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Miguel Sánchez: El atleta desaparecido que sigue corriendo en la memoria colectiva

Este domingo se corre una nueva edición de la “Carrera de Miguel”. Lo que comenzó como un rescate periodístico y una iniciativa en Roma, hoy es un símbolo que reivindica la memoria de los deportistas víctimas del terrorismo de Estado.

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Mañana a la mañana es la “Carrera de Miguel”. Vayan. Están todos invitados. Es en la calle Miguel Sánchez, en la entrada del Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo (CENARD) de la Ciudad de Buenos Aires.

Miguel Benancio Sánchez era un pibe más en su contexto: solidario, trabajador, poeta y amante del atletismo. Nació en la provincia de Tucumán, en la localidad de Bella Vista, un 6 de noviembre de 1952. Su familia, que sumaba diez hijos, migró al Gran Buenos Aires como tantos cientos de miles que, desde hace ya nadie sabe cuánto, van en busca de bienestar. En esa época todavía no lo llamaban conurbano.

Fueron al barrio de Villa España, en el partido de Berazategui. Su vida giraba alrededor de la familia y el deporte. Durante la década de 1960, se fue a probar a las inferiores de Gimnasia y Esgrima La Plata y quedó. También fue a buscar trabajo al Banco Provincia y quedó. Entonces, durante unos años, combinó trabajo, fútbol y poesía, hasta que se fue acercando a lo político y lo social. Empezó a militar en la unidad básica del barrio. Iba con sus compañeros a barrios aún más populares que aquel donde él vivía.

Entrados los años 70, largó el fútbol y comenzó a aprovechar sus condiciones físicas para desarrollarse en el atletismo, un deporte de pobres. Más exactamente, en el de larga distancia: lo que conocemos como maratón. Es decir, más de pobre todavía. Nada que ver con el imaginario porteño actual de los runners que van por Palermo, y menos aún con las carreras súper promocionadas de la Ciudad de Buenos Aires de hoy. Otra cosa. Los que saben y corren los circuitos oficiales en serio, en clubes y agrupaciones de atletismo, dicen que para correr no necesitás comprar nada, solo zapatillas y, en algunos casos, ni siquiera eso.

Se desarrolló como corredor, logró federarse en el Club Atlético Independiente y entrar en el circuito de competencia nacional. Le iba bien. Ganó carreras, recibió trofeos y se hizo un lugar en el atletismo. La militancia en la “básica” continuaba en paralelo. Cuenta la investigación periodística de Pablo Llonto para la revista El Gráfico que, el 1 de julio de 1974, Miguel decidió que tenía que participar de los funerales del presidente Juan Domingo Perón. Fue con compañeros de militancia y, tras largas horas de cola, rompió en llanto frente al féretro del general.

En lo deportivo, su sueño era competir en la tradicional Maratón de San Silvestre, que se celebra cada fin de año en la localidad brasileña de San Pablo. Lo pudo cumplir en tres ocasiones. Pero en 1976 su vida cambió, como la de todos los argentinos. Con el golpe de Estado del 24 de marzo y los primeros indicios de la cacería sistemática que comenzaba a implementar la dictadura, el trabajo en los barrios comenzó a restringirse.

La represión se incrementaba. Según la investigación de Llonto, ya entrado 1977, el trabajo militante se había cortado. En uno de los cotidianos viajes en el tren Roca, yendo al trabajo con sus compañeros, no paraban de decirse “cuidate”, pero a la vez, circulaba también el pensamiento: “A mí no me va a pasar nada”. Vivían en esa encrucijada.

En lo deportivo, el sueño de Miguel era competir en la tradicional Maratón de San Silvestre, que se celebra cada fin de año en la ciudad brasileña de San Pablo. Lo pudo cumplir en tres ocasiones. Pero en 1976 su vida cambió, como la de todos los argentinos.

Para fin de 1977 se venía de nuevo la San Silvestre. Ya entrenaba hacía años con Osvaldo Suárez y en el club se dieron las condiciones para que viajara una vez más y compitiera por tercera vez en la maratón brasileña. Corrió en Brasil y de ahí se fue a Punta del Este para correr otra carrera. Regresó el 6 de enero a Buenos Aires.

En la madrugada del 8 al 9 de enero de 1978, un grupo de tareas a bordo de un Falcon, vestidos con ropas deportivas y portando armas de todo tipo, secuestró a seis vecinos del barrio Villa España. Siguiendo la investigación de Llonto, basada en testimonios de los vecinos, cerca de las tres de la madrugada los represores fueron hasta la pieza del fondo de la casa de la calle San Martín 176 y, al grito de “¿Vos sos Miguel Ángel?”, secuestraron al atleta. Su madre, Cecilia Santillán, corrió desesperada hasta la habitación, pero ya era tarde: le habían secuestrado al hijo. Sin pañuelo blanco, hizo el mismo camino que miles de madres buscando a su hijo desaparecido: cuarteles, iglesias, comisarías, dependencias del Estado. Murió sin respuestas, como tantas otras.

La investigación de El Gráfico dio con un tal Manso, un colectivero marxista de la línea 98 que también fue secuestrado ese día, pero que, en un descuido del guardia, se desató, le partió un fierro por la cabeza al secuestrador y escapó. En el testimonio que le dio a Llonto, el colectivero reconoció que estuvo detenido en el centro clandestino El Vesubio (en Autopista Ricchieri y Camino de Cintura) junto a Rodolfo Fernández, compañero de militancia de Sánchez en la unidad básica de Berazategui, y que escuchó que Miguel también estaba ahí secuestrado. Hasta el día de hoy sigue desaparecido.

La memoria pública y colectiva tuvo que esperar décadas para ser rescatada. Conocedores del mundo del atletismo que compartieron algunas corridas con Miguel en el Parque Chacabuco consideran que el rescate de su historia y su memoria tardó demasiado: exactamente 20 años. Vino de la mano de los medios, que en ese momento de la historia argentina tenían un poder de instalación de agenda que hoy añoran.

En 1998, los periodistas Ariel Scher e Ignacio Pochat encendieron la historia de Miguel en el diario Clarín. A través de una entrevista con su hermana Elvira, reconstruyeron la vida y la desaparición del corredor. “Siempre le hacían notas en la revista mensual que publicaba el banco”, dice en la nota Elvira, quien conserva 50 trofeos, 36 medallas y varias fotos de su hermano compitiendo. El texto de Scher y Pochat agrega también la palabra de su entrenador, Osvaldo Suárez, el fondista argentino que ganó tres veces consecutivas la San Silvestre: “Le decían el Tucu y se entrenó conmigo durante tres años en Villa Domínico”.

A partir de ahí, la vida y desaparición de Miguel Sánchez entró en la agenda pública, mediática y política. Comenzaron a acercarse deportistas, periodistas, militantes políticos, sociales, de derechos humanos y algunos políticos. Eran épocas donde el menemismo daba sus últimos estertores dejando un campo minado de desocupación y pobreza, pero al mismo tiempo se iba fortaleciendo el campo de los derechos humanos y los movimientos sociales. La lucha de los organismos de derechos humanos no alcanzaba la magnitud que tuvo años después hasta convertirse en política de Estado y asunto de todos, como pocos temas en la Argentina. Por lo menos hasta ahora.

Poco tiempo después, el periodista italiano Valerio Piccioni, de La Gazzetta dello Sport, viajó a Buenos Aires para realizar una investigación sobre el tema, cuyo resultado fue La corsa di Miguel (La carrera de Miguel). Piccioni impulsó la organización de la carrera por las calles de Roma para rendir tributo a Sánchez. La primera se hizo el 9 de enero de 2000, con más de 350 participantes con una remera que llevaba la imagen del rostro de Miguel en la parte delantera y una reproducción del poema “Para vos, atleta” atrás, escrito por Sánchez en diciembre de 1977 y publicado por la Gazeta de São Paulo el día de la carrera de San Silvestre de ese año. Este hecho le dio gran trascendencia al tema.

Algunos sectores más ligados al progresismo y la lucha por los derechos humanos participaban del gobierno de Aníbal Ibarra en la Ciudad de Buenos Aires y lograron que el domingo 11 de marzo de 2001 se corra por primera vez la “Carrera de Miguel” en su país. La querida profesora, periodista e investigadora del CONICET, Natalia Aruguete, pasaba su mejor momento de rendimiento deportivo y tuvo la suerte y el orgullo de ganar la competencia que culminó dentro de la pista del entonces CENARD.

De ahí en más comenzó la instalación e institucionalización de la “Carrera de Miguel”. Se replicó por el país: en su tierra natal, Tucumán; en Berazategui, la localidad de su militancia y desaparición, fue organizada por docentes y alumnos de la Escuela de Educación Media Nº 7 “Ernesto Che Guevara” bajo el lema “La Carrera de Miguel: corremos para no olvidar…”. Su hermana Elvira dijo a Radio Ahijuna: “La Carrera de Miguel es eso: es la carrera por la memoria, por la vida, por la verdad y la justicia”.

En la costanera de la ciudad de San Carlos de Bariloche, en la provincia de Río Negro, en Mar del Plata, Necochea y Santa Fe se corre desde hace años. A partir de 2012, existe la calle Miguel Benancio Sánchez, que suplantó a Crisólogo Larralde desde Avenida del Libertador hasta Lugones. La Asociación del Fútbol Argentino (AFA) le puso su nombre a la Copa del Torneo Inicial 2013.

La Legislatura porteña votó un proyecto que presentó el exdiputado Claudio Morresi para que la escuela de educación media que está dentro del CENARD lleve el nombre del atleta. Fundada en 2005, nació también por iniciativa de Morresi —futbolista en Huracán y River, entre otros clubes, y cuyo hermano, Norberto, fue asesinado por la dictadura— cuando era secretario de Deportes. En 2014 se sancionó la ley 26.990, que establece el 8 de enero como el “Día de la Memoria en el Deporte” en Argentina, en homenaje a Miguel y como forma de honrar a los deportistas víctimas del terrorismo de Estado.

Para los que quieran saber más sobre su historia, pueden ir a Miguel Sánchez: memoria(s) del primer atleta desaparecido, un libro de Ricardo Fernández que reconstruye la vida del atleta a partir de testimonios y archivos que dialogan con el contexto político, social y económico de la Argentina. También está Sueños de un campeón. El diario agenda de Miguel Sánchez, el libro que edificaron Ángeles Rossi —sobrina nieta de Miguel— y Federico González con las anotaciones de puño y letra del atleta.

El deportista y militante Martín Sharples nos dijo que en estos últimos años no es fácil hacer la carrera. El gobierno porteño retacea fondos, cupos e indumentaria. Pero cree que, gracias a esta competencia, “Miguel está en todos lados, sigue corriendo en todas partes, y es un símbolo del deporte y de los derechos humanos”.

Miguel escribió “Para vos, atleta”:

“Para vos, atleta, / para vos que sabés del frío, del calor, / de triunfos y derrotas. / Para vos que tenés el cuerpo sano, / el alma ancha y el corazón grande. / Para vos que tenés muchos amigos, muchos anhelos, / la alegría adulta y la sonrisa de los niños. / Para vos que no sabés de hielos ni de soles, / de lluvia ni rencores. / Para vos, atleta, / que recorriste pueblos y ciudades uniendo estados con tu andar. / Para vos, atleta, / que despreciás la guerra y ansiás la paz”.

 

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