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Racinguista: a Costas de todo

El técnico de Racing, Gustavo Costas, es ante todo un hincha desenfrenado de su equipo. Y como tal tiene toda la pasión y las cábalas de los hinchas. Como jugador, fue un rústico marcador central, con gran entrega. Como técnico su equipo suele ser una especie de Cupé Chevy que resiste y acelera a fondo. Y es uno de los técnicos más ganadores del continente.

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Gustavo Adolfo Costas Makeira transpira Racing. Fue mascota del equipo campeón del mundo de 1966. Hizo todas las inferiores en el club de Avellaneda, llegó a primera y jugó casi toda su vida en su club. Una vez que largó como jugador, arrancó como entrenador y hoy es multicampeón. 

¡Es ídolo en su club y… ah… es de esos hinchas que traspasa límites! ¿Algo más? Sí, es uno de los técnicos argentinos más ganadores en el continente, potreó por Sudamérica como loco durante años, ganando títulos hasta superar al portugués José Mourinho en cantidad de títulos ganados en diferentes países.

Luego de ganar el 23 de noviembre de 2024 la Copa Sudamericana, al derrotar en la final al Cruzeiro de Brasil, Costas superó a Mourinho 5 a 4. El técnico portugués ganó títulos en Portugal, España, Inglaterra e Italia y Gustavo en Perú, Ecuador, Paraguay, Colombia y Argentina.

Costas, figura en la web oficial del club como ídolo, es hincha desenfrenado. Para algunos es más que un técnico: es un guía espiritual, un símbolo, un Corán que les indica el camino por el desierto a la tierra prometida. En él creen.

Nació el 28 de febrero de 1963, en Buenos Aires. Está casado actualmente con Zully Ayala. Tiene dos hijos mayores, Gonzalo y Federico, que trabajan con él en el cuerpo técnico de Racing, un hijo más chico al que le dicen Gustavito y un nieto que se llama Valentino.

Es tan hincha de Racing que no permite nada de color rojo en su casa. No come tomate, ni morrón, ni frutas rojas, ni nada que lo conecte con los colores de Independiente. Se cuenta que incluso le prohíbe a novias y parejas usar ropa interior roja.

Claudio García, ex futbolista y compañero de Costas. señaló en declaraciones televisivas: «Es un enfermo de Racing, una vez fuimos a un restaurante y como había sillas rojas, comió parado. Es una locura, corre más ahora como técnico frente al banco de suplentes que cuando jugaba”.

Les canta las canciones a sus jugadores tratando de trasladarles su pasión. Hace poco tiempo confesó que la gente de Prensa del club estaba comiendo gelatina de rutilla (de color rojo) y no dudó en tirárselas: «No pueden hacer eso. Si son de Racing, no pueden comer gelatina roja».

Costas admitió en una nota periodística sobre la inminente llegada de Papá Noel y su emblemática vestimenta roja que «es al único que dejo pasar. Lo hago por los nenes”.

No hay partido en el que no bese su medallita de El Señor de los Milagros, una imagen religiosa que adoptó en 2003, cuando fue técnico de Alianza Lima de Perú. Durante toda la Copa Sudamericana del 2024, no dejó ni un partido sin dedicarle unos segundos al ritual y Racing volvió a consagrarse campeón de una copa internacional después de 36 años.

Como jugador, Costas fue un rústico marcador central, con gran entrega, de esos que no se ponen colorados a la hora de revolearla lo más lejos posible, ni de estrellas rivales contra los carteles. Aunque también hay que reconocer que era un buen tiempista. 

Es tan hincha de Racing que no permite nada de color rojo en su casa. No come tomate, ni morrón, ni frutas rojas, ni nada que lo conecte con los colores de Independiente. Se cuenta que incluso le prohíbe a novias y parejas usar ropa interior roja. Hace poco tiempo confesó que la gente de Prensa del club estaba comiendo gelatina de rutilla (de color rojo) y no dudó en tirárselas: "No pueden hacer eso. Si son de Racing, no pueden comer gelatina roja".

Hizo las divisiones inferiores en el club y debutó en la Primera División de Racing en 1981, momento donde empezó el comienzo del fin del rock and roll, y donde los denominados clubes grandes del fútbol argentino comenzaron a conocer el descenso a la segunda división. En ese momento era la “B”. Era irse a la “B”. San Lorenzo de Almagro fue el primero ese mismo año. El segundo fue Racing.

Le tocó descender con el retorno de la democracia en nuestro país en 1983. Gustavo se bancó el descenso, jugó en la “B” y tuvo su revancha como capitán y pieza fundamental en el ascenso de 1985, y después cuando ganó las Supercopas Sudamericana e Interamericana en 1988. 

Es el jugador con más presencias en la historia del club con 337 partidos y a lo largo de su carrera convirtió 9 goles. Un par de datos curiosos. En 1989 fue fichado por el F. C. Locarno de Suiza, donde jugó unos 100 partidos: Se emboló y volvió obviamente a Racing en el 92, pero en el 96 fue transferido a Gimnasia y Esgrima de Jujuy, donde terminó su carrera como futbolista a finales del 97. La verdad, no tenía idea.

Como director técnico tiene una larga carrera llena de matices y muchos títulos. Anduvo una pila de años dirigiendo clubes en Paraguay, Colombia, Ecuador, Chile y hasta unos meses en la selección de Bolivia. A lo que hay que agregarle una fugaz emboscada en Arabia Saudita.

Arrancó su carrera en 1999, ¿Dónde? Sí, claro en Racing. Su primera etapa como técnico de la Academia fue junto a Humberto Maschio y duraría solo hasta mayo del 2000 cuando presentó su renuncia luego de una mala campaña.

En 2001, se las picó para Paraguay a dirigir Guaraní, donde estuvo hasta el 2003. De ahí fue a Alianza Lima de Perú donde hizo una buena campaña y tras un conflicto con el Sindicato de Futbolistas del Perú, fue campeón con Alianza Lima.

Volvió a ganar el Apertura 2004, venciendo a Universitario 1 a 0. En el Clausura jugó nuevamente la final con Sporting dirigido por el “Patón” Bauza y ganó por penales 5-4.

Después de esos éxitos volvió al Paraguay para ganar con Cerro Porteño el Apertura 2005 y los Clausura 2005 y 2006, además del Anual del 2005, pero fue despedido por no conseguir un título internacional.

En 2007 regresó a Racing para reemplazar a Reinaldo “Mostaza” Merlo, pero se volvió rápido a Olimpia de Paraguay donde tampoco anduvo bien y se mudó a Alianza Lima. Salió subcampeón y se quedó hasta 2011.

Pegó un volantazo impecable y se fue a Oriente Medio. Al Al-Nassr F. C. de Arabia Saudita, pero lo echaron a los cuatro meses. Un embole. En 2012, vuelve al Barcelona Sporting Club de Ecuador, donde ganó el torneo de 2012. Ese fue el 4° título de su carrera como entrenador. 

En 2014, se fue Independiente Santa Fe de Colombia (con todos los problemas que tiene con los “Independiente”…) y salió campeón de la liga nacional, la Liga Postobon y la Superliga de Colombia 2015. Siempre usó ropa gris, llevando la camiseta roja en la mano cuando ganaban, recordando siempre a Racing.

Siguió en Independiente Santa Fe donde logró el primer título intercontinental de un cuadro colombiano, y ganó la Copa Suruga Bank 2016 y el Torneo Finalización de Colombia. Después pasó por Guaraní de Paraguay, Palestino de Chile y la selección de Bolivia con más pena que gloria. 

Y señoras y señores, a fines de ese mismo año volvió a Racing con todo, enfatizando la necesidad de conseguir títulos internacionales, y marcando diferencias con la filosofía de juego de su predecesor, Fernando Gago.

De inmediato, solicitó la incorporación de once refuerzos al presidente Víctor Blanco. Tuvo buenos y malos resultados y fue variando su esquema táctico de un 3-4-3 a un 3-4-2-1.

En tiempos de equipos brasileños victoriosos gracias a grandes billeteras, el Racing de Gustavo Costas jugó al fútbol sudamericano clásico y el 23 de noviembre de 2024, ganó la Copa Sudamericana, tras derrotar al Cruzeiro de Brasil por 3-1, superando así la marca del entrenador portugués José Mourinho, al salir campeón ahora en cinco países diferentes.

El equipo de Costas suele ser una especie de Cupé Chevy que resiste y acelera a fondo. Revaloriza esquemas, cambia cuando tiene que cambiar y también demuestra que todavía se puede construir competitividad con un libreto sencillo. Así, en febrero de 2025 ganó la Recopa Sudamericana al Botafogo por 4-0 en el global, igualando en títulos internacionales a Juan José Pizzutti.

Es un tipo sencillo, no se viste con traje, ni usa ropa a la última moda. Tampoco busca elaborar discursos densos en las conferencias de prensa. Su imagen parece detenida en el tiempo, como si estuviera recortado de la modernidad actual del fútbol. Corre como loco de un lado para otro detrás de la línea de cal y discute cada fallo del árbitro como un hincha. A veces gana y a veces pierde, pero muchos lo respetan y algunos lo idolatran.

 

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