Argentina / 3 febrero 2026

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Entrevista con Marcelo Colombo, presidente del Episcopado: «Nuestros mensajes parecen botellitas al mar que caen en un gran vacío»

El arzobispo advierte sobre la "ausencia de respuestas" oficiales ante reclamos por salud, educación y ludopatía. En diálogo con 4Palabras, alerta que si el Estado se retira el narco toma los barrios, defiende el legado de Francisco sobre los movimientos sociales y critica la «inusitada crueldad» que domina el debate público hoy en la Argentina.

Por Manuel Barrientos y Washington Uranga

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En un escenario social marcado por la incertidumbre y la retracción del Estado en sectores críticos, el arzobispo Marcelo Colombo asume el liderazgo del Episcopado argentino con una premisa clara: la construcción de puentes. Luego de la reciente reunión de la Comisión Permanente —el organismo que nuclea las realidades de todas las regiones y diócesis del país—, el máximo representante del Episcopado católico dialogó en exclusiva con 4Palabras.

En la entrevista, Colombo analiza la falta de respuestas gubernamentales ante reclamos urgentes como la situación del Hospital Garrahan, la discapacidad y el drama de la ludopatía infantil. Advierte sobre los peligros del avance del narcotráfico ante la ausencia estatal, defiende el rol de los movimientos sociales y de los organismos de derechos humanos, y lamenta la “inusitada crueldad” que tiñe el debate público actual. Una charla profunda para entender la visión de la Iglesia sobre una Argentina que, en palabras del propio obispo, hoy parece “una multitud de gritos que no se escuchan”.

 

Ustedes vienen de una Comisión Permanente donde repasan lo que sucede en todos los temas, en cada región y cada diócesis. También han emitido en los últimos meses una serie de pronunciamientos que tienen que ver con los jubilados, el Garrahan, discapacidad, etc. ¿Cuál es el escenario que están viendo en este momento en lo social?

Hay una mirada de conjunto sobre la relación de la Iglesia con la sociedad. Hoy, en el caso nuestro, se lo decíamos en una carta que enviamos al Presidente de la Nación en el saludo navideño: seguimos apostando a generar un puente de diálogo de la sociedad, con las instituciones. Creemos que no hay otro camino que el diálogo y el encuentro.

Los llamados que ustedes hicieron en este tiempo también generaron tensión, dificultades, incluso respuestas con respecto al Garrahan, al apoyo a la universidad, etcétera.

En general, hay ausencia de respuestas. En algún sentido, han sido mensajes como botellitas con un papelito adentro tiradas al mar. Pareciera que han caído en una especie de gran vacío donde nadie ha recogido totalmente el guante. No nos gusta acusar personas ni centralizar nuestra crítica en personas, sino que tratamos de ver cómo poder indicar caminos, vías. Nos parecía que la discapacidad no puede esperar. Y nos parecía, fuertemente, que si el Estado se corre, nos queda el narcotráfico adueñándose de los barrios. También nos queda una enorme frustración con lo que significó la falta de tratamiento en el Senado de la ley de Ludopatía, haciendo caer la media sanción de Diputados. Ahí hay muchos intereses. Ahora hay enojos con los responsables del fútbol argentino por distintos temas, pero en ese debate nosotros tuvimos una descalificación porque nos animamos a enfrentar… Recuerdo aquella frase tan interesante del obispo de Córdoba: “Le metimos a los chicos un casino en el teléfono”. Sabemos que el tema de las apuestas, los adolescentes, los chicos, está siendo uno de los temas más duros. Y el deporte, con esos futbolistas tan afamados y premiados, ha tenido mucho que ver, ¿no? Las camisetas, las cosas. Esto es una frustración que tenemos. Hemos tenido muchos diputados, digamos transversalmente a los partidos políticos, que han trabajado en este tema. En cambio hemos tenido un vacío en el tratamiento, ¿no? Esta es una frustración que nos llevamos al arbolito de Navidad.

“Nos queda una enorme frustración con lo que significó la falta de tratamiento en el Senado de la ley de Ludopatía, haciendo caer la media sanción de Diputados. Ahí hay muchos intereses”. Marcelo Colombo, presidente del Episcopado argentino.

Pero también en este tiempo se incrementó el diálogo con las organizaciones sociales.

Es un poco el legado de Francisco. Tenemos una muy buena relación con las organizaciones obreras, sociales, también con el mundo universitario. Todos ellos son para nosotros grandes interlocutores y nos permiten también multiplicar nuestra propuesta. Allí en el COP-30, en Brasil, han estado nuestras universidades argentinas representadas, pero también ha estado la Iglesia presente. Hemos tenido ocasión de repasar aquellas páginas hermosas que Francisco le hizo recorrer a las universidades para hacerse eco del clamor de la tierra y de los pobres. Por otro lado, los movimientos sociales en la Argentina constituyen esa fuerza organizativa, solidaria, fraternal, que no sería justo deslegitimarlas con motes o apelativos que no le corresponden. Han sido forjadores de la solidaridad organizada de nuestros pobres. Yo tuve la ocasión de participar en el jubileo de los movimientos sociales en Roma y allí encontré en el Papa también un fervoroso admirador del valor de las organizaciones sociales. Estuvimos con organizaciones del África, del Asia, de las llamadas comunidades organizadas de Estados Unidos, que era un nombre que se usaba en los años 20 y 30 del siglo pasado para esta sinergia de comunidades parroquiales y sectores del mundo obrero más pobre de Estados Unidos. Ha sido un encuentro formidable también con los que trabajan por los migrantes o con los vendedores ambulantes. Estos actores sociales que el mundo reconoce, que la Iglesia reconoce, son significativos para un país y no pueden ser desconocidos. Los pobres, las universidades, los movimientos sociales, son parte de la sociedad.

Se cumplieron 42 años de la democracia en Argentina, en esta semana marcharon los organismos de derechos humanos a Plaza de Mayo. La Iglesia en su momento tuvo muchas críticas por su accionar en la dictadura, pero también en los últimos años ha hecho muchas acciones y discursos abogando por la memoria y la justicia. ¿Cuál es su mirada en momentos en que han crecido los discursos negacionistas o, incluso, reivindicativos de la última dictadura?

Sí, da mucha pena que con consignas muchas veces ilegítimas, pero muy parecidas a eslóganes o nuevos eslóganes de ciertos sectores ahora imperando en el mundo, se descalifique lo que ha sido una creciente conciencia de la dignidad de las personas. Puede ser que, en algunos puntos, haya necesidad de volver a una suerte de nueva pedagogía de los derechos humanos, que tiene mucho de heroico, que tiene mucho de conquista, que muchas veces no queda asegurado por meras políticas estatales, sino por lo que significa construir desde abajo una conciencia de los derechos humanos. Tengo toda la impresión de que hay que resignificar muchas de las cosas para entender los nuevos derechos sociales, las nuevas necesidades de la sociedad, pero nunca desentendernos de lo que fue conquistar la democracia por parte de estos organismos y también de poder traducir en términos de sociedad la catástrofe, el drama que fue el terrorismo de Estado y los desaparecidos. Hoy pienso en algunas figuras de la Iglesia muy importantes, como Jorge Novak, Jaime de Nevares, Miguel Hesayne. Han sido figuras que, en cuanto Iglesia, interpelaron desde el lugar de construcción de espacios de pedagogía de la defensa de los derechos humanos y de lo que significaba ponerle el cuerpo a los derechos humanos.

A veces hay olvido de esta gesta y, en todo caso, han quedado probablemente aspectos menores en discusión, pero no podríamos invalidar toda una lucha ni toda una práctica que el Estado argentino se permitió a partir de la CONADEP o de los juicios para reconstruir la verdad de lo sucedido y la necesidad, ya no de eslóganes hoy, sino de una nueva vigencia de los derechos humanos en la persona de los pobres y la tierra.

Escuchando sus últimas respuestas, ¿le preocupa la calidad y la posibilidad del debate público en la Argentina?

Estamos siempre insistiendo en esto, hoy hay una realidad que se parece más que a una sinfonía de voces a una multitud de gritos que no se escuchan. Entonces, muchas veces en la desesperación de los que reclaman justicia hay una incapacidad de sumar voces y en los que quieren acallar o los que quieren imponer un discurso hay también una especie de voluntad de tapar con crueldad, con inusitada crueldad, lo que es verdaderamente humano y digno para tener en cuenta.

 

 4Palabras. Fotos: Martina Dentella.

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