Argentina / 24 marzo 2026

temperature icon 23°C
Edit Template

24 de marzo de 1980: el asesinato de san Oscar Romero de América, mártir por defender los derechos humanos

El arzobispo salvadoreño Oscar Romero, asesinado en su país por un francotirador mientras celebraba la misa, encontró la muerte por su defensa de los pobres y su lucha por los derechos humanos. El papa Francisco lo reconoció como mártir y santo católico en 2018.

Compartir:

Compartir:

Oscar Romero

El 23 de marzo de 1980 se celebraba el Domingo de Ramos iniciando la “semana santa” de la liturgia católica. En la catedral de San Salvador (El Salvador) el entonces arzobispo Oscar Arnulfo Romero, pronunció su homilía después de una semana en la que se habían producido 43 asesinatos por parte del ejército. Desde el púlpito el arzobispo dirigió un mensaje directo y sin eufemismos: “Ante una orden de matar que dé un hombre -afirmó- debe de prevalecer la ley de Dios que dice: No matar… Ningún soldado está obligado a obedecer una orden contra la ley de Dios… Ya es tiempo de que recuperen su conciencia y que obedezcan antes a su conciencia que a la orden del pecado….En nombre de Dios, pues, y en nombre de este sufrido pueblo cuyos lamentos suben hasta el cielo cada día más tumultuosos, les suplico, les ruego, les ordeno en nombre de Dios: ¡Cese la represión…!”

Ese mismo día y los anteriores, las religiosas que vivían en el hospital Divina Providencia donde Romero celebraba la misa habitualmente, le advirtieron al arzobispo que habían recibido amenazas de muerte dirigidas a él. Para entonces Oscar Romero se había convertido en un símbolo de la defensa de los derechos humanos y desde el púlpito venía denunciando la represión del ejército. 

El 24 de marzo de marzo de 1980, mientras celebraba misa y pronunciaba su homilía en la capilla del hospital Divina Providencia, Oscar Romero fue asesinado por un francotirador con un tiro en el corazón.

Tres años antes, en el 12 de marzo de 1977, uno de los directos colaboradores de Romero, el sacerdote jesuita Rutilio Grande, había sido acribillado a balazos junto a dos campesinos. El cura había denunciado la persecución y la represión que sufría el pueblo y también la Iglesia. Era un gran amigo del arzobispo Romero, quien tras velar toda la noche su cuerpo confesó: “Esa noche recibí desde el cielo una fortaleza particular”. Quienes lo conocieron afirman que el asesinato de Grande terminó de confirmar a Romero en su lucha por los pobres y los derechos humanos.

En febrero de 1980 la Universidad Católica de Lovaina le había otorgado a Romero el doctorado honoris causa por su defensa de los derechos humanos. Allí pronunció un discurso considerado como parte de su testamento. 

“Entre nosotros -dijo- siguen siendo verdad las terribles palabras de los profetas de Israel. Existen entre nosotros los que venden al justo por dinero y al pobre por un par de sandalias; los que amontonan violencia y despojo en sus palacios; los que aplastan a los pobres; los que hacen que se acerque un reino de violencia, acostados en camas de marfil; los que juntan casa con casa y anexionan campo a campo hasta ocupar todo el sitio y quedarse solos en el país. Es un hecho claro que nuestra Iglesia ha sido perseguida en los tres últimos años. Pero lo más importante es observar por qué ha sido perseguida. No se ha perseguido a cualquier sacerdote ni atacado cualquier institución. Se ha perseguido y atacado aquella parte de la Iglesia que se ha puesto del lado del pueblo pobre y ha salido en su defensa. Y de nuevo encontramos aquí la clave para comprender la persecución a la Iglesia: los pobres”.

Oscar Arnulfo Romero había nacido en 1917 en Ciudad Barrios (El Salvador), de una familia de condición humilde. Fue el segundo de ocho hermanos, y antes de ingresar al seminario para ordenarse sacerdote estudió carpintería.

“No se ha perseguido a cualquier sacerdote ni atacado cualquier institución. Se ha perseguido y atacado aquella parte de la Iglesia que se ha puesto del lado del pueblo pobre y ha salido en su defensa. Y de nuevo encontramos aquí la clave para comprender la persecución a la Iglesia: los pobres”. Oscar Romero

Los funerales del obispo asesinado se celebraron el 30 de marzo de 1980 en la catedral de la capital salvadoreña, donde acudió una multitud que fue reprimida por las fuerzas de seguridad, con un saldo de cuarenta muertos y doscientos heridos. 

Óscar Romero fue declarado beato por el papa Francisco el 23 de mayo del año 2015 y el 14 de octubre de 2018 el mismo papa argentino lo reconoció como santo en una ceremonia celebrada en el Vaticano.

Hoy se lo conoce como san Oscar Romero de América.

4Palabras



Compartir:

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Temas relacionados

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Suscríbete a nuestro boletín para mantenerte actualizado

Publicidades

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Seguinos en: