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River pasó con un penal “fantasma» y el Ruso Zielinski metió un batacazo

Los millonarios se metieron en la final tras vencer 1-0 a Rosario Central gracias a un penal ejecutado por Facundo Colidio en el segundo tiempo. Por su parte, Belgrano igualó de forma agónica 1-1 ante Argentinos Juniors en los 90 minutos con gol de “Uvita” Fernández, resistió la prórroga y se clasificó por penales en una definición infartante.

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resumen de las semis

-Chicos. Arrancamos con River Plate y Rosario Central en el Estadio Monumental. Marcos Acuña fue probado antes del partido para ver si estaba en condiciones físicas, pero los médicos y el cuerpo técnico decidieron dejarlo afuera. Desde el pitazo inicial de Nicolás Ramírez, el partido fue físico, áspero, horrible, espantoso. Como dicen los periodistas: «Se jugó con los nervios de una final». Es cierto que River asumió el protagonismo, pero antes de la media hora tuvo otro temita de lesión. Sebastián Driussi dejó el campo tras sufrir un golpe en su rodilla derecha luego de una dura entrada de Franco Ibarra.

-¿Justo Driussi, profesor? —consulta el norcoreano, que hace ejercicios de yoga.

-¿El Cara de Cera? —arroja el ruso Yevgeny, que tiene el teléfono en altoparlante y juega al ajedrez con su compañera Helga.

-Sumamente dudosa —agrega el coreano, que literalmente está parado de cabeza en un ejercicio que, si lo hiciera cualquiera de nosotros, pondría en riesgo claramente su vida.

-Sigo. Entró el juvenil Joaquín Freitas. A los 31 minutos llegó la primera gran polémica. Luego de la revisión del VAR, el árbitro sancionó un vergonzoso penal para River debido a un «codazo» muy fantasma, chicos, de Gastón Ávila sobre Lucas Martínez Quarta dentro del área. Gonzalo Montiel le dio mal y el arquero “canalla”, Jeremías “Conan” Ledesma, adivinó la intención y contuvo el remate. Y como la cosa venía de enfermería, Montiel se fue con una sobrecarga y Aníbal Moreno también.

-¿Qué les pasa a estos chicos? ¿Están mal preparados físicamente? —dice el norcoreano, que ahora está parado de manos.

-No se bancan jugar seguido —sentencia Vogarín.

-Escuchaba al profesor Signorini, en un recorte de Insta, donde decía que alguna vez los jugadores se van a tener que plantar. Juegan una vez por semana y después están parados meses, y de golpe juegan cada dos días. Imposible no lastimarse así —tira el norcoreano mientras hace medialunas para un lado y para otro.

-Si lo dice el profe es palabra santa, pero creo que hay que agregar otra cosa —dice Vogarín mientras pierde un alfil a manos de Helga.

-Diga, Yevgeny.

Después de un partido eléctrico, Argentinos y Belgrano fueron a los penales. Enzo Pérez pateó el sexto y disparó una bomba de pastelera. Thiago Cardozo la detuvo con dulzura. Fue Ramiro Hernández y no falló. Clasificó al equipo de Ricardo Zielinski a su primera final, contra River. Nada más y nada menos. En el estadio Mario Alberto Kempes de Córdoba.

-Hay algo en la naturaleza del juego tal y como se practica actualmente en la Liga Argentina. Por un lado, y siguiendo la línea del querido Cho, Signorini también afirma que hay más roturas de ligamentos cruzados en la Liga Argentina que en todas las ligas europeas juntas. Y por otro lado, el juego es extremadamente trabado, en espacios muy cortos, todos encimados, sobrecargados de gimnasio, nerviosos y, en algunos casos, van demasiado fuerte —completa su reflexión el ruso, que cambia torre por caballo.

-Sí, ruso. Siempre espacios reducidos. ¿Por qué no en espacios ampliados donde correr y moverse libremente? —lanza Cho, que ahora está enroscado en su propio cuerpo como un caracol.

-Sigo. Hay que aclarar que Central apostó a replegarse en su campo bajo el planteo de Jorge Almirón todo el partido.

¿Y el joven Di María? —tira el ruso su ya clásica pregunta.

-No fue su noche, digamos.

-¿Entonces, profe? —arrima el norcoreano, que se hizo de golpe una pelota y rueda por los diferentes ambientes de la casa.

-A los 16 minutos del segundo tiempo, Ledesma lo bajó al juvenil Freitas dentro del área tras un pase entre líneas de Tomás Galván; el árbitro no dudó y volvió a cobrar penal para River. Sin Montiel, Facundo Colidio acarició el balón hacia el medio del arco, engañando al arquero rosarino para decretar el 1-0 definitivo. River a la final.

-¿Y en La Paternal qué pasó, profesor? ¿Cómo le fue al camarada Zielinski? ¿Le dio la gasolina? —apura el ruso mientras come un peón y pone en juego su reina.

 

De golpe Cho, hecho pelota, dejó de rodar y dio un golpe seco contra una pared que lo dejó inmóvil. El norcoreano hincha de Platense afronta una situación que podría cambiar radicalmente el curso de su estado de ánimo semanal y de la llamada internacional.

 

-Les cuento. El equipo de Nicolás Diez salió decidido a imponer el ritmo del partido y a los 6 minutos vino una triangulación colectiva que derivó en una asistencia precisa de Tomás Molina para el juvenil Facundo Jainikoski: 1-0 para Argentinos. Para colmo, a los 14, a Lisandro López le tiró el posterior de su pierna derecha y debió abandonar la cancha.

-¡Por Dios, profesor, tanta mala leche de entrada! —exclama el norcoreano Cho, que ahora se encuentra en posición de Buda.

-Durante toda la primera mitad Argentinos justificó la ventaja. Tocó, tocó, llegó, pero no convirtió. Fue un ajedrez de los técnicos. Belgrano apostó a jugadas más largas para que Passerini se la bajara al Chino Zelarayán y encarara al arco de Gómez. Y lo consiguió en varias ocasiones. Fue intenso, fuerte y ambos jugaron. Sin grandes marquesinas de la calle Corrientes, con sus armas lo dieron todo. Jugaron por abajo, por arriba, desbordaron por los costados. Llegaron una y otra vez de ambos lados. Argentinos, más ordenado, careció de definición.

-¿Y qué más, profesor? No me la ponga difícil —ruega el norcoreano a la vez que sigue en posición de Buda, pero ahora arriba de la mesa. Da la sensación por su voz que en cualquier momento explota como dinamita.

-En el complemento, el trámite se volvió más fuerte. Con el correr de los minutos, Zielinski quemó las naves, puso a Nicolás “Uvita” Fernández y, como Argentinos no pudo meter el segundo, quiso dormir el juego mandando a la cancha a Enzo Pérez. Cuando el reloj marcaba 94 y la hinchada local deliraba, Franco «El Mudo» Vázquez mandó un centro llovido al área, Lucas Passerini la bajó de pecho y «Uvita» definió cruzado al segundo palo. 1 a 1 y alargue.

-Golazo —tira desequilibrado el norcoreano.

-Exasperante, el camarada Zielinski, jajá —lanza el ruso, que cubre la reina pero pierde una torre.

-En los 30 minutos de prórroga el cansancio se notó, sobre todo en Belgrano. Passerini se quedó tirado en el piso más de un minuto, acalambrado, y Thiago Cardozo salvó a Belgrano al tapar un mano a mano al debutante de 18 años Gastón Verón en la última jugada.

-¿Penales? —explota por los costados el grito del norcoreano hincha de Platense.

-Sí, Cho.

-No quiero ver —lanza Cho, que finalmente se cuelga de la pared.

La definición fue una montaña rusa. Argentinos hizo los tres cambios extra antes de los 90 especulando con el triunfo parcial y varios de sus titulares no estaban para patear.

-Dale, profe —suplica el norcoreano.

-El primero fue el debutante Gastón Verón, que la estrelló en el travesaño. Fue Lucas Zelarayán, tiró una masita y todo igual. Hernán López Muñoz, con lo justo, derrotó a Thiago Cardozo: 1 a 0. Fue Franco Vázquez y tampoco pudo con Cortés. Francisco Álvarez dejó plantado a Cardozo para marcar el segundo del Bicho, pero Lucas Passerini la picó para conseguir el 2-1.

El norcoreano ahora está literalmente trepado al techo de su casa.

Fue Leandro Lozano y la clavó al ángulo. Atrás, «Uvita» Fernández engañó a Cortés y logró el 3-2. Con la chance de clasificar al Bicho fue Gabriel Florentín y la estrelló en el poste. Vino Emiliano Rigoni con la cabeza pintada de celeste y puso el 3-3 tras cinco intentos por lado.

-Pero qué desenlace, profesor —apunta Yevgeny, y se oye un «¡Jaque!» que le grita Helga.

-Fue Enzo Pérez al sexto penal y disparó una bomba de pastelera. Thiago Cardozo la detuvo con dulzura. Fue Ramiro Hernández y no falló. Clasificó al equipo de Ricardo Zielinski a su primera final, contra River. Nada más y nada menos. En el estadio Mario Alberto Kempes de Córdoba.

-Cae el norcoreano del techo y explota su cuerpo contra el suelo, pero, aliviado y con un hilo de voz, balbucea un tango simulando la voz de Roberto “El Polaco” Goyeneche.

-«¡Jaque mate!», grita Helga para el final, y Yevgeny deja caer su cabeza sobre el tablero.

 

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