Argentina / 6 marzo 2026

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La obsesión de Milei: una libertad llena de endeudados

El propósito presidencial: volver a la Argentina del siglo XIX. La propuesta de un extractivismo purista. Y el objetivo es una revolución regresiva de derechos. No se necesitan trabajadores, ni consumidores, pero hay una libertad llena de endeudados. La pretensión de un estado pequeño sobre un territorio cada vez más vacío de gente con derechos.

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obsesion de milei

El presidente Javier Milei carga con una obsesión que es, a la vez, su programa de gobierno y su objetivo metafísico: quiere reinsertar a la Argentina en el siglo XIX. Para este esquema, el futuro no es un horizonte de progreso social, sino un viaje en el tiempo hacia 1880. La idea es simple y brutal: girar los minuteros hacia atrás hasta que el país quede estacionado en el modelo agroexportador, aquel que nos hizo “ricos” mientras nos mantenía profundamente desiguales.

En la cosmogonía libertaria, la industrialización es un “fetiche” que debe ser arrasado. No hay lugar para el Plan Pinedo, ni para la sustitución de importaciones, ni mucho menos para la “utopía” peronista de la industria nacional (acá no hay industria, ni liviana ni pesada). 

Milei propone un extractivismo purista: granos y vacas para el mundo, minería y petróleo para quien los quiera extraer. Todo valor agregado es visto como una interferencia en la división internacional del trabajo. Donde la naturaleza no brindó cierta ventaja competitiva, la búsqueda de innovación tiene sentencia de muerte.

Pero este regreso al pasado no es solo económico; es, fundamentalmente, una revolución regresiva de derechos. Para que el modelo de “un tercio adentro y dos afuera” funcione, es necesario desandar las inclusiones y las conquistas de derechos del siglo XX.

Adiós al radicalismo: se busca borrar la integración de las clases medias y esa molestia histórica del voto universal.

Adiós al peronismo: el objetivo es anular la entrada de los trabajadores a la mesa de decisiones y terminar con la universidad gratuita.

El modelo libertario es una “polis” excluyente. Sueña con una “democracia ateniense”. Pero ojo, no la de la utopía de la participación masiva, sino la real: aquella donde la política era propiedad exclusiva de los varones, blancos y propietarios, mientras mujeres, niños y esclavos sostenían la subsistencia desde la sombra.

El discurso de Milei, plagado de tecnicismos macroeconómicos y términos que parecen salidos de un manual de alquimia financiera, busca precisamente eso: que el hombre común sienta que la política es algo demasiado complejo para él. Si la política es solo economía, entonces la política es solo para los técnicos. El ciudadano ya no es un actor; es, en el mejor de los casos, un espectador dócil de su propia exclusión.

Pero ahora ya no necesitan trabajadores. Ni siquiera consumidores. Es una libertad llena de endeudados. Familias que toman préstamos –primero uno y luego otro y otro con la ilusión de tapar el anterior– para sobrevivir y patear el momento del desenganche definitivo del sistema. Una fantasmagoría financiera. El sobreendeudamiento es la esclavitud del siglo XXI.

Hay una intención clara de dinamitar lo cooperativo, lo “colectivizante”, cualquier herramienta que reúne a la gente de modo más o menos horizontal.

Bajo este sol decimonónico, la política deja de ser la “cosa pública” para convertirse en una instancia críptica. El discurso de Milei, plagado de tecnicismos macroeconómicos y términos que parecen salidos de un manual de alquimia financiera, busca precisamente eso: que el hombre común sienta que la política es algo demasiado complejo para él. Si la política es solo economía, entonces la política es solo para los técnicos. El ciudadano ya no es un actor; es, en el mejor de los casos, un espectador dócil de su propia exclusión.

Al final del camino, lo que asoma es una Argentina para un tercio integrado y dos tercios afuera. Que, en realidad, es un puñado de millonarios y otros pocos con sentido de pertenencia a algo que les resulta cercano y esquivo. El modelo funciona con una alineación sumisa a las grandes potencias —con todos atrás y Trump de “9”—. El proyecto de Milei no es una innovación: es un retrofuturismo de la exclusión. Es la construcción de un estado pequeño sobre un territorio cada vez más vacío de gente con derechos.

 

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