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Gambeta y militancia: Mbappé toma el molde que Maradona dejó vacío

Luego de la muerte de Diego Maradona, el fútbol argentino cayó en un marcado silencio social y político. Desde Francia emerge una figura que desafía esa apatía: Kylian Mbappé. Pese al rechazo que genera por su perfil global, el delantero del Real Madrid no teme confrontar a la extrema derecha ni denunciar la violencia policial. Un repaso por el rol de los atletas modernos y la falta de voces comprometidas en nuestras canchas.

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La imagen muestra al futbolista francés Kylian Mbappé celebrando efusivamente durante un partido de la selección de Francia en la Copa Mundial de la FIFA 2026.

Tras la exhibición de la bandera con la leyenda “Las Malvinas son Argentinas”, desplegada por algunos jugadores de la selección luego de vencer en la semifinal de la Copa del Mundo a Inglaterra, un poco se reabrió la discusión sobre la relación de los jugadores de fútbol y la política, cosa que tantos odian en nuestras tierras.

Después de la partida de Diego Maradona, quien supo trascender todos los ámbitos posibles y estrechar vínculos con políticos que fueron de Carlos Menem a Fidel Castro, pasando por Néstor y Cristina Kirchner, Evo Morales y Hugo Chávez, realmente cuesta recordar a alguno que alce la voz por alguna causa política o social.

Nos entusiasmamos con posteos de Lisandro Martínez manifestando preocupación por ciertas cuestiones sociales y económicas que nos pegan a los de a pie todos los días. También por su paso por la universidad pública y sus visitas al pueblo donde nació. Cada vez nos conformamos con menos en términos políticos. No sé, me parece. Hay que reconocer que varios jugadores de fútbol en los últimos años sí se acercaron a apoyar diversas causas vinculadas a los derechos humanos, no sin el esfuerzo de los organismos y sus allegados.

Pero ahora, muy lejos de acá, apareció una de las figuras más políticamente activas del deporte global, por más que nos duela. No es un tipo que nos caiga simpático, sobre todo por sus enfrentamientos y goles contra nuestra selección, porque además es presumido, multimillonario y en muchos momentos desparrama soberbia dentro y fuera de la cancha. A diferencia de la gran mayoría de los futbolistas que evitan pronunciarse sobre temas públicos, Kylian Mbappé, el capitán francés, utiliza su lugar y su exposición para fijar posturas frente a procesos electorales, el auge de la extrema derecha, la violencia policial y las crisis humanitarias.

No es un personaje simpático, ni agradable, ni humilde, ni de bajo perfil, sino más bien todo lo contrario. Pero el máximo goleador de los mundiales, con solo 27 años, maneja varios perfiles que, a su manera de ver el mundo, no son excluyentes, como ser multimillonario y tener una mirada social y política sobre el mundo.

El momento de mayor impacto político de Mbappé ocurrió durante las elecciones legislativas francesas de junio y julio de 2024. En medio de la concentración para la Eurocopa, el delantero rompió el silencio deportivo habitual y alertó directamente sobre el peligro de que la extrema derecha alcanzase el gobierno. Instó a los jóvenes a salir a votar, afirmando que el país se encontraba en un “momento crucial de su historia”. El triunfo en la primera vuelta electoral del partido derechista Agrupación Nacional (RN), de Marine Le Pen, fue calificado por el jugador como “catastrófico”. Y agregó: “No podemos dejar nuestro país en manos de esa gente” y pidió el voto para “el lado correcto”. Su postura fue un factor más que impulsó un posterior acuerdo que unió a partidos de centro e izquierda en la segunda vuelta para frenar el avance de la derecha.

De cara a las próximas elecciones presidenciales, se mantiene como una de las voces de oposición social más representativas frente a las candidaturas de figuras como Jordan Bardella, heredero de Le Pen, que representa la nueva estrategia del RN: un partido que era mostrado como un movimiento xenófobo, violento y ultranacionalista, y que ahora busca “ser la voz del pueblo”.

Hace muy pocos días, Mbappé generó otro revuelo político internacional en España y Francia tras una serie de gestos vinculados a la crisis migratoria en Ceuta. El delantero evitó vestir plenamente una camiseta oficial contra la migración. Kylian e Ibrahima Konaté decidieron no lucir de forma convencional consignas locales impuestas por las autoridades de LaLiga.

Luego aclaró su postura humanitaria: “Tengo toda la solidaridad con la gente de Ceuta y con las víctimas porque, antes de ser jugador, soy humano. Quería tener un gesto y un pensamiento para todos los inmigrantes que han perdido la vida y que están en condiciones duras”, rechazando que se deba “priorizar” el sufrimiento de un grupo sobre otro. Esto le valió fuertes críticas de portavoces de la derecha francesa y española, quienes cuestionaron que use su rol deportivo para el activismo social.

Figuras como Jordan Bardella y Marine Le Pen lo atacaron acusándolo de ser un “predicador privilegiado” alejado de la realidad de los ciudadanos comunes. Bardella llegó a declarar: “Cuando tienes el privilegio de ganar millones y viajar en jet privado, me molesta ver a estos deportistas dando lecciones”. En cambio, su exentrenador en la selección, Didier Deschamps, lo defendió firmemente al señalar: “Son futbolistas, pero también ciudadanos que no viven fuera de la situación del país”.

Mbappé no es un personaje simpático, ni agradable, ni humilde, ni de bajo perfil, sino más bien todo lo contrario. Pero el máximo goleador de los mundiales, con solo 27 años, maneja varios perfiles que, a su manera de ver el mundo, no son excluyentes, como ser multimillonario y tener una mirada sobre el mundo. Así se convirtió en una de las voces políticas más potentes del deporte actual.

Mbappé defendió abiertamente su activismo, argumentando en diversas ruedas de prensa que los deportistas no deben “callarse y jugar”, sino asumir la responsabilidad civil que conlleva ser referentes de millones de personas. Nunca se autodefinió explícitamente como un militante de izquierda, aunque sus posturas públicas y valores sociales lo alinean con posiciones progresistas y el rechazo frontal a las políticas de derecha y extrema derecha.

En una rueda de prensa de junio de este año, protagonizó un momento viral cuando un periodista le mencionó que estaba físicamente ubicado en su “extrema izquierda” y respondió entre risas: “Menos mal que no estabas del otro lado”, ironizando sobre su conocida aversión al partido de Marine Le Pen.

También fue uno de los líderes deportivos más activos en denunciar el racismo institucional y los abusos policiales en los suburbios de Francia, y defiende activamente la multiculturalidad de la selección francesa como reflejo de la identidad nacional moderna. “Realmente intentamos combatir esta idea de que un futbolista debería callarse y jugar. Somos ciudadanos y no estamos desconectados de lo que pasa en nuestro país”, explicó. 

Desde esa mirada, condenó la brutalidad policial en Francia en episodios de violencia racial o institucional como en el “Caso Nahel”, un joven de 17 años de ascendencia argelina tiroteado y asesinado por la policía en un control de tráfico. El jugador calificó la situación como “inaceptable” y expresó: “Me duele mi Francia”. Anteriormente, tras la difusión de un video donde policías golpeaban brutalmente a un productor musical negro en París, fue tajante: “Video insoportable, violencia inadmisible”.

Diego Maradona nos enseñó que se puede ser millonario y el más famoso del planeta, pero preocuparse por el que está en problemas. A propósito, Mbappé argumentó que la fama o el dinero no aíslan a las personas de los problemas de su entorno y que le afecta el futuro de su nación. 

A pesar de su estrecha relación con figuras de Estado como el presidente Emmanuel Macron y de su enorme peso específico fuera de las canchas, descartó de forma categórica involucrarse formalmente en la gestión partidaria. Con ironía, explicó que la política no está en sus planes debido a que “ya es suficientemente odiado tal como están las cosas”.

A raíz de la controversia fronteriza en Ceuta, Mbappé aprovechó una entrevista con RFI para profundizar en su identidad binacional (su padre es de Camerún y su madre es de origen argelino cabila): “Siempre tuve una educación marcada por la cultura africana, aunque nací y lo hice todo en Francia. Nunca corté el vínculo con mis raíces, con mis orígenes. Forma parte de los valores que te inculcan”.

También se pronunció de manera contundente con respecto al viraje publicitario del fútbol tradicional hacia promociones masivas de apuestas que afectan de manera desproporcionada a la clase trabajadora global. “Muchos venimos de barrios humildes donde esto destruye familias enteras. Las apuestas arruinan vidas, especialmente a los jóvenes que no están preparados para afrontar la adicción”, señaló.

Paradójicamente, le dicen últimamente “El Dictador” debido a un meme viral de internet, que nació a partir de la percepción sobre el poder e influencia que ejerce en sus equipos. El apodo nació en el vestuario de la selección francesa como una broma interna. Su compañero Ousmane Dembélé comenzó a llamarlo de manera jocosa “Mobutu” (en referencia a Mobutu Sese Seko, el histórico dictador del Congo) para burlarse de su estilo de liderazgo fuerte, su personalidad imponente y su costumbre de querer que las cosas se hicieran a su manera dentro del plantel. Internet reaccionó editando fotos de Mbappé con trajes militares de dictador, presidentes o reyes. Recientemente, Kylian se refirió al apodo en una entrevista con el diario L’Équipe. Explicó que lo que hace Dembélé es solo para reírse en el vestuario. Aunque entiende el tono humorístico de las redes, admitió que el apodo le disgusta. Declaró que comparar a un futbolista con personajes históricos responsables de asesinatos y sufrimientos masivos demuestra “falta de conciencia política y también humana”.

Sabemos que por estos lares no es muy querido el amigo Kylian, pero cuánta falta nos hacen en nuestro fútbol algunos que se animen a plantear y a decir algunas cosas, al menos del lado del progresismo, la izquierda y el movimiento nacional y popular, ¿no? ¿Qué dicen?

 

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