Granja Tres Arroyos, un emergente de la debacle de la industria cárnica
Desde hace dos años, la industria de las carnes entró en crisis y el 2026 empezó con señales que indican que el problema se profundizará. Plantas elaboradoras que cierran, deudas con proveedores, y conflictos laborales recurrentes son el síntoma común que evidencian los principales protagonistas del sector en sus variantes vacuna, porcina y aviar. Costos en alza, dólar planchado, baja del consumo, e importaciones crecientes explican el derrumbe del negocio. La principal avícola del país, Granja Tres Arroyos, atraviesa un momento crítico y los trabajadores son los primeros damnificados.
- enero 27, 2026
- Lectura: 3 minutos
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En las últimas semanas, Granja Tres Arroyos, propiedad del Grupo GTA, la mayor procesadora de carne aviar de la Argentina que faena unos 700.000 pollos diarios, ha sido el epicentro de diferentes conflictos laborales. Las deudas salariales se siguen acumulando -a pesar de diferentes acuerdos firmados con los sindicatos- por lo que las protestas gremiales paralizaron algunas plantas de la empresa. Ante esto, los directivos van a proponer, este miércoles 28, un nuevo plan de pagos a los trabajadores.
El escenario de Entre Ríos
Uno de los puntos de conflicto más importantes que presenta Granja Tres Arroyos está ubicado en la provincia de Entre Ríos. Allí, la avícola cerró, en diciembre pasado, una de las dos plantas que operaba. Se trata de la denominada “Becar”, en Concepción del Uruguay. Estas instalaciones fueron desmanteladas y el personal fue transferido a la otra planta -ubicada muy cerca- llamada “La China”. Supuestamente, esta reestructuración vendría a paliar los atrasos en los pagos de salarios y aguinaldos, pero nada de eso ocurrió y -por el contrario- aumentaron los rumores de que también podrían cerrar esa procesadora, lo que se traduciría en la pérdida de unos 900 puestos de trabajo.
Según explicó el delegado Maximiliano Salazar al portal entrerriano El Once, el conflicto está centrado en el incumplimiento del cronograma de pagos previamente acordado. “Nos encontramos este año con que habían pagado únicamente la mitad de la primera quincena de diciembre y la mitad del aguinaldo”, relató el trabajador. Asimismo, tampoco han pagado las vacaciones a trabajadores que salieron de licencia durante diciembre, que ya volvieron a sus tareas, pero sin haber percibido esos haberes. Salazar también denunció que la empresa no deposita las cuotas alimentarias. “Nos descuentan para las cuotas alimentarias, que es la plata de nuestros hijos, pero no la depositan en la cuenta judicial correspondiente”, afirmó.
Por su parte, el secretario del Sindicato de la Alimentación de Concepción del Uruguay, Miguel Klenner, aseguró en declaraciones a FM Sapukay: “la crisis para los trabajadores no comenzó en diciembre, ya que venían cobrando en cuatro cuotas sus sueldos desde septiembre de 2025. Lo que nosotros estamos reclamando es lo que se trabajó, lo que se vendió”.
A mediados de enero, los trabajadores decidieron paralizar la planta, hasta que el jueves 22 el Gobierno provincial -encabezado por Rogelio Frigerio– intervino en el conflicto. La situación se encuentra en un impasse hasta este miércoles, día en que la empresa se comprometió a presentar una nueva propuesta de pago.
A mediados de enero, los trabajadores decidieron paralizar la planta, hasta que el jueves 22 el Gobierno provincial -encabezado por Rogelio Frigerio- intervino en el conflicto. La situación se encuentra en un impasse hasta este miércoles, día en que la empresa se comprometió a presentar una nueva propuesta de pago.
También pasa en Pilar
Otro foco de conflicto dentro de esta empresa está en la ciudad de Pilar. Allí, Granja Tres Arroyos opera la planta Pinazo, donde más de 300 trabajadores también realizaron una medida de fuerza en reclamo por las deudas salariales, que -en promedio- van entre los 700 mil pesos y el millón de pesos por operario, de los cuales los empresarios habrían ofrecido apenas 50 mil pesos a cuenta. “Nos prometieron que nos iban a pagar y la empresa no cumplió”, dijo Diego Nuñez, el delegado designado por los trabajadores para llevar a cabo la negociación, a los medios locales, y añadió que incluso hay operarios que aceptaron una reducción salarial por la crisis que atraviesa la avícola.
Y en Capitán Sarmiento
La misma situación que padecen los trabajadores de Entre Ríos y de Pilar la sufren los operarios de la planta Cahuane, ubicada en la ciudad bonaerense de Capitán Sarmiento. Allí, según confirmó el periodista Julio Darío Graña a 4Palabras, “hace más de un año que la empresa empezó a no pagar los salarios y los aguinaldos completos, a cuotificarlos, con el perjuicio para los empleados que por ahí cobran 300 mil pesos por cuota y se les van en la tarjeta o en el pago de los servicios. Obviamente, el empleado la está pasando muy complicada”. “Hoy les deben la mitad del aguinaldo y también una parte de la última quincena”, comentó Graña, y añadió: “acá, por suerte, en ningún momento la empresa habló de reducción de fuentes de trabajo”, aunque la incertidumbre está instalada debido a lo que ocurre en otras plantas.
En esta procesadora -en la que trabajan cerca de dos mil personas, en forma directa o indirecta- se da la particularidad de que los trabajadores no solo provienen de Capitán Sarmiento, sino que llegan desde otras ciudades, como Arrecifes, San Antonio de Areco, o Carmen de Areco.
Último momento
Al momento del cierre de esta nota, aparece en las noticias el Frigorífico Pico, propiedad del creador de la famosa hamburguesa Paty. Esta empresa industrializa mayormente carne vacuna y pasa también por una crisis muy profunda, con deudas por más de 30 mil millones de pesos, por lo que resolvió suspender a sus 450 trabajadores tras una drástica caída de la producción. En el establecimiento pampeano se faenaban unos 600 vacunos por día; hoy son apenas 50. Este dato da cuenta del derrumbe del sector industrial cárnico.
Una fuerte retracción del consumo, menos exportaciones, especialmente hacia China, un tipo de cambio desfavorable, la entrada de carnes importadas, y los aumentos de los costos operativos vuelven nula la rentabilidad para este negocio. En ese marco, los trabajadores del pollo, de la vaca, o del cerdo, terminan pagando el pato.
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