Argentina / 18 marzo 2026

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La nueva fe diplomática a la medida de Trump

Milei y un alineamiento internacional sin matices. Una alianza estratégica que redefine los enemigos externos. La “Junta de Paz", el “Escudo de las Américas”, en “guerra” contra Irán y fuera de la OMS. Teherán apuntó contra la Argentina y dijo que Milei cruzó una “línea roja imperdonable”.

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El gobierno de Javier Milei sigue atando sus determinaciones en política internacional a lo que establece Estados Unidos y, en particular, su presidente Donald Trump. En ese marco Javier Milei anunció hace pocos días en Nueva York que “Irán es nuestro enemigo” y que “Argentina está en guerra”, ufanándose al mismo tiempo de ser el “presidente más sionista del mundo” y de que nuestro país tiene “una alianza estratégica con Estados Unidos y Israel”.

Sin medir consecuencias, el gobierno argentino está planteando un alineamiento ciego con Estados Unidos y, por extensión, con Israel.

La respuesta iraní tampoco se hizo esperar.  En un informe ante Naciones Unidas el país islámico incluyó a la Argentina en la lista de sus “enemigos” y el Teheran Times, órgano oficioso del grupo religioso que gobierna Irán, apuntó a nuestro país diciendo que Milei cruzó una “línea roja imperdonable”. Para Irán las declaraciones de Milei son “provocadoras” y la calificación de enemigo requiere “una respuesta proporcionada a esta enemistad”.

Cabe señalar que, más allá de las afinidades ideológicas que distintos países de nuestra región tienen actualmente con el gobierno de Trump, Argentina es el único país latinoamericano que respaldó los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán.

El alineamiento tuvo sus antecedentes. Por decisión de Milei Argentina se inscribió como uno de los miembros fundadores de la “Junta de Paz”, un invento con el que Trump que pretende sustituir a la mismísima Naciones Unidas generando un espacio del que se autodesignó como presidente vitalicio. Pese a que la Constitución lo exige en estos casos, el presidente no solicitó autorización al Congreso para sumarse a este organismo.

A eso se agregó que nuestro país también se sumó al “Escudo de las Américas”, tal como lo bautizó el presidente norteamericano. Tampoco en este caso hubo ni siquiera anuncio al poder legislativo. Se trata, según lo describió Trump, de una alianza destinada a combatir el narcotráfico y el crimen organizado. Detrás de esa formulación hay una estrategia para quitarle peso, representatividad y hasta desconocer los organismos regionales históricos como la OEA y la CELAC. En la nueva organización de Trump no están convocados ni México, ni Colombia y muchos menos Brasil.

Pero el “Escudo” es sobre todo un pretexto para garantizar, bajo la fachada de cooperación, mayor presencia militar norteamericana en América Latina con la condescendencia de gobiernos ideológicamente afines a Trump. El argumento será el ataque al narcotráfico. «Acordamos usar fuerza militar letal para destruir estos siniestros carteles y sus redes terroristas», sostuvo el hombre de la Casa Blanca.

Argentina confirma su retiro de la Organización Mundial de la Salud (OMS), siguiendo también el ejemplo de Estados Unidos que tomó una determinación similar y contra la mayoría de los opiniones de los expertos materia sanitaria que señalan que esa decisión traerá consecuencias negativas para el país por el aislamiento, la falta de acceso y participación en investigaciones, intercambio y ámbitos de cooperación entre países.

Antes, en noviembre pasado y contrariando la posición histórica del país durante tres décadas, Argentina se opuso en la Asamblea de Naciones Unidas a una moción que pedía el levantamiento del bloqueo a Cuba. Fueron 165 los países que se sumaron al pedido de levantamiento de cualquier tipo de sanciones al país caribeño. Siete votaron en contra: Estados Unidos, Israel, Ucrania, Paraguay, Hungría, República Checa y Argentina.

Tampoco es ajena a todo lo anterior, la noticia conocida ahora por la cual Argentina confirma su retiro de la Organización Mundial de la Salud (OMS), siguiendo también el ejemplo de Estados Unidos que tomó una determinación similar y contra la mayoría de los opiniones de los expertos materia sanitaria que señalan que esa decisión traerá consecuencias negativas para el país por el aislamiento, la falta de acceso y participación en investigaciones, intercambio y ámbitos de cooperación entre países.

Hace un año, utilizando los mismos argumentos de Trump, Argentina sostuvo que “la evidencia indica que las recetas de la OMS no funcionan porque son el resultado de la influencia política, no basadas en la ciencia”. Y agregó además que el organismo internacional “confirmó su inflexibilidad para cambiar su enfoque y, lejos de admitir errores, elige continuar asumiendo competencias que no le corresponden y limitando la soberanía de los países”.

Milei tiene más visitas a Estados Unidos que a las provincias argentinas. Y en sus primeras declaraciones después de haber asumido como canciller Pablo Quirno prometió que “seguiremos consolidando las relaciones con Estados Unidos”. La orientación es clarísima: Argentina no tiene  política internacional propia: para saber qué hará nuestro país en ese escenario basta con observar el camino que, antes, determinen Estados Unidos y Trump. Por ahí vamos a transitar.

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