Argentina / 13 junio 2026

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Los bellos milagros

Una propuesta para pensar los significados políticos de un acontecimiento masivo de enorme trascendencia popular como ha sido la despedida del Indio Solari. Un gobierno que detesta las manifestaciones populares y manda a sus voceros oficiosos a expresar sus desprecios en clave de “batalla cultural”. El “manodurismo” del alcalde porteño Jorge Macri mientras las calles hablan.

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Imagen ilustrativa de despedida de Indio Solari

Pasados unos días y con tanto hablado y escrito al respecto vale la pena pensar acerca de los significados políticos, que siempre surgen cuando se producen hechos tan trascendentes por su masividad como la despedida del Indio Solari.

En primer lugar, y con el corazón en la mano, surge la emoción al escribir sobre tanto dolor colectivo, tanta expresión pensante, mesurada, apasionada, colorida, triste, entrañable, registrada en Plaza de Mayo, el Obelisco y, fundamentalmente, en las kilométricas filas desde Villa Domínico hasta Puente Pueyrredón y más allá. Allí donde los medios mileístas -los del 5% que no odia el presidente- fueron a buscar desborde, fisuras, desubicación, y encontraron reflexión, tristeza y, claro, algunas puteadas. Son las que se ganaron despreciando lo popular en cada cobertura.

Milei y sus funcionarios no emitieron opinión sobre el Indio y las circunstancias derivadas de su muerte. Pero sí lo hicieron algunos personajes que representan fielmente el pensamiento libertario. El más preclaro de ellos, Nicolás Marquez, -“un gigante del pensamiento”, según Milei- se refirió a lo ocurrido en Villla Domínico como la “peregrinación de este lumpenaje manifiestamente embrutecido”. En diálogo con Esteban Trebuq en LN+, el pensador insistió en la descalificación: “es una descarga orillera y vulgar con contenido ideológico, a la que fueron en calidad de idiotas útiles a venerar a un multimillonario que viajaba en jet privado, mientras ellos luego del evento volvieron a sus chozas periféricas”.

Así, resulta lógico que el Gobierno haya negado el Congreso Nacional para realizar la despedida. Si bien luego, ante la masividad que alcanzaba la despedida hicieron correr la versión de que habían ofrecido Tecnópolis, eso ocurrió cuando ya estaba todo organizado. Así lo explicó el periodista y escritor Marcelo Figueras, amigo del Indio y su familia, quien relató que “nos boludearon durante horas”, en referencia a la falta de respuesta de Martín Menem acerca del uso del Congreso. Y no es, como dicen por ahí, que no entienden lo popular. Más bien lo entienden perfectamente y por consiguiente, lo detestan. Basta con ver las expresiones públicas de los funcionarios y las políticas que llevan adelante.

 

Cruzando el Riachuelo

Lo cierto es que el gobierno de la provincia de Buenos Aires y el municipio de Avellaneda se hicieron cargo, junto con la familia del querido artista popular, y organizaron la despedida. Un millón de personas pasaron por el Parque Domínico entre las madrugadas del domingo y el lunes, cuando se cerraron las puertas, filas de varios kilómetros bajo la lluvia, ningún incidente, sin policías a la vista, un desfile triste y conmovedor frente al féretro situado en el polideportivo José María Gatica que quedó sembrado de remeras, banderas, cartas, tributos en definitiva al músico del pueblo.

El estigmatizado Conurbano recibió a miles de peregrinos porteños y de todo el país en un acto masivo perfectamente organizado. A tal punto que el propio jefe de gobierno porteño, Jorge Macri, en una entrevista en LN+ el mismo domingo, mientras la pantalla mostraba el desfile incesante y ordenado de los ricoteros, destacó la eficaz organización de la movida. Vale la mención al primo del expresidente Mauricio Macri ya que no ceja en su intento de ser el manodurista del año. En la noche previa a la muerte del Indio, el jueves 4 de junio, llevó adelante la “Operación Muro”, un gigantesco operativo policial, debidamente filmado y reproducido en las redes del gobierno de CABA, que cubrió 24 kilómetros de ingresos y puentes distribuidos sobre la avenida General Paz, que separa a la ciudad del ”temible” Conurbano y la frontera natural del Riachuelo, que incluyó 27 pasos peatonales, 48 vehiculares y 16 puntos estratégicos. Macri había dicho que se trata de un “muro contra la barbarie y el desgobierno de Kicillof”.

Mientras quienes expresan los valores de Milei y su gente en la “batalla cultural” desprecian lo popular sin disimulo y el jefe de gobierno porteño trata de competir en ese plano, las calles se llenan de gente cada vez más seguido. Quizás eso y la caída en la imagen presidencial que registran las encuestas los ponga nerviosos.

Con sus arrebatos autoritarios y la consigna “ley y orden” con la que presenta las agresiones a los vecinos del Conurbano, la persecución a vendedores ambulantes, los desalojos violentos y la persecución a inmigrantes, Macri pretende competir con una eventual candidatura mileísta en la ciudad en 2027 y, al mismo tiempo, disimular los notables déficits de gestión en la Ciudad. Las calles sucias y el nulo avance de la red de subterráneos (acaba de postergar una vez más la licitación de la línea F, anunciada varias veces como un proyecto inminente) hablan por sí solas.

Mientras quienes expresan los valores de Milei y su gente en la “batalla cultural” desprecian lo popular sin disimulo y el jefe de gobierno porteño trata de competir en ese plano, las calles se llenan de gente cada vez más seguido. Quizás eso y la caída en la imagen presidencial que registran las encuestas los ponga nerviosos. 

El 24 de marzo, centenares de miles reivindicaron memoria, verdad y justicia en Plaza de Mayo y en todo el país. El 12 de mayo, una masividad similar para defender la universidad y la educación pública. Los feminismos salieron dos veces a las calles de a miles, el 8 de marzo y el pasado miércoles 3 de junio. Ahora la despedida de un artista popular que conmovió a generaciones. Las calles hablan y expresan el “curioso” el malestar que flota en el aire mientras Milei y Caputo dicen que todo marcha de acuerdo al plan y que la economía florece. Lejos de las “chozas periféricas”, claro.

Será que los y las que marchan saben que “nos merecemos bellos milagros, y ocurrirán«.

 

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