“Es súper importante que se hable de apicultura y que las puertas de los campos estén abiertas para todos”
La ingeniera agrónoma Ada María Kling analiza los desafíos de un sector clave para el ecosistema: la caída en la rentabilidad, el impacto del monocultivo de soja y la importancia estratégica del próximo Congreso Latinoamericano de Apicultura en Mar del Plata. Por qué la miel debe ser un tema de agenda para toda la sociedad.
- abril 6, 2026
- Lectura: 3 minutos
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Para Ada María Kling, la apicultura pasó de ser el eje de su tesis universitaria a un pilar de su vida profesional. Hoy, como docente, asesora y socia de la Cooperativa Chacay uf-co, defiende la actividad como una prioridad social. “No solo debe importar a productores y gobiernos, sino a la población en general”, asegura. En una entrevista que recorre desde la realidad productiva hasta el próximo Congreso Latinoamericano en Mar del Plata, Kling enfatiza la necesidad de visibilizar la labor apícola: “La abeja garantiza nuestros alimentos a través de la polinización; es fundamental que se hable del sector y que las puertas de los campos se abran para todos”.
¿Cómo está hoy, en general, esta producción?
La actividad pasa por dos momentos importantes: si bien se perdió algo muy particular que tenía la producción, que era transmitida de generación en generación, como es mi caso, lo que hace que ya se hayan perdido muchísimos apicultores y muchísima cantidad de colmenas a nivel nacional, por otro lado están surgiendo productores nuevos que por ahí no tienen tanta vinculación con la apicultura.
¿Por qué se rompió esa cadena de transmisión generacional?
Motivos hay varios, pero no podemos dejar de mencionar el económico. Hoy tendríamos que estar teniendo en el mercado argentino un valor mayor a los 8.500 pesos por kilo como para cubrir los costos de la producción y generar un margen de ganancia, pero eso no se está obteniendo. Más o menos, se sacan unos 7.000 pesos por kilo de miel, o algo por debajo de eso.
O sea, es difícil vivir de la miel…
La apicultura es considerada como una segunda actividad económica. Hay muy pocos productores que la tienen como principal actividad económica, y para eso tienen que sacarle todos los subproductos que se conocen: propóleo, cera, algo de material vivo. Tienen que complementar con el resto de los productos que ofrece la colmena, y eso obviamente demanda equipamiento, y demanda mucha más mano de obra.
¿De dónde sale el precio de la miel? ¿Quién lo establece?
No tiene, como en el caso de la carne vacuna, un mercado concentrador de referencia. Si bien el INTA, a través del Programa Nacional Apícola, y el Ministerio de Desarrollo Agrario bonaerense publican mes a mes el precio que se fue consiguiendo en los diferentes lugares de la Argentina, no hay un valor regulado por el mercado o por el Estado. Este precio también está atado al precio internacional y a los acopiadores: viene el acopiador y ofrece un determinado valor. Acá hay solo una federación que exporta (la Federación de Cooperativas Apícolas), y después son exportadores privados como NEXCO S.A. o ACA. También hay algunos parámetros físico-químicos que determinan el precio, como el HMF, o el color: si es más clara aumenta el valor, si es más oscura baja.
¿Es cierto que el 90% de la producción de miel argentina se exporta?
Sí, es así. Si bien no hay un control exacto del consumo interno, es algo que se estima a nivel nacional, y algunos productores piensan que es un poco más, la verdad es que entre el 80% y el 90% se exporta.
-Consumimos poca miel los argentinos?
Sí, consumimos poca miel.
Se dice que la provincia de Buenos Aires produce la mitad del total nacional. El noroeste bonaerense, ¿qué aporte hace?
La apicultura en la zona está muy asociada a la flora, los pastizales y la pradera: el trébol, el cardo, el lotus, el melilotus, que son cultivos vinculados a la ganadería. Al achicarse la ganadería en esta zona, particularmente ese desplazamiento se dio por el reemplazo por el monocultivo de soja, porque son campos con una actitud de suelo muy buena, y justamente la soja es un cultivo que se autofecunda, no requiere polinización. Todo eso ha hecho que hoy el productor apícola no encuentre campos en donde pueda obtener una producción aceptable, o no encuentra propietarios que les permitan acceder al campo para poner las colmenas. Por otro lado está toda la cuestión del uso de insecticidas que requiere implementar algunos recaudos cuando se llevan las colmenas al campo. Entonces, al bajar mucho la pradera, bajaron los kilos de miel que se conseguían antes. En la Cooperativa de Chacabuco hay recuerdos de haber sacado 60, o 70 kilos por colmena por año. Este último año, que no ha sido malo, estuvimos más o menos en 20 kilos por colmena. Es decir, en treinta años, ni siquiera se consigue la mitad de lo que se producía.
¿Qué dimensión tiene la cooperativa de Chacabuco? ¿Cuántos productores son, cuánta miel producen?
La producción es muy variable dependiendo del año. Podemos sacar unos 3.000 kilos por año pero, por ejemplo, en la sequía de 2022-2023 estuvimos muy por debajo: sacamos apenas unos 5 kilos por colmena. La cooperativa está formada por doce apicultores, y con respecto a la cantidad de colmenas también varía: hay productores de 600 o 700 colmenas, y hay productores más chicos, de 200 colmenas. Ahora estamos en expansión. También tenemos la sala de extracción, donde tenemos alrededor de 50 mil dólares en maquinaria. Calculá que amortizar eso, siendo un productor individual de 200, o 300 colmenas sería imposible. Y también incorporamos el fraccionamiento, para lo que estamos haciendo todos los requisitos legales; el objetivo es vender la miel fraccionada y así obtener un mejor ingreso, que es el valor con el que se queda el acopiador, el intermediario.
Recientemente, en la Fiesta Nacional de la Apicultura y Expo Apícola del MERCOSUR, en Maciá, Entre Ríos, se anunció que la provincia de Buenos Aires será sede -del 31 de agosto al 6 de septiembre- del XVII Congreso Latinoamericano de Apicultura. ¿Qué importancia tiene esto?
Que el Congreso se haga en la Argentina es súper importante porque se hace cada dos años, y que nos haya tocado ahora es muy bueno. Junto con otra colega apicultora de Chacabuco ya tenemos el pase para ir. Ahí principalmente se encuentran la ciencia y la tecnología, y después, a través de los extensionistas, eso llega a los productores. Además, se va a hacer en Mar del Plata, donde está el Centro de Investigación en Abejas Sociales (CIAS) -de la Universidad Nacional de Mar del Plata- que es muy reconocido a nivel mundial, entonces a nosotros nos para frente al mundo para mostrar cómo venimos con nuestras investigaciones, con nuestros avances en ciencia y tecnología, no sólo para la Argentina, sino para el resto de Latinoamérica. También es una muy buena oportunidad para encontrar nuevos mercados.
¿Quién manda en la apicultura de Latinoamérica? ¿Qué países están a la vanguardia?
Nosotros somos de los más importantes; Chile también tiene un gran desarrollo de apicultura, aunque tiene una modalidad de producción diferente; y Brasil, con diferentes genéticas y diferentes formas de producir. Pero Argentina está ahí, liderando.
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