Torneo Apertura: Boca y River ahora ganan y Maravilla hace maravillas (en contra)
Entre las sombras de la base naval de Vladivostok y el silencio vigilado de las dos Coreas, el fútbol argentino se filtra como un código sagrado. Yevgeny, un marino retirado que supo cultivar hongos en el oeste bonaerense, y Cho, un experto en bonsáis, sintonizan una charla clandestina para desmenuzar la suerte de la liga de los campeones del mundo. La pelota es lo único capaz de suturar las heridas del alma.
- abril 7, 2026
- Lectura: 3 minutos
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Yevgeny Vogarin se cansó de las guerras. Pasó muchos años de marino en la base aeronaval de Vladivostok durante la Guerra Fría. Helga, su compañera y enfermera en el hospital de la ciudad, jugó un papel importante en eso. Sobre todo durante la estadía que ambos compartieron hace un tiempito en el oeste del conurbano bonaerense, donde la mujer tiene a su hermana, Safira. Un año juntaron entre ambos dinero y francos, licencias, y «se las picaron» al partido bonaerense de Moreno a disfrutar de las mieles de los arrabales del conglomerado del AMBA, donde Yevgeny hasta fue parte de la cooperativa de hongos agroecológicos Kaiken. Supo desplegar sus saberes técnicos en la puesta a punto de maquinarias y herramientas, aportando su maña y conocimiento para el crecimiento del emprendimiento de la economía social bonaerense.
Ya retirado, sigue solo como piloto de helicóptero de rescate en la base naval, pero nada quiere saber de los militares rusos. Aunque lo cierto es que es capaz de discernir asuntos que a nosotros nos pasan por el costado; sigue con mirada crítica la fallida tragedia bélica que desatan sobre Irán, Estados Unidos e Israel, y analiza con su amigo y exespía de la KGB, Tudor Popovic, los acontecimientos en Persia casi al instante. Pero también le sacan punta al vicio del fútbol.
En eso está el ruso cuando, desde la frontera que divide las Coreas, el querido Cho mantiene un bonsái de jacarandá con sus mágicas manos y enciende la llamada clandestina internacional para informarse de la Copa de la Liga.
—Hola, amigues —abre el norcoreano con una bolsa en las manos de kong-satang, unos caramelos de soja cubiertos con una capa gruesa de azúcar.
—¿Cómo te va, Cho querido? —responde el ruso, despatarrado en el sillón del comedor de su departamento de Millionka, un antiguo barrio chino de Vladivostok, conocido por sus edificios de tres pisos, patios secretos, cafeterías y mitos sobre el pasado soviético.
Dejamos sobre la mesa las páginas de La conquista del pan, de Piotr Kropotkin, y nos metemos de lleno en la conversa.
—¿Cómo andan, chikles?
—Estimado profesor, ¿cómo anduvo la maravillosa liga de los campeones mundiales este fin de semana? Porque entre tanta cabalgata de partidos internacionales se me perdió de vista —lanza con un dejo de ironía el ruso.
—Les cuento que ya no es más fin de semana. Te diría que ahora van de miércoles a miércoles. El líder absoluto de la liga de los campeones del mundo es Independiente Rivadavia de Mendoza, que va puntero en la zona B y en la tabla general con 26 puntos, tras ganarle a Tigre. River, Argentinos Juniors y Rosario Central triunfaron y quieren rasguñar a los mendocinos. En la otra zona, Vélez perdió, pero sigue primero. Estudiantes también perdió, pero Boca ganó y quiere acechar. Lejos de los punteros, Independiente se impuso en el clásico de Avellaneda ante Racing.
—Arranquemos con la derrota de Vélez, profesor —sorprende el coreano.
—Vélez fue un fenómeno. De una u otra manera, fue el autor de los cinco goles en su derrota ante Gimnasia de Mendoza por 3 a 2. En el primer tiempo fue una tormenta: toque y toque para que Florián Monzón ponga el primero con un gesto técnico exquisito. Lo mismo para que, en gran jugada colectiva, Manuel Lanzini ponga el segundo. Y cuando se iban a los vestuarios, nadie saltó a defender un córner y se metió el descuento. En realidad, lo hizo de cabeza Ezequiel Muñoz. En el segundo, lo mismo: córner desde la izquierda, nadie defendió y Agustín Módica puso el 2 a 2. Para coronar la cosa, llegó hasta el fondo Gimnasia, vino el centro, el arquero Montero quiso cortar, pasó de largo y Mammana solo, en lugar de sacarla o dejarla pasar, la metió adentro de su arco y Gimnasia ganó casi sin intentarlo.
En fechas que ahora van de miércoles a miércoles, la resistencia mendocina de Independiente Rivadavia manda en la general con 26 puntos. Mientras River y Argentinos acechan el liderato de la Zona B, en la otra orilla un Vélez herido de goles propios aún sostiene la punta ante el asedio de Boca.
—¿Y el primero, profesor? —consulta Cho, que sigue dibujando su jacarandá al tiempo que ahora a los caramelos les agrega un té de ginseng, al que ellos llaman insam-cha.
—Independiente de Mendoza le ganó a Tigre, que venía de darlo todo en las primeras fechas y al parecer se quedó sin combustible. Sebastián Villa, imparable por las puntas, metió dos centros-asistencias para los goles de José Florentín y Leonel Bucca. También tuvo una para el tercero Villa, pero no pudo resolver y fue 2 a 0 y de visitante. Dato aparte: en el triunfo de Unión de Santa Fe ante Deportivo Riestra, marcó otra vez Tarragona.
—¡Tarragooo, Tarragoooo! —satura el teléfono a los gritos Vogarin—. ¡Ese es mi muchacho! —exclama.
—Después de una inexplicable salida hasta la mitad de la cancha y un pase a los contrarios del arquero Arce de Riestra, Cristian Tarragona —podemos decir que encontró su lugar en el mundo— puso el 2 a 0. Está segundo en la tabla de goleadores.
—¡Quiero saber de Boca, profesor! —solicita Cho.
—A falta de Zeballos, buenos son los Aranda. El pibe manejó todos los hilos de Boca en Córdoba ante un Talleres que es la sombra de lo que fue hace muy poco tiempo. El partido fue parejo, pero Boca tuvo mucho más volumen de juego y mejores opciones. A los 71 minutos de partido, corrida por la derecha del uruguayo Merentiel, centro y gol para el inefable Adam Bareiro, que la empujó abajo del arco y puso el triunfo xeneize.
—¿Qué se puede decir del clásico de Avellaneda, estimado profesor? —inquiere el ruso, al tiempo que se manda un ptichye moloko (leche de pájaro), una golosina por excelencia de la región, producida por la fábrica local Primorsky Konditer.
—Racing hizo todo para ganar el clásico ante Independiente de visitante. Todo, menos intentar que el gol lo hiciera otro jugador que no fuera Maravilla Martínez. Todas las opciones de gol iban hacia él, que tuvo hasta la mala idea de picar un penal.
—Noooooo. Eso en un clásico no se hace —se enoja Cho.
—Sí, Cho, la picó por encima del travesaño y después desperdició dos goles claros. En una se pasó en un centro y no supo con qué parte del cuerpo pegarle casi abajo del arco y, en otra, no remató bien luego de una jugada que le dejó servida Conechny. El hombre no estaba claro. Del otro lado, el paraguayo Ávalos mandó adentro del arco la única que le quedó en todo el partido, tras un centro de Montiel y una demasiado floja defensa de la Academia. Fue 1 a 0 para el Rojo, que llenó su estadio para celebrar el triunfo en el clásico.
—¿Qué sabemos de Central? —apunta el ruso.
—Sin Di María, se arrimó después de ganarle de local a Atlético de Tucumán con la fórmula Campaz-Veliz. Centro del colombiano, definición del argentino; una en el primero y otra en el segundo. El propio Veliz había errado un penal al principio del partido. Y en un error en la salida de Central, Leandro Díaz había puesto el único gol de los tucumanos con una corrida de 40 metros. Volvió al arco centralista «Fatura» Broun y se notó la seguridad.
—¿Se me viene resquebrajando el Belgrano del Ruso Zielinski? —afirma y consulta a la vez Vogarin.
—River salió a presionarlo desde el principio y Belgrano no pudo aguantar, Yevgeny. Parece que con el «Chacho» Coudet la cosa va por ahí. Lleva tres triunfos consecutivos.
—Y con un par de partidos que ganás, te acomodás —acota el coreano.
—Así parece. Tomás Galván, muy activo y que, según sus propias palabras tras el partido, cumplió con el pedido del DT de ir siempre para adelante y «morder en cada sector del campo», puso el primero a los 36 del primero. Después, otro que volvió al gol fue Facundo Colidio, que marcó el segundo a los 58, y bajó la persiana del resultado otra vez Galván, a los 83, para poner el 3 a 0 final.
—¿Es goleada 3 a 0? Para mí, sí —se pregunta y contesta Cho.
—No, Cho, a partir de 4 a 0 es goleada —replica el ruso.
—Eso era antes, profesor Vogarin —insiste el coreano.
—Por favor, querido, ¿cómo va a ser goleada 3 a 0? —levanta el tono Vogarin.
—¿Ah, no? —grita el coreano.
—No —se enoja el ruso.
La discusión se va elevando el tono, poniéndose espesa y yéndose al pasto. Por eso decidimos volver a la lectura de La conquista del pan, deseándoles que hagan música y hagan radio, chikles. Dos de las epopeyas más fantásticas de la historia de la humanidad, que saben suturar las heridas del alma.
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