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Empresas y dictadura: arranca el juicio contra un exdirectivo de Mercedes Benz

El Tribunal Oral Federal N° 1 de San Martín inicia este jueves el juicio contra Juan Ronaldo Tasselkraut, exgerente de Producción de Mercedes Benz, acusado por el secuestro de los trabajadores Héctor Ratto y Diego Núñez. Luego de décadas de demoras judiciales, el testimonio del único sobreviviente y la reconstrucción de las listas entregadas a las patotas militares ponen en el centro de la escena la complicidad empresarial con el terrorismo de Estado.

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La imagen muestra una manifestación en Argentina con una gran pancarta que reclama por los obreros desaparecidos de la empresa Mercedes-Benz.

Este jueves 22 de octubre se abre un nuevo capítulo en la revisión del rol que jugaron los grandes grupos económicos durante la última dictadura. El Tribunal Oral Federal N° 1 de San Martín dará inicio al juicio oral contra Juan Ronaldo Tasselkraut, exgerente de Producción de la planta de Mercedes Benz Argentina en González Catán. El exdirectivo llega imputado como partícipe necesario en el secuestro y las torturas sufridas por los trabajadores Héctor Aníbal Ratto y Diego Eustaquio Núñez. El debate oral se extenderá con audiencias semanales hasta marzo de 2027, con el objetivo de investigar cómo la conducción directiva actuó codo a codo con las fuerzas armadas para barrer con la resistencia gremial en la fábrica.

Para llegar a este juicio tuvieron que pasar varias décadas marchas y contramarchas judiciales. A pesar de que los testimonios de las víctimas estuvieron sobre la mesa desde los años ochenta —tanto en la Conadep como en el Juicio a las Juntas—, la causa contra la cúpula de la automotriz alemana tropezó una y otra vez con sobreseimientos, cajoneos y demoras injustificables. Recién en los últimos años, un fallo de la Cámara Federal de Apelaciones de San Martín volvió a poner en valor las denuncias de los sobrevivientes y empujó el expediente a esta etapa decisiva.

La persecución en la fábrica no fue un hecho aislado: entre 1976 y 1977, un grupo de 18 obreros que integraba una comisión interna crítica de la conducción de SMATA fue blanco del terrorismo de Estado. Quince de ellos continúan desaparecidos, entre los que se cuentan Juan José Martín, Esteban Reimer, Víctor Grieco, José Vizzini, Hugo Ventura y el propio Diego Núñez. La mayoría de los secuestrados terminó en el centro clandestino “El Campito”, dentro de Campo de Mayo. En esos años, Mercedes Benz mantenía un vínculo aceitado con la dictadura, siendo el propio Ejército su principal cliente con la compra masiva de los camiones Unimog, mientras las patrullas represivas caminaban por la planta con total libertad y con el aval de las autoridades de la firma.

Mercedes Benz mantenía un vínculo aceitado con la dictadura, siendo el propio Ejército su principal cliente con la compra masiva de los camiones Unimog, mientras las patrullas represivas caminaban por la planta con total libertad y con el aval de las autoridades de la firma.

El testimonio de Héctor Ratto es la columna vertebral de la acusación. El 12 de agosto de 1977, Ratto fue secuestrado en medio de su jornada laboral en González Catán. Sin embargo, minutos antes de ser entregado al grupo de tareas que lo llevaría a la Comisaría de Ramos Mejía y a Campo de Mayo —donde fue torturado durante meses antes de ser “blanqueado” en 1979—, estuvo retenido en la propia oficina del gerente. Allí escuchó una escena contundente: Tasselkraut conversaba con hombres de civil y pasaba por teléfono la dirección particular de Diego Núñez. Esa misma noche, una patota irrumpió en la casa de Núñez y lo secuestró. Jamás volvió a aparecer.

Tasselkraut encarna el perfil de la jerarquía ejecutiva que vio en el terrorismo estatal la fórmula perfecta para imponer disciplina fabril. Su postura quedó grabada a fuego cuando, años más tarde, prestó declaración en los Juicios por la Verdad. Al ser consultado sobre cómo explicaba que la productividad de la fábrica se hubiera disparado justo cuando cesaron los reclamos laborales y desaparecieron los delegados, el exgerente soltó una frase que lo persigue hasta hoy: “Y… milagros no hay”. Dicha definición se convirtió con el tiempo en el emblema del beneficio corporativo detrás de la última dictadura.

El juicio a Tasselkraut vuelve a exponer la pata cívico-empresarial del régimen autoritario, una zona donde la justicia argentina ha demorado especialmente en avanzar a la hora de juzgar a los ejecutivos que entregaron listas, abrieron las puertas de las plantas o se enriquecieron al amparo de las patotas militares. De manera simultánea, en el Tribunal Oral Federal N° 2 de La Plata se juzga a Emilio Jorge Parodi, exjefe de personal de la planta de Avellaneda de Molinos Río de la Plata, por la desaparición de tres obreros en 1976, en otro proceso que busca echar luz sobre la complicidad empresarial en el exterminio de la organización sindical.

 

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