“Es un afano, suspéndalo”: la increíble coronación de Senegal en la Copa África más insólita de la historia
Entre goles anulados por “mancha”, penales inventados y un amago de huelga en pleno partido, el fútbol hizo justicia. Senegal resistió el asedio arbitral en Rabat, Mendy se vistió de héroe ante un Brahim Díaz que quiso ser Abreu, Mané lideró al equipo africano, y hoy es feriado nacional para celebrar una hazaña inolvidable.
- enero 19, 2026
- Lectura: 3 minutos
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¡Impresionante! Llovía en el estadio en el estadio Prince Moulay Abdallah, de la ciudad de Rabat, y Pape Thiaw, el técnico de Senegal, hizo el típico gesto con su brazo derecho agitándolo hacia el pecho, indicando a sus jugadores que se acercaran al banco, que dejaran la cancha, que se retiraran del campo de juego. “Es un afano, suspéndalo”, dirían las tribunas en la Argentina de la década de los ochenta.
Los pibes de Senegal corrían como locos, pero locos, locos a nivel mal. No paraban de protestar, insultar al aire, a la tierra y al pequeño árbitro congoleño que sonreía, hasta que llegó la dramática decisión del cuerpo técnico de Senegal. Nos vamos todos al vestuario, dijeron algunos en francés y otros en wolof. Que se queden los marroquíes solos.
“Está bien”, dijo uno en el bar donde este cronista seguía atentamente las acciones. “Noooo”, gritaba otro, “pierden por abandono.” “¡Y sí los están afanando!”, clamó un tercero. “Que lo pateé solo el 10, así se da cuenta el mundo del afano”, replicó el primero que habló.
Para ese momento los jugadores del seleccionado subsahariano se retiraban en fila al vestuario haciendo todo tipo de gestos. El técnico seguía arengando la huida en forma de protesta geopolítica mundial. Era un impasse interminable.
El único que se quedó en la cancha era Sadio Mané, el 10. Uno de los que tiene la sartén por el mango en Senegal. Los demás se iban todos, pero Mané no. Se quedó con los brazos en la cintura, debajo de la lluvia, sin pestañear. Sus compañeros lo querían arrancar del campo de juego, pero el inmutable. Hasta que se dirigió velozmente a hablar con alguien que estaba en un lugar preferencial de la platea.
Luego de un intercambio de segundos, corrió desesperadamente, junto a un integrante del cuerpo técnico, entró al vestuario y sacó a todos sus compañeros. Volvieron todos haciendo gestos como de chicos que los llama la madre para sacarle los piojos. Toda la secuencia demoró alrededor de 14 minutos.
Luego se fueron acomodando, mientras el árbitro no dejaba de sacar y sacar tarjetas amarillas a jugadores de ambos equipos. Cuestión que la cosa se encaminó. Ya habían pasado casi 20 minutos luego que Ndala Ngambo, había cobrado un, llamémosle inusual, penal para Marruecos.
El encuentro transitaba por el octavo minuto de tiempo adicionado a los 90 minutos reglamentarios. El jugador de Senegal, El Hadji Malick Diouf, forcejeó en el área con el marroquí Brahim Díaz, y este se zambulló de cabeza al suelo. “Mancha”, gritó otro en el bar, pero el pibe Ngambo corrió como loco a buscar la revisión del VAR, y a la cuarta vez que miró la jugada, picó para el medio de la cancha con su brazo extendido señalando el punto penal y desatando el caos.
¿Y después? El propio Brahim Díaz se paró delante de la pelota para ponerle fin al partido y dar comienzo a la vergüenza definitiva, pero ¿saben qué? El jugador del Real Madrid se la picó al arquero Édouard Mendy. Bah, eso intentó. En ese momento apareció enseguida el recuerdo de el “Loco” Abreu en los cuartos de final de Sudáfrica 2010, que en el quinto penal se la picó al arquero de Ghana y le dio el pase a una semifinal al conjunto charrúa tras cuarenta años. Pero este Díaz hizo todo horrible, intentó darle suave por encima del arquero, pero muy suave y al medio del arco, y Mendy se dio cuenta y agarró la pelota como si fuese un bebe.
Retrocedamos otra vez en el tiempo. Minuto dos de tiempo adicionado al reglamentario. El senegalés Abdoulaye Seck se impuso en un centro contra Chraf Hakimi, cabeceó, despejó el arquero Yassine Bounou, y luego de un rebote la pelota entró al arco de Marruecos. Gol de Senegal. No. Inmediatamente el chango este Ngambo marcó “Mancha” o falta en ataque de Seck. Da igual. Los jugadores de Senegal lo querían matar, pero no lo hicieron. Al menos uno pensaba que iba a llamar el VAR. “Ni en pedo”, dijo el juez del partido, nacido en la República Democrática del Congo, un 14 de junio de 1987.
Entonces como el gol de Senegal no fue gol y después les cobraron un penal inusual en contra, sus jugadores se fueron de la cancha y volvieron y el penal de Marruecos, que no fue, lo atajó el arquero.
Después Senegal ¡se puso 1-0 arriba! Sí. En el arranque del tiempo suplementario, a los tres minutos la perdió Marruecos en la mitad de la cancha y Pape Gueye encabezó una contra letal. El mediocampista, con la camiseta número 26, arrancó a toda velocidad, dejó en el camino a Hakimi y sacó un remate potente y preciso que se metió cerca del ángulo izquierdo, que dejó sin chances al arquero Yassine Bounou (aunque algunos le dicen BONO) y desató la locura senegalesa.
Marruecos reaccionó y fue en busca del empate. Empujó con centros y tuvo una clara a los 108 minutos, cuando Nayef Aguerd conectó un disparo que se estrelló en el travesaño. De contra Senegal pudo estirar la ventaja, pero Bounou evitó el segundo tras detener un tiro de Chérif Ndiaye luego de una excelente jugada colectiva y después tapó un remate de Pape Gueye.
La lluvia seguía cayendo intensamente en el estadio Prince Moulay Abdallah y entre infracciones, pelotas detenidas y el desgaste físico propio de una final, el pícaro árbitro congoleño Ngambo dio por terminado el encuentro tras 123 minutos, sellando el triunfo de Senegal, que supo jugar, resistir, volverse loco y enfrentar la adversidad total. Mané levantó la copa y así lograron el título ante 60 mil marroquíes, y la calva mirada filosa del mandamás de la FIFA, Gianni Infantino.
Fue un partido jugado con los nervios y la tensión típica de una final, pero donde Senegal fue el que tuvo mejor juego, el que intentó, el que hizo circular la pelota y crear situaciones. Marruecos le dejó la iniciativa y trató de forzar el error presionando en la mitad, buscando un contragolpe que casi no se le dio. Fue un manojo de nervios que no se atrevió a ganar, ni siquiera con el congoleño al lado.
El pícaro árbitro congoleño Ngambo dio por terminado el encuentro tras 123 minutos, sellando el triunfo de Senegal, que supo jugar, resistir, volverse loco y enfrentar la adversidad total. Mané levantó la copa y así lograron el título ante 60 mil marroquíes, y la calva mirada filosa del mandamás de la FIFA, Gianni Infantino.
Con la victoria consumada, el presidente de Senegal, Bassirou Diomaye Faye, anunció que este lunes 19 de enero es feriado nacional en todo el país para que la población pueda festejar la obtención de la Copa Africana de Naciones (AFCON/CAN) 2026 por parte de los Leones de Teranga. Implica la suspensión de actividades laborales, educativas y administrativas en el sector público y privado, permitiendo que la población participe en las fiestas callejeras, desfiles y eventos organizados en ciudades como Dakar, Thiès, Saint-Louis y otras localidades.
La República de Senegal se encuentra al Oeste del continente africano y tiene como capital la ciudad de Dakar. Una particularidad es que contiene a otro país dentro del suyo: la República de Gambia, establecida básicamente sobre las márgenes del Río Gambia, uno de los más importantes de África. Su historia está enmarcada por diversas luchas entre potencias europeas por controlar un lugar estratégico en el continente africano. Portugal, Holanda y Francia se disputaron el territorio. Hacia 1956, el presidente francés Charles De Gaulle impulsó una mayor autonomía de los territorios colonizados, y así Senegal logró transformarse en una república en 1960.
El principal producto de exportación es el pescado enlatado, proveniente básicamente de las ciudades de Dakar y St. Louis. La pesca compone aproximadamente el 25% de las exportaciones del país, y otro tanto se dedica a la agricultura. También el fosfato es un recurso relativamente importante que estructura esencialmente la minería en torno a su explotación. El puerto de Dakar es uno de los más importantes del continente y un punto de conexión central con Europa y, especialmente, Francia.
Así que, a veces chickles, gana el que mejor trata la pelota, el que toca, el que propone, el que arriesga, el que juega más lindo, el que tiene a los árbitros en contra, el que juega la final contra el local, contra todas las tribunas, en un final épica, surrealista quizás, cargada de injusticias arbitrales, bajo una intensa lluvia y frente al cuarto de la última Copa del Mundo. Pero Mané levantó la copa, Senegal gritó campeón y hoy es San Perón.
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