Argentina / 1 marzo 2026

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“No hay manera de que a una PyME le vaya bien si a los trabajadores les va mal”

Mientras el gobierno impulsa cambios en la legislación laboral, el presidente de la Asociación de Empresarios y Empresarias Nacionales (ENAC) Diego Ojeda asegura que no hay reactivación posible sin consumo. El impacto del cierre de FATE, y una radiografía crítica sobre la pérdida de pequeñas y medianas empresas, vinculada a la caída del salario real.

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Las pequeñas y medianas empresas atraviesan un escenario crítico: en los últimos dos años cerraron más de 20 mil unidades productivas. Contrario a la narrativa oficial, los empresarios sostienen que la reforma laboral no es el camino para la reactivación sino la mejora del poder adquisitivo. «No hay manera de que a una PyME le vaya bien si al empleado le va mal», afirma Diego Ojeda, presidente de la ENAC en diálogo con 4Palabras. El argumento –según Ojeda– es estadístico: los momentos de mayor crecimiento para las empresas nacionales coincidieron con una alta recuperación del salario. «Dato mata relato: llegamos a pagar doble indemnización y el mercado era pujante. Esta reforma es en contra de los trabajadores y de las PyMEs por igual; somos los mayores damnificados después de los jubilados y estudiantes”, dice y agrega un ejemplo que considera clave: al inicio de la gestión de Milei, un jubilado compraba 53 kilos de carne con su haber; y hoy solo accede a 16 kilos.

Ante la asfixia financiera, el sector reclama la declaración de la Emergencia PyME, un proyecto que busca evitar el cierre definitivo de empresas por deudas operativas que cuenta con dictamen positivo desde diciembre de 2024 pero que pasó a cuarteles de invierno. 

Pese a la gravedad, el sector observa que la clase media aún sostiene el modelo por afinidad política, incluyendo sectores muy golpeados. 

 

-Hicieron público su rechazo a la reforma laboral en un comunicado, ¿la reforma laboral no beneficia de ninguna manera a los pequeños y medianos empresarios?

-No, de ninguna manera. Nosotros somos los primeros en salir y abordar esta situación, porque no hay manera que a una PyME le vaya bien si al empleado le va mal. Son dos sujetos del mercado que van en el mismo sentido. En uno de los mejores momentos de la Argentina, en el que al empleado le iba bien y a la PyME le iba muy bien, supimos que tenía que ver con la recuperación del poder adquisitivo. No es una opinión, es estadístico. Dato mata relato. Llegamos a pagar en el mejor momento doble indemnización para echar un empleado. Y era un mercado pujante en crecimiento que funcionaba. Antecedentes tenemos. Esta reforma no es para los trabajadores, es en contra de los trabajadores, es pérdida de derechos de los trabajadores y es en contra de las PyMEs también. Somos los dos mayores damnificados después de los estudiantes, los jubilados y tantas otros que cayeron con estas políticas de gobierno. 

 

-¿Qué representa el cierre de la empresa FATE?

-FATE es una empresa que tiene muchísimos años y que ha sabido sortear varias situaciones económicas del país, y que hoy se ve en esta coyuntura de tener que cerrar por una cuestión que es clara: es imposible competir con la apertura de importaciones indiscriminada, sin ningún tipo de regulación. Claramente en el mundo las exportaciones tienen que ver con un sobrante de producción, por lo tanto trabajan con un costo cero y es imposible competir. Trump, con todo lo que se puede decir sobre él, para poder resguardar la competencia y el trabajo de Estados Unidos, le pone permanentemente aranceles a la importación. 

Pero acá hay dos cuestiones que son fundamentales. Una que tiene que ver con los dueños de la UIA, los que la comandan. De alguna manera todo esto que está haciendo el gobierno les hace bien, porque cotizan en bolsa, compran bonos. Y por otro lado dejan tierra arrasada en un mercado interno que se desploma, en la que los únicos que pueden revertir la situación de una forma rápida, en algún momento de recuperación, son estas mismas grandes empresas. Lo planteo porque muchos dicen que hacen todo mal. No, no hacen todo mal. Para ellos hacen todo bien.

 

-¿Qué posibilidad tiene una pyme de reabrir sus puertas una vez que atraviesa un contexto de crisis como este? 

-No, es casi irreversible el cierre de una PyME. Hay datos claves para entender esto: el 95% de las que se crean, fracasan. Del 5% restante, el 3% al menos fracasó una vez. Así que si en una economía fuerte, pujante, con un buen poder adquisitivo de la sociedad, con un mercado interno que consume, tenemos esos porcentajes, en una situación como la de hoy, de tierra arrasada total, reconvertirse o reabrir es casi imposible.

Hoy llevamos más de 20.000 PyMEs perdidas. Y venimos perdiéndolas ya hace muchos años: 25.000 con Mauricio Macri, 8.000 con Alberto Fernández, y ahora llevamos más de 20.000. Y nuestra encuesta RADAR nos muestra que vamos a perder entre un 6% y un 7% más hacia adelante: unas 30.000 pequeñas y medianas empresas. Es una tragedia. 

 

-¿Qué otros datos se desprenden de esta encuesta RADAR?

-La pérdida del poder adquisitivo es tremenda. Pensemos con sentido común en un producto que tiene que ver con la idiosincrasia de los argentinos, que es la carne. Cuando asumió Milei el kilo de carne salía a 4 mil pesos. Hoy, el kilo de vacío vale 21 mil pesos. Un jubilado ganaba $213.000, por lo tanto, se compraba 53 kilos de carne de vacío. Hoy, con esos $340.000 pesos, se compra 16 kilos de carne. No hay forma de resistir. Y los que están resistiendo, lo hacen porque la competencia se está cayendo. O sea, se está quedando con el mercado de algunos que vienen cerrando. No hay una mejoría de mercado. Y por otro lado, tenemos a Caputo saliendo a decir que no entiende cómo los empresarios no están apoyando esta reforma laboral. No tiene sentido. No lo apoyan porque saben a dónde vamos a terminar todos. Ya no somos solo las pequeñas empresas que cerramos, hay medianas y grandes que están cerrando también. 

“Mientras la clase media resiste, no hay estallido. Esa misma clase media que lo votó, lo está bancando. Hay un montón de PyMEs que votaron a Milei. De hecho, los textiles lo acompañaron y hoy son el sector que más sufre esta realidad económica. Tenemos que sincerarnos y salir de este suicidio en masa. Tenemos que entender que hay que revertirlo”.

¿El diálogo está totalmente cerrado con el gobierno?

-Sí. Nuestra ventana para poder hacer los reclamos respectivos era la subsecretaría PyME. Cuando el subsecretario ratificó que era cierto lo que decíamos sobre la pérdida de PyMEs lo echaron y cerraron la subsecretaría. Lo único que le interesa a este gobierno son los recursos naturales y la minería. Que tampoco están bien, porque de hecho las mineras están echando gente. Y por el otro lado, el carry trade y la fuga de capitales. La emisión de billetes se multiplicó por el 5.3%. ¿A dónde está ese billete? No fue a obra pública, no fue a universidades, no fue a los jubilados. Fue a bonos, al carry trade. Mientras puedan aguantar eso, lo van a aguantar porque es su negocio. La única forma de revertir esta situación es que la sociedad se ponga de pie y termine de entender que se equivocó a la hora de votar y que este no era el camino. De hecho Massa, si volvemos el libro atrás, todo lo que está pasando lo anunció: era el modelo que venían a seguir estos muchachos.

 

-El mundo del trabajo cambió y todo se acelera exponencialmente, ¿creés que se llega a este punto, en parte, porque hubo otros espacios políticos que no se animaron a dar la discusión desde otro lugar?

-El peronismo siempre acompañó los procesos necesarios para que al trabajador le vaya mejor. Podemos discutir largo y tendido sobre las personas, la corrupción, las formas. Ahora, lo que no podemos discutir es que siempre el peronismo y la CGT estuvieron a favor del trabajador. Hoy me siento sorprendido y hasta un poco enojado por cómo se manejó la CGT. Para mí tendría que haber hecho un paro nacional antes. Estuve reunido con ellos y se los pedí -como tantos otros- y no lo hicieron. Recién ahora lo hacen cuando ya la votación de senadores fue desfavorable. 

En este mundo en el que vivimos lo que cambió lamentablemente es que los chicos no visualizan en un futuro cercano poder obtener beneficios a través del trabajo. No pueden pensar en construir una casa, ni siquiera en alquilar. La gran mayoría de los jóvenes viven con los padres y no tienen un horizonte propicio. Hay mucha rotación de empleo, los trabajadores no se sienten parte, siempre están tratando de encontrar algo mejor, y de hecho tienen dos o tres trabajos.

 

-Hay cada vez más monotributistas y menos empleados en blanco, ¿podía pensarse una reforma laboral que amplíe derechos en ese sentido?

-Acá la discusión que hay que tener tiene que ver con abrirles los balances a las empresas y duplicar el salario del trabajador. Si se toman los datos de INDEC, que da cuenta de que la canasta básica de un trabajador es 1.300.000 pesos, no se puede pagar menos de eso. Y si decís que no lo podés pagar y que lo tiene que subsidiar el Estado, tenés que traer los balances y demostrarlo. El trabajador cada vez gana menos. ¿Quién quiere ser monotributista? Nadie. Pero se gana más plata vendiendo sanguchitos en la casa o en Mercado Libre vendiendo alguna que otra cosa que yendo a trabajar todos los días. La realidad es que el salario es tan bajo que la gente prefiere quedarse en la casa. El transporte público aumentó exponencialmente, y sale muy caro almorzar o pasar el día para un trabajador. Cuando uno hace las cuentas no le queda nada. Ni hablar del combustible que hoy vale 2.000 pesos un litro de nafta cuando lo pagábamos 300 pesos. Es imposible que sea algo viable. Pero el plan es a medida. No les importa. Stusenegger se los dijo en la cara: “ocúpense de la reforma laboral”. Y acá estamos. Venimos pidiendo un ministerio PYME porque lo que necesitamos es un mercado interno fuerte para una sociedad más justa. No todo tiene que ver con la geopolítica. Somos un país súper rico de 47 millones de habitantes, de los cuales, trabajadores, hay 12 millones y 8 millones están en la formalidad. Algo no está bien.

 

-¿Te imaginás que esta crisis pueda derivar en un estallido social?

-Mientras la clase media resiste, no hay estallido. Esa misma clase media que lo votó, lo está bancando. Hay un montón de PyMEs que votaron a Milei. De hecho, los textiles lo acompañaron y hoy son el sector que más sufre esta realidad económica.

Tenemos que sincerarnos y salir de este suicidio en masa. Tenemos que entender que hay que revertirlo. Ya está. La verdad que derivamos en esto porque tampoco desde el peronismo se hicieron bien las cosas. Eso está claro. Pero este va a ser el peor gobierno de toda la historia de la Argentina.

 

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