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La “rosca política” en la era Milei: una entrevista con Mariana Gené

La politóloga analiza cómo el gobierno libertario modificó la negociación con el Congreso y los gobernadores, combinando outsiders con armadores clásicos. La paradoja del Presidente que desprecia la casta, pero necesita acuerdos parlamentarios.

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La llegada de Javier Milei a la presidencia de Argentina no solo significó un quiebre en las lógicas económicas y sociales, sino que también sacudió el silencioso y ancestral “oficio” de la rosca política, el arte de negociar, armar alianzas y operar en las bambalinas del poder.

En su libro La rosca política (Siglo XXI Editores), la politóloga Mariana Gené analizó en profundidad este fenómeno desde la reapertura democrática. Ahora, en un escenario inédito de un gobierno que desprecia abiertamente a la “casta”, las reglas de juego parecen haberse reescrito. ¿Quiénes son los nuevos armadores? ¿Cómo se negocia sin los tradicionales instrumentos de la política, como la obra pública? ¿Y qué implica que el presidente que asegura “no hacer política” haya sido, a pesar de todo, eficaz en su relación con el Congreso?

En esta entrevista, Gené desentraña las modificaciones y las paradojas que introdujo el gobierno libertario en la dinámica política argentina, desde la irrupción de outsiders como Santiago Caputo y Karina Milei en la mesa chica, hasta la curiosa visibilización del “toma y daca” con gestos como la cena con los “87 héroes”.

La doctora en Ciencias Sociales de la UBA y la École des Hautes Études en Sciences Sociales (EHESS), también analiza el futuro de la política profesional y las tensiones internas del peronismo en un contexto de cambio profundo.

Coescrito con Gabriel Vommaro, su último libro es “El sueño intacto de la centroderecha y sus dilemas después de haber gobernado y fracasado” (Siglo XXI Editores, 2023). Actualmente, junto a Gabriel Kessler y Vommaro, están realizando un análisis de los votantes del núcleo duro de Milei.

 

En tu libro La rosca política analizaste el oficio de los armadores y operadores desde la reapertura democrática. ¿Qué modificaciones generó el gobierno de Milei?

En parte vino a romper con las lógicas anteriores e introdujo dos grandes cambios. Una es una modificación al nivel de los elencos, de los encargados de esa negociación política. Aunque parte de esos perfiles se mantuvieron, como en el caso del ex jefe de Gabinete Guillermo Francos y ahora con Diego Santilli en el Ministerio de Interior. Ambos tienen los perfiles clásicos de este tipo de armadores políticos, con cargos electivos y no electivos en su haber, y tienen también en común esa inconstancia partidaria: los dos pasaron por tres partidos políticos, al menos, y conocen los códigos y los ritmos del mundo de la política. Pero lo cierto es que en La Libertad Avanza, Francos era una suerte de traductor, pero tenía poco poder de decisión, porque no era el círculo más íntimo de Milei. Con Santilli pareciera que también tiene muchas responsabilidades, pero por ahora pocos recursos para destrabar esos acuerdos entre pares. En cambio, si pensamos en otros que están en la mesa chica y tienen mucho poder, como Karina Milei y Santiago Caputo, sí son outsiders de la política. Después hay algunos actores más periféricos, como Sebastián Pareja o Lule Menem, que tienen larga experiencia en política, pero en puestos muy secundarios, y que de repente saltaron al centro de la escena.

¿Y el segundo cambio?

La otra gran novedad del inicio de los primeros dos años de Milei fue que esa negociación, realizada desde un gobierno en franca minoría que tenía que juntar aliados para aprobar sus leyes y sostener su proyecto, la hizo bajo el mantra de “no hay plata” y cortando la obra pública, que es un típico instrumento de diálogo con los gobernadores. Después hay, por supuesto, algunas cosas que se sostienen. Algo curioso de La Libertad Avanza es que por momentos hizo muy visible el “toma y daca” tradicional de la política, como en esas cenas con los 87 héroes que sostuvieron los vetos; o en esos votos legislativos que cambiaban a último momento y salían a los medios a decir que les habían ofrecido una embajada. Son cosas habituales en la negociación entre pares, pero suelen ser un poco menos visibles al público en general. Hubo una combinación medio paradójica entre el desdén hacia la rosca política y cierta visibilización del toma y daca.

Milei ha dicho varias veces que él “no hace política”, que “no le interesa”. Pero de un modo u otro ha sido muy eficaz en su relación con el Congreso y los gobernadores, salvo algunas intermitencias como la ley de Emergencia en Discapacidad o el financiamiento universitario. ¿Considerás que efectivamente “no hace política” o que es parte de su contrato electoral y esa idea de reemplazar a la casta?

Ese desdén hacia la política es algo que está presente realmente en Milei, en su liderazgo, aunque, por supuesto, una cosa es estar en la oposición y ser un líder disruptivo y otra cosa es ser presidente. A la hora de gobernar, esa necesidad de hacer política en el sentido de negociar con otros, de buscar acuerdos, de que las leyes puedan aprobarse, es imperativa. Milei ensayó distintos caminos, intentó avanzar con decretos, con vetos y en gran medida lo pudo hacer. Diría que fue bastante eficaz durante el primer año y un poco más también; y tuvo más en entredicho ese poder durante esos meses en los que sus opositores vieron cierta debilidad. En ese momento, la oposición logró reunirse para pasar algunas leyes y marcar algunos límites, los gobernadores reclamaron el reparto de los ATN. Ahora deberán enfrentar a un Milei muy fortalecido. Diría que probablemente a Milei se le abre la ilusión de que no necesita hacer política, pero lo cierto es que esa necesidad sigue estando. Aunque haya engrosado de forma notable las filas de sus dos bancadas, en la Cámara de Diputados y en el Senado, sigue necesitando aliados para que las leyes pasen, necesita tener una coalición un poco más potente. Sabemos que desde Estados Unidos se lo exigieron para hacer el salvataje. Pero hay algo de esa política que él preferiría no hacer, como muchos otros líderes de su estilo, que querrían poder gobernar eludiendo a los otros poderes del Estado.

¿Qué antecedentes de gobiernos democráticos hay de esa forma de gobernar, por lo menos en su primera etapa, con una lógica muy fuerte de veto y decreto, e incluso hasta podría agregar de promulgación y suspensión, como en el caso de la Ley de Emergencia en Discapacidad?

La Argentina tiene un presidencialismo fuerte, con muchas prerrogativas. Y Milei se mantuvo, en parte durante la primera mitad de su mandato, jugando a fondo con los instrumentos que el presidencialismo argentino le da, con esos vetos, con esos decretos. Los Decretos de Necesidad y Urgencia fueron muy utilizados desde 1983 hasta acá. Ahora bien, el ejemplo sobre la Emergencia en Discapacidad, o sobre el financiamiento universitario, nos muestra algo nuevo. El Congreso juntó los dos tercios para hacer una insistencia, lo cual es también inédito desde 1983 para acá, y aún cuando lo logró, Milei dijo que igual no había plata y no lo iba a hacer, aunque sí había plata eventualmente para reimprimir las boletas en la provincia de Buenos Aires. Es evidente que el argumento no era técnico, sino que era puramente político. Lo curioso es que pudiera hacerlo. En parte algunos de los instrumentos se los da el presidencialismo argentino; y otros no, son interpretaciones bastante más cuestionables, que se estiran más allá a esos márgenes. Diría que en muchas de estas derechas radicales en el mundo entero, muchos dicen que hacen un ejercicio no liberal de esta democracia, en lo que respecta a la separación de poderes, a la relación con las minorías, con el Poder Legislativo, con el Judicial, pero también con los medios de comunicación. Este proceso está en marcha y hay algunos signos de alarma que están a la vista. Muchos de estos líderes, si pueden avanzar más fuerte, lo hacen, aunque encuentran algunos límites institucionales, en la movilización callejera, en la protesta. Pero una cosa fue el primer año de Milei, otra fue el segundo, veremos qué pasa en esta segunda parte del mandato. Parte de eso dependerá de los resultados económicos y cuánto lo acompaña el electorado.

Según Gené, el gobierno de Milei en parte vino a romper con las lógicas anteriores e introdujo dos grandes cambios en materia de la negociación política. Uno es una modificación al nivel de los elencos, de los encargados de llevar adelante la “rosca política”. La otra es que la llevó adelante bajo la lógica del “no hay plata” y sin un instrumento habitual como la obra pública.

Desde la reforma constitucional de 1994 para acá siempre habían coexistido dos grandes figuras: la del Jefe de Gabinete y la del Ministro del Interior. Durante buena parte de su gobierno, esos cargos estuvieron unidos en Francos. ¿Qué cambios puede haber ahora con la llegada de Santilli a Interior y de Adorni en la Jefatura de Gabinete?

Interior es un ministerio clásico de la formación del Estado argentino y lo novedoso, lo inaudito que hizo Milei fue que durante un tiempo lo suprimió, por primera vez tanto para gobiernos democráticos como de facto. Desde 1994, cuando se creó la Jefatura de Gabinete, hubo distintos momentos en los que hubo una puja de poder y una redistribución de atribuciones entre el Ministerio del Interior y la Jefatura, los dos ministerios más políticos del gabinete, en función de la confianza que les diera el presidente, más allá del organigrama, más allá de la ley de Ministerios. En este caso, sin dudas, la mayor confianza está en Adorni, que es una espada de LLA y es de íntima confianza de Karina Milei. Adorni es un referente en ese ecosistema de influencers libertarios. Se puede esperar una tensión, porque claramente Santilli es un político, es alguien que sabe negociar con pares, que tiene los mismos códigos, mientras que Adorni es del riñón de de Milei y de Karina. Lo cierto es que Santilli ya jugó este juego dentro del PRO, al que llegó como alguien que venía del peronismo y en un contexto de oportunidad. Supo esperar en el PRO a que le tocara su turno. Ahora es ministro del Interior y se ilusiona con ser gobernador en la provincia de Buenos Aires. Además de ser político, es un tiempista, y va a intentar ir ocupando de a poco los lugares que le dejen ocupar, sabiendo que, por ahora, la primacía está en la cabeza de Adorni y no en la suya.

Con el arribo de Milei, muchas de las figuras de la política profesional han perdido peso, incluso van a perder representatividad. ¿Cuál es el futuro de esa política profesional? ¿Sigue siendo necesaria? ¿Va a tener nuevas oportunidades?

Es cierto que hay algo muy disruptivo en La Libertad Avanza, y hay un reclutamiento de muchos novatos en política, de mucha gente que llega sin experiencia. También hay un reclutamiento de muchas segundas líneas, de políticos periféricos, que ahora tienen su momento de dar un salto a posiciones de mayor poder. No son todos recién llegados. Hay otros que tienen largas carreras, quizás más grises. Pero esos profesionales de la política siguen siendo relevantes y van a seguir siendo relevantes. La cuestión es, quizás, cuánto van a seguir ocupando la primera plana, siendo tan visibles. Muchos de ellos, si bien cumplieron funciones muy importantes en otros gobiernos, no fueron los que encabezaron listas para llegar a esos lugares en los que estaban. Hay una división del trabajo político que hace que esos políticos expertos muchas veces no sean los más populares ante la opinión pública. Sin embargo, los distintos proyectos políticos los necesitan, porque a la hora de destrabar acuerdos, de generar ciertos consensos y cumplirlos, son muy relevantes. Son fundamentales para cualquier fuerza que tenga que gobernar, y son especialmente relevantes en momentos de crisis. A veces, incluso, son más importantes todavía con un Presidente que desdeña al resto de los políticos, que se burla de ellos, que los agrede por medio de las redes; entonces hacen falta esos políticos que van a poner ciertos paños fríos y a desandar parte de ese cortocircuito.

¿Qué análisis hacés de las negociaciones políticas internas del peronismo? En el caso de Kicillof, en los años anteriores tuvo dificultades para sancionar la ley de Presupuestos, este año lo logró, pero la ley de Financiamiento se demoró. ¿Qué está pasando en relación a esa histórica capacidad de negociación que tenía el peronismo?

Desde hace un tiempo largo ya, pero sin duda más profundamente desde 2023, cuando perdió las elecciones después de un gobierno fallido, el peronismo está en un proceso de lucha intestina entre facciones; y con poca facilidad para poner reglas claras, para procesar esas diferencias. Esas dificultades son la clara expresión de que todavía, o está buscando un nuevo liderazgo, o está buscando un modo de funcionar con este archipiélago de liderazgos y de facciones. A la vez, quizás esté rediscutiendo parte de su programa, impulsando algunas discusiones que no tienen solo que ver con nombres y liderazgos, sino también con ideas. No pareciera que este proceso esté pronto a resolverse. También está con problemas para sostener su bancada en el Congreso, con lo cual el peronismo está frente a problemas graves y buscando su solución.

 

 

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