Oscar 2026: el año de la justicia para Paul Thomas Anderson
La 98.ª edición de los premios de la Academia de Hollywood tuvo como gran ganadora a Una batalla tras otra, que se llevó seis premios, incluyendo Mejor Película y Dirección. Jessie Buckley se llevó la estatuilla a la mejor actriz, Michael B. Jordan triunfó como mejor actor y Autumn Durald Arkapaw se convirtió en la primera mujer en ganar en dirección de fotografía. Javier Bardem elevó su voz para reclamar por Palestina.
- marzo 16, 2026
- Lectura: 3 minutos
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La Academia de Hollywood tiene una memoria selectiva, a veces injusta, pero la noche de este domingo decidió saldar una de sus deudas más persistentes de las últimas décadas. En una gala marcada por el regreso del cine de autor a la cúspide comercial, One Battle After Another (Una batalla tras otra) se alzó como la gran triunfadora de la 98.ª edición de los Óscar. No fue solo un triunfo numérico con sus seis estatuillas, sino una validación histórica para su director, Paul Thomas Anderson, quien tras décadas de ser el “eterno nominado”, finalmente escuchó su nombre como el mejor del año.
La película, una mezcla de comedia dramática y thriller social con un humor punzante, no solo se llevó el galardón a mejor película, sino que permitió al cineasta romper su “maldición” personal. “Hacen que uno tenga que trabajar duro para conseguir uno de estos”, bromeó Anderson al recoger el premio a mejor dirección, entregado por Robert Pattinson y Zendaya. Una batalla tras otra ganó en categorías fundamentales como mejor guión adaptado —que le dio el primer Óscar para Anderson luego de 14 nominaciones a lo largo de su carrera—; mejor montaje para Andy Jurgensen; y mejor casting, para Cassandra Kulukundis.
Uno de los momentos más aplaudidos fue el triunfo de Sean Penn como mejor actor de reparto. Penn, que interpreta a un supremacista blanco en el film de P.T. Anderson, logró su tercer Oscar, aunque no estuvo presente para recibirlo. Aunque Leonardo DiCaprio no pudo llevarse el premio a mejor actor, su presencia en el escenario junto a todo el equipo para recibir el galardón a mejor película simbolizó el triunfo de una narrativa poderosa sobre la resistencia y la violencia sistémica en Estados Unidos.
A pesar del dominio de Anderson, Sinners, la ambiciosa propuesta de Ryan Coogler, no se fue con las manos vacías. Aunque llegó con el récord histórico de 16 nominaciones, la película de vampiros se hizo con cuatro premios clave en el Dolby Theatre. El momento más emotivo de la sección actoral fue para Michael B. Jordan, quien se alzó con el Óscar a mejor actor por su doble papel como gemelos en un club nocturno asediado por criaturas de la noche. Jordan se convirtió en el sexto actor afroamericano en la historia en ganar este premio, un hito que dedicó a pioneros como Sidney Poitier y Denzel Washington.
La película de Coogler también hizo historia detrás de la cámara: Autumn Durald Arkapaw se convirtió en la primera mujer en ganar el Óscar a mejor dirección de fotografía, bajo los aplausos de un auditorio que se puso en pie a petición de la propia ganadora. Sinners completó su palmarés con el premio a mejor guión original y mejor banda sonora. Por su parte, el Óscar a la mejor actriz quedó en manos de Jessie Buckley por su impactante interpretación en Hamnet.
Javier Bardem protagonizó el momento más reivindicativo de la noche. Al subir a presentar el premio a película internacional, el actor español no se guardó nada: luciendo un pin por la paz en Palestina y una pegatina de “No a la guerra”, exclamó un contundente “¡Palestina libre!”.
Las pocas referencias políticas y el triunfo de Noruega
En las categorías técnicas, el sello mexicano volvió a brillar gracias a Guillermo del Toro. Su reinterpretación de Frankenstein convenció a los académicos en el apartado visual, alcanzando tres estatuillas: mejor diseño de producción, mejor maquillaje y mejor vestuario.
Sin embargo, la suerte no acompañó a la representación iberoamericana en la categoría de mejor película internacional. Ni la brasileña El agente secreto (una de las pocas obras maestras en esta 98° edición de los Oscar), de Kleber Mendonça Filho, ni la española Sirat, de Oliver Laxe, pudieron frenar el avance Sentimental Value. El director noruego Joachim Trier confirmó su estatus como uno de los grandes narradores europeos contemporáneos al llevarse el premio, dejando a España y Brasil con las manos vacías tras un año de grandes expectativas.
Esta gala será recordada también por algunas menciones políticas en el escenario. Bajo la conducción de un Conan O’Brien mucho más suelto y mordaz que en años anteriores, la ceremonia sirvió de plataforma para que algunas voces denunciaran el contexto geopolítico actual.
Javier Bardem protagonizó el momento más reivindicativo de la noche. Al subir a presentar el premio a película internacional, el actor español no se guardó nada: luciendo un pin por la paz en Palestina y una pegatina de “No a la guerra”, exclamó un contundente “¡Palestina libre!”. Incluso el propio Paul Thomas Anderson, al recibir su premio de guión, dejó una reflexión agridulce sobre el “mundo alocado” que estamos heredando, instando a las nuevas generaciones a buscar la luz entre las sombras.
La noche tuvo también el tradicional In Memoriam, que este año tuvo una carga emocional especial al despedir al director y actor Rob Reiner, la gran Diane Keaton y el legendario Robert Redford. Hubo omisiones varias, que van desde el argentino Héctor Alterio (protagonizó cinco películas nominadas a los Oscar, desde La Tregua y la española El Nido a Camila, La historia oficial y El hijo de la novia) a Gene Hackman y Brigitte Bardot.
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