Explotan los niveles de endeudamiento: crecen los préstamos a “cuotas diarias”
El crédito por goteo crece como una trampa para quienes buscan cubrir gastos fijos o alimentos. Con intereses que superan ampliamente los índices oficiales de inflación y sin protección legal, lo que empieza como una solución rápida se convierte en una amenaza para el patrimonio y la integridad física.
- febrero 12, 2026
- Lectura: 3 minutos
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Un volante con colores llamativos tiene un mensaje en letras rojas: “CRÉDITOS AL INSTANTE. PAGO DE CUOTA DIARIA”. Está dirigido a comerciantes, bares, talleres, oficinas, etcétera. El préstamo, aclara, se ofrece con o sin Veraz. “Si necesita dinero para materia prima, máquinas, mantenimiento, habilitación o simplemente pagar algo te ofrecemos un cómodo crédito en CUOTAS DIARIAS”, agrega. Lo de las cuotas diarias resalta en letras doradas, el color asociado a la abundancia, riqueza, éxito y poder. Mientras, una mano ofrece un fajo de billetes de numeraciones ya un tanto caducas.
La tarjetita circula por la calle. Pero hay miles de ofertas similares en las redes sociales y en las páginas web. En el caso del volante, piden como único requisito tener comercio con caja diaria y la documentación para validarlo: fotocopia del DNI, fotocopia de un servicio comercial y servicio particular. ¿Qué garantías hacen falta? Responden que se puede utilizar el mismo garante que el del contrato de locación u otro distinto, previa aprobación.
En cada rincón del país, sigue creciendo este sistema de pago de cuotas diarias fijas y en pesos. Para asegurarse la devolución, un cobrador pasa todos los días por el domicilio del comercio o la familia. Día tras día, de lunes a sábados. Los domingos y feriados se deben cubrir con anterioridad. El acceso al crédito es rápido, con pocos requisitos. El problema, claro, no es el ingreso, sino la salida. Y los intereses usurarios.
Los niveles de usura a límites insospechados por el propio sistema diario, que impide a quienes toman el préstamo poder calcular cuánto están realmente devolviendo. Por ejemplo, si alguien toma un monto de $100.000, termina pagando 180 cuotas diarias de $1.522 o 120 de $1.766. Si opta por la opción de 180 cuotas, el comprador terminará pagando $273.960 y si decide hacerlo en 120, abonará $211.920 en total. Es decir, un 112 por ciento de recargo si lo hace en 120 días (cuatro meses) y un 174 por ciento más si decide devolverlo en 180 días (seis meses). Las cifras multiplican entre 11 y 17 veces la inflación prevista por el gobierno nacional para este 2026.
El riesgo de los créditos con cuotas diarias —aparentemente manejables— surge cuando el cumplimiento se vuelve insostenible. En ese punto, el deudor queda expuesto a métodos de cobranza que van desde el hostigamiento y las amenazas hasta la agresión física, ejecutados por organizaciones delictivas que operan al margen de la ley.
En cada rincón del país, sigue creciendo este sistema de pago de cuotas diarias fijas y en pesos. Para asegurarse la devolución, un cobrador pasa todos los días por el domicilio del comercio o la familia. Día tras día, de lunes a sábados. Los domingos y feriados se deben cubrir con anterioridad. El acceso al crédito es rápido, con pocos requisitos. El problema, claro, no es el ingreso, sino la salida. Y los intereses usurarios.
Esta situación se agrava por la indefensión jurídica del prestatario. Al tratarse de transacciones informales que carecen del aval de las regulaciones vigentes, los damnificados no pueden acudir a organismos de defensa del consumidor o entidades financieras oficiales para solicitar protección.
Estos préstamos de devolución diaria representan una forma de usura que pone en jaque no solo el patrimonio, sino también la integridad física y la vida de quienes incumplen.
El cobro es realizado personalmente por el prestamista o sus emisarios, estableciendo un control directo sobre el deudor. Cuando la persona no puede afrontar los pagos, queda atrapada en una red de violencia. En casos críticos, la organización despliega un mecanismo de coacción sistemática: para detener el asedio, se obliga al deudor a reclutar a un nuevo cliente, perpetuando así una cadena de victimización y usura difícil de romper.
Lo más alarmante es el cambio en el consumo. Si antes estos créditos se buscaban para compras extraordinarias, hoy muchos comerciantes y particulares los solicitan para cubrir gastos fijos o alimentos. Incluso, se llega a tomar un nuevo préstamo usurario para «tapar» el anterior, cayendo en un espiral de endeudamiento del que es casi imposible salir.
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