, me dice: “¿Y vos cuánto hacés?” Le contesté que 3.200 y ahí me tira la frase enojado: “Entonces el domingo jugá vos”. Fue la primera gran lección que tuve para saber cómo entrenar al futbolista. Muchas veces el problema en el fútbol no es físico, es mental. Menotti decía: “Nunca vi cansado a un equipo que va ganando 4 a 0. Y por ahí, para otro partido hiciste descansar a tus jugadores toda la semana y el domingo pierden 4 a 0”.

 

Desde aquel Test de Cooper, la preparación física se tecnologizó, aparecieron los GPS, los mapas de calor, la IA, ¿la tecnología mejora al jugador de fútbol?

No, todo eso llegó para confundirlo y para hacer más negocios. Se creen que el fútbol es un hecho científico y que hay una máquina que los va a mejorar como jugadores. Pero el fútbol es un hecho cultural, hay gente que sabe jugarlo y hay otros que les gusta pero no pueden. Siempre digo que Messi tiene dos hermanos, criados en la misma casa, con el mismo afecto, fueron alimentados de la misma manera, fueron a la misma escuela y los otros dos no pueden hacer con cuatro manos lo que Lionel hace con los pies. Es un misterio. 

 

Antes se jugaba al fútbol cada siete días, ahora cada tres o cinco, ¿puede resistir un cuerpo humano? ¿Por eso se lesionan tanto los jugadores?

No pueden resistir. Pero no es solo el cuerpo, es la mente la que no resiste, se hace pedazos. Los jugadores están preocupados, estresados, colapsados y a nadie le importa: vayan a jugar y si no entra otro. A esta altura del partido si se rompen, por mí que se jodan. ¿Por qué no protestan? ¿Por qué no gritan? Que formen el sindicato que decía Diego. No puede ser que haya tanto desinterés por el otro, si el fútbol es un deporte en equipo. Hace falta nobleza, honestidad, respeto, solidaridad. Por eso hay que empezar desde abajo, hay que educar. Un chico de 10 u 11 años tiene que tener alguna idea de todo esto, en otras partes del mundo a esa edad tienen que pelear por su vida. En la escuela les pondría materias que tengan que ver más con el humanismo y la sensibilidad, que es la mayor virtud de los seres humanos. Einstein dijo que la imaginación es más importante que el conocimiento. Yo escribí que ambas cosas, sin sensibilidad, pueden terminar en hechos catastróficos para la humanidad. Con mucho conocimiento e imaginación pensaron y lanzaron las bombas sobre Hiroshima y Nagasaki, pero no tenían nada de sensibilidad, de lo contrario no lo hubieran hecho.

 

Acá un chico que juega al fútbol y tiene condiciones, a los 11 años por ahí ya tiene un representante…

Se le echa la culpa a los padres, pero hay que rever eso. Si yo tengo cuatro o cinco hijos, no tengo trabajo, no tengo para comer ni para comprar medicamentos, y veo que uno de mis hijos tiene buenas condiciones yo también voy a ir a buscar al representante a ver si me puede ayudar. Con qué derecho puedo criticar eso. Hay mucha hipocresía. A una prostituta la juzgan porque vende su cuerpo… para mí es muy digno que se preste a eso para darle de comer a sus hijos. Si el Estado no lo hace.

 

¿Viste la publicidad que usa Inteligencia Artificial para generar la imagen de Maradona?

Es brutal lo que hicieron. Cómo van a utilizar de esa manera a alguien que ya no está. Instrumentalizar la imagen de Diego para promocionar apuestas deportivas es imperdonable. Encima con lo que Maradona pensaba del fútbol…

 

¿No callarte te cerró puertas?

Si, pero no me importa. Se cierran las puertas por las que yo no quiero entrar, porque las que quiero ir siempre están abiertas. Fui recientemente al ex centro clandestino de detención La Perla, en Córdoba, había un coro de chicos cantando villancicos. Entré con un hombre que había estado secuestrado ahí. En un momento me dijeron que dijera algo, pero se me vino a la cabeza todo el horror él que me había contado. Tuve que salir y llorar. Después volví porque sentía que tenía que decir algo. Felicité a los chicos y les dije que en ese lugar de muerte, de tortura, de dolor, emergía el canto de ellos, que son la promesa de una sociedad mejor y les pedí que se comprometieran con esa idea. 

 

Los preparadores físicos suelen ser muy queridos por los futbolistas pero para el resto de la sociedad son seres habitualmente ignotos. ¿Vos trascendiste por tu rebeldía?

Creo que sí. Pero también por haber estado con Diego, porque si no, nadie me hubiera escuchado. Ahora bien, yo tenía que aprovechar esa palestra. Lo mío es como la fábula del colibrí, cuando en la selva se desata un fuego voraz y el león, el hipopótamo, el tigre y la pantera se asustan y paralizan mientras el colibrí toma agua de la laguna y tira una gotita en el fuego. Entonces, el león se enoja y le dice: “Usted cree que con esa gotita va a apagar tanto fuego”. Y el colibrí le contesta: “Yo hago mi parte. Después si otros millones de colibríes se contagian, apagaremos entre todos el fuego”

 

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