Argentina / 21 octubre 2026

temperature icon 18°C
Edit Template
  • Inicio
  • /
  • Deportes
  • /
  • Un cocinero y una guía robada: cómo Messi llegó a la selección

Un cocinero y una guía robada: cómo Messi llegó a la selección

Una llamada a tiempo, una página arrancada de una guía telefónica y un amistoso organizado a las apuradas. La historia detrás de cómo Argentina descubrió y blindó a un jovencísimo Lionel Messi, marcando el inicio del romance futbolístico más importante de todos los tiempos. ¿Que llegó a su final?

Compartir:

Compartir:

Messi se despidió de la selección argentina

Cuenta la leyenda que la historia de Lionel Andrés Messi con la selección argentina tiene mucho que ver con un cocinero español. El episodio ocurrió durante el Mundial Sub-17 de Finlandia en 2003. En la semifinal, la selección argentina cayó ante España tras ir ganando 2-0. La lesión de Lucas Biglia debilitó al equipo y los españoles, impulsados por Cesc Fàbregas, compañero de Messi en La Masía, terminaron ganando 3-2 en el tiempo suplementario.

De regreso en el hotel, donde ambas delegaciones compartían las comidas, se produjo el encuentro entre el cocinero español y el técnico argentino Hugo Tocalli que lo recuerda de la siguiente forma: “Viene el cocinero de España, que tenía una buena relación con nosotros de otros torneos, me cruza y me dice: ‘Tocalli, si tú tienes a ese chaval del Barcelona, eres el campeón con el gran equipo que tienes’. Yo me quedé congelado, lo miré y le pregunté: ‘¿Quién, Messi? ¿Cómo?’ Y el cocinero me tiró: ‘¿Lo conoces y no lo trajiste?’”.

Tocalli admite que en ese momento lo conocía poco. La historia dice que, a finales de 2002, Jorge Messi, el padre de Leo se acercó en Europa a Claudio Vivas, el entonces ayudante de campo de Marcelo Bielsa en la selección mayor y le entregó una cinta de VHS casera con las mejores jugadas de su hijo en las inferiores del Barcelona.

Vivas le entregó la cinta a Hugo Tocalli en el predio de Ezeiza diciendo: “Hugo, mirá esto, me lo dieron, es de un chico que juega en el Barcelona”. Se fue a su habitación después del entrenamiento. Mientras se cambiaba, puso el videocassette. El video contenía apenas cinco o seis jugadas cortas. 

Al ver lo que hacía ese chico a toda velocidad, Tocalli frenó en seco. “¡Ehh!”, exclamó. Retrocedió la cinta y la miró varias veces seguidas en pocos minutos. Estaba impactado. Incluso se cuenta que Marcelo Bielsa, al ver las imágenes, pensó que la cinta estaba acelerada, hasta que Vivas le aclaró que era la velocidad real de Messi.

Se venía el Mundial Sub-17 de 2003 en Finlandia y los tiempos no daban para sumarlo en ese momento. El cassette quedó guardado, pero la alarma se encendió de forma definitiva meses después con la advertencia del cocinero español.

Volviendo a Finlandia y a las palabras del cocinero, Tocalli miró hacia la mesa donde cenaban las autoridades de la Real Federación Española de Fútbol, incluido su presidente Ángel María Villar, y les trasladó la duda. Allí vino la revelación que lo alarmó: “Villar me miró y me dijo: ‘Hugo, nosotros lo hemos ido a buscar, le ofrecimos de todo para que juegue con nosotros y no quiere venir de ninguna forma. Quiere jugar para la Selección Argentina’”.

El impacto de saber que en España daban por hecho que Messi era un fenómeno imperdible desveló al técnico argentino. No pudo dormir de la ansiedad. Sentía que si España se quedaba con semejante jugador por una distracción del cuerpo técnico la responsabilidad histórica no se la podría perdonar.

Apenas amaneció se comunicó con urgencia con Julio Grondona que entonces era el presidente de la AFA, para armar una estrategia. Don Julio le pidió calma y le aseguró: “Quedate tranquilo, cuando vuelvas armamos un partido rápido con un árbitro internacional, que firme la planilla y ya queda fichado para Argentina”.

Luego del aviso del cocinero y la orden urgente de Grondona de “blindar” al jugador, Tocalli le encargó la misión de rastrearlo a Omar Souto, un histórico administrativo del departamento de selecciones de la AFA.

En esa época no había redes sociales ni WhatsApp. Nadie en Newell’s donde Leo había jugado, ni en River donde se había probado, tenía un teléfono de la familia del pibe. La búsqueda se hizo de la forma más analógica y argenta.

Souto salió del predio de Ezeiza y manejó hasta un locutorio en Monte Grande. Pidió la guía telefónica de Rosario. Para disimular y justificar que había entrado, hizo una llamada falsa a su propia casa. Cuando el empleado se descuidó, Souto arrancó la página entera donde estaban todos los apellidos “Messi” de Rosario, se la guardó en el bolsillo y volvió al predio.

Instalado de nuevo en Ezeiza, Souto empezó a marcar número por número de la hoja robada. Luego de varios intentos fallidos dio con Celia, la abuela de Lionel. Ella, desconfiada pero amable, le pasó el número de un tío de Leo. Ahí finalmente le dieron el teléfono fijo de la casa de la familia en Barcelona.

Souto marcó el número internacional y lo atendió Jorge Messi. Se presentó en nombre de la selección argentina, pero cometió un error: “Hola, mire, llamo del departamento de selecciones de la AFA. Queríamos hablar con usted porque queremos convocar a Leonardo Messi”. Asumió que “Leo” era el diminutivo de Leonardo. Jorge lo frenó en seco y, con una mezcla de corrección y alivio, le respondió: “Mire, se llama Lionel, no Leonardo. Y al fin llaman, porque mi hijo se está volviendo loco… Él no quiere saber nada con España, solo quiere jugar para Argentina”.

Ese llamado telefónico destrabó todo. La AFA envió el primer burofax oficial al Barcelona para pedir la cesión del jugador. El apuro y el desconocimiento eran tan grandes que en ese primer papel oficial de la AFA redactaron el nombre de la futura leyenda como “Leonel Mecci”. 

El 29 de junio de 2004 quedó grabado en la historia del fútbol mundial. Se armó el partido para fichar a Messi. Fue un amistoso Sub-20 entre Argentina y Paraguay en el estadio Diego Armando Maradona, la cancha de Argentinos Juniors. El único objetivo real no era ganar, sino “blindar” a un chico de 17 años que la estaba rompiendo en España.

El VHS que desveló a Tocalli y Bielsa por su velocidad fue solo el comienzo. Desde aquel debut con una camiseta que le quedaba enorme en La Paternal hasta la consagración en Catar 2022, Leo calcó de forma idéntica su patrón del Mundial Sub-20 de 2005: derrota inicial, figura del torneo y doblete en la final.

El ambiente en el vestuario local era una mezcla de misterio, timidez y asombro. Los jugadores de esa selección Sub-20, como Ezequiel Garay, Pablo Vitti, Lautaro Formica o “Cachete” Morales ya se conocían de memoria. De repente, apareció un chico flaquito, callado, con pelo largo, que venía desde Europa y al que nadie conocía.

Messi estaba tan nervioso y era tan introvertido que se sentó en un rincón y no pronunció una sola palabra antes del partido. Sus compañeros intentaban sacarle charla, pero él solo respondía sí o no.

Le dieron la camiseta número 17. El utilero de la AFA, Mario De Stéfano, contó años después que la ropa de la marca oficial le quedaba enorme, casi por las rodillas, lo que hacía que se viera todavía más menudo y frágil frente al resto de los futbolistas que ya tenían físico de primera división.

En la charla técnica, Tocalli les avisó a los jugadores que el primer tiempo lo jugarían los titulares de siempre, pero que en el entretiempo entraría “el chico del Barcelona” y que debían buscarlo y darle la pelota.

Argentina ya ganaba de forma cómoda en el primer tiempo. Al inicio del complemento, Tocalli mandó a la cancha a Messi en reemplazo de Matías Abelairas. Lo que pasó a partir de ese momento dejó medio tarados a los pocos hinchas que habían pagado una entrada, que consistía en un alimento no perecedero para donar.

Entró Messi y a los pocos minutos de pisar el césped de La Paternal, tras una asistencia de cachetada de Pablo Vitti, picó a pura velocidad entre los defensores, dejó desparramado al arquero paraguayo con un enganche sutil y definió con el arco vacío para marcar el 7-0. Luego, sumó una asistencia más en una ráfaga de fútbol total. El partido terminó en una paliza de 8 a 0.

Dicen que los futbolistas paraguayos admitieron que intentaron frenarlo y ponerle el cuerpo, pero era imposible encimarlo por su centro de gravedad tan bajo. Uno de los defensores de aquel partido confesó años más tarde que en el vestuario visitante se miraban las caras sin entender nada y comentaban: “Nos pintó la cara un nene que recién entra”.

Al año siguiente estaba el Mundial sub-20 en Holanda. Messi fue convocado con 17 años. Curiosamente, el director técnico Francisco Ferraro lo dejó en el banco de suplentes en el debut contra Estados Unidos, partido que Argentina perdió 1-0. A partir del segundo encuentro, Messi entró al once titular y desató una racha descomunal, anotando en todas y cada una de las fases de eliminación directa.

Le hizo un gol a Egipto en el triunfo por 2 a 0. Le dio la asistencia Neri Cardozo para el gol del triunfo ante Alemania. Marcó otro gol en octavos para ganarle a Colombia 2 a 1. Otro a España en cuartos para el triunfo argentino por 3 a 1. En las semifinales se enfrentó a Brasil. Hizo el primero y le dio la asistencia sobre el final a Pablo Zabaleta. En la final con Nigeria metió los dos goles de penal para salir campeón. Fue el mejor jugador y goleador de la Copa del Mundo sub-20.

Un dato curioso es que ese patrón de juego (perder el primer partido, marcar en cada fase de eliminación y hacer un doblete en la final para ser campeón y convertirse en Balón de Oro) lo terminó repitiendo exactamente 17 años después en el Mundial de Catar 2022 con la selección mayor.

El Mundial de Alemania 2006, de la mano de José Néstor Pékerman, fue un sube y baja de emociones. Tenía apenas 18 años, cumplió 19 durante el torneo. Pékerman, que conocía a la perfección el proceso de juveniles, llevó a Messi de a poco. El plantel estaba lleno de pesos pesados como Juan Román Riquelme, Hernán Crespo, Roberto Ayala y Juan Pablo Sorín.

Para que no se sintiera aislado, el cuerpo técnico tomó una decisión clave: lo concentraron en la misma habitación con Oscar Ustari, el arquero con quien ya tenía una amistad desde el Mundial Juvenil 2005. Leo seguía siendo muy tímido. En las prácticas deslumbraba a todos, pero en las concentraciones prefería quedarse tomando mates en la pieza antes que sumarse a las mesas de cartas de los más grandes.

Messi arrancó el Mundial en el banco. Tras quedarse sin ingresar en el debut ante Costa de Marfil, su gran momento llegó el 16 de junio de 2006 en Gelsenkirchen, ante Serbia y Montenegro. Entró a los 75 minutos, con el partido 3-0 a favor de Argentina, Pékerman lo mandó a la cancha en reemplazo de Maxi Rodríguez.

Solo le bastaron tres minutos en cancha para asistir a Hernán Crespo para el 4-0. A los 88 minutos, tras un pase de Carlos Tevez, Messi picó por derecha y definió con la pierna derecha entre las piernas del arquero. Fue el 6-0 definitivo y se convirtió, en ese momento, en el jugador argentino más joven en debutar y marcar en un Mundial.

Luego fue titular en el empate 0-0 ante Holanda, donde Pékerman cuidó jugadores y volvió al banco en octavos de final contra México, ingresando en el segundo tiempo y jugando todo el tiempo suplementario en el recordado triunfo con el golazo de Maxi Rodríguez.

Lo que vino después es una historia conocida. Lo vamos a extrañar mucho, pero sabiendo que hoy mismo cada pibe –en su club de baby, de futsal, de 11, en cada plaza, campito, vereda y canchita de todo el país– se va a ilusionar y soñar con ser Lionel.

Ninguno va a volver a ser como él, pero seguro van a aparecer algunos más. Todo el tiempo aparecen excelentes y brillantes jugadores y de vez en cuando uno que rompe con todo. Se les quiere.

 

4Palabras

Compartir:

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Comentarios

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Seguinos en: